El ‘terror’ del Ikea

Hay personas que encuentran su gallina de los huevos de oro donde menos se espera. Por ejemplo, en los aparcamientos de los grandes centros comerciales que inundan las ciudades españolas. Es el caso de Juan Antonio R.C., un pequeño delincuente con cinco antecedentes policiales por otros robos, que en poco más de un año sustrajo presuntamente más de 3.000 carros de compra de grandes superficies de la capital para luego venderlos en una chatarrería. Las empresas afectadas cifran el valor de lo robado en 290.000 euros (cada carro tiene un valor de entre 200 y 80 euros). Está claro que a veces las aves más lucrativas tienen ruedas en lugar de plumas.

A Juan Antonio le pilló la Policía el pasado 24 de noviembre después de que se diera un ‘paseo’ por el centro que IKEA tiene en La Gavia, en el ensanche del madrileño barrio de Vallecas, y se llevara en la furgoneta dos carritos del célebre supermercado de muebles ‘mónteseloustedmismo’. Juan Antonio no sospechaba que la Policía, alertada del continuo robo de carritos por los hiper afectados, había ocultado varios GPS en carros de diversos centros comerciales de Madrid. Para mala suerte del caco, uno de los que tomó prestado llevaba uno de los ‘chivatos’ y alertó a la Policía de que aquella estructura metálica con cuatro ruedas se salía de los límites del centro comercial y emprendía un largo viaje. Poco después, Juan Antonio era detenido con las manos en la masa o, mejor dicho, con los carros en la furgoneta cerca de su domicilio, en el Puente de Vallecas.

Poco después la Policía localizaba la chatarrería a la que supuestamente el ladrón llevaba los carros para venderlos. Situada en la Calle Pirotecnia, de Madrid, sus propietarios han sido acusados de un delito de receptación. Al parecer, tras comprárselos, en lugar de ir a hacer la compra con ellos, los prensaban y revendían al peso. En el momento del registro, los agentes encontraron otros 29 carros de compra. Quince días de ‘trabajo’ del activo caco.

En su declaración, Juan Antonio aseguró que llevaba algo más de un año ‘visitando’ centros comerciales y llevándose carros de compra sin pedir permiso . A diario sustraía un mínimo de dos carritos y no le hacía ascos a ningun hiper, porque además de Ikea sufrieron sus robos Carrefour, Lidl, Toys’r us… Durante todo este tiempo, había actuado por todo Madrid, pero en los últimos tiempo se había vuelto un poco vago y no se movía del barrio, Vallecas, donde vivía, lo que facilitó su captura. Debe ser que a las gallinas de los huevos de oro no les gustan los amigos de los ajeno cuando comienzan a volverse gandules.