Pimientos, alcachofas y billetes falsos

La ciencia adelanta que es una barbaridad… tanto que la falsificación de billetes, por muchas medidas de seguridad que las autoridades le hayan puesto al parné, está al alcance de cualquier que tenga un ordenador con un programa de tratamiento de imágenes medio decente. Es el caso de español Juan Pedro G.S., de profesión empresario conservero, que el pasado 2 de diciembre fue detenido después de montar en la trastienda de la nave donde envasaba pimientos, alcachofas y melocotón en almibar un pequeño ‘taller» capaz de fábricar miles y miles de billetes de 50 euros. ¿Cuántos? Cuando la Policía lo detuvo y registró la empresa encontró 1,5 millones de euros listos para acabar en la caja registradora de cualquier establecimiento incauto , además del material necesario para elaborar otra tanto. La Policía estima que el conservero es en realidad la mano que ha fabricado en los últimos tres años dos millones de billetes falsos, cuyos ejemplares circulan por 20 países de la Unión Europea, según ha detectado Europol.

Lo cierto es que Juan Pedro no es un novato en esto de dar billete falso por liebre. La Policía ya le detuvo en 2006 y consiguió que lo enviaran a la cárcel por un delito similar. Catorce meses estuvo en prisión y, cuando salió en 2007, volvió presuntamente a las andadas, según ha revelado ahora la ‘Operación Cumbre Manga’. Eso sí, en esta ocasión puso más cuidado para que no le volvieran a pillar. Primero, perfeccionó aún más la calidad de sus falsificaciones, que incluían ahora la marca de agua, el holograma, la rugosidad y el resto de medidas de seguridad. Lo único que no era igual era el papel: el de algodón, utilizado por el Banco Central Europeo, era en sus copias simples folios de color crema para imitar la tonalidad de los billetes de 50.

Para imprimir el dinero, se había dotado de una docena de impresoras de alta calidad, ordenadores potentes, una máquina de estampación en caliente, otra para fabricar moldes, dos guillotinas, un artilugio para incluir las marcas de agua en los billetes de tres en tres y una trituradora. A esta última echaba las pruebas y los recortes para no dejar ni una sola prueba. Todo ello acompañado de miles de folios, más de quinientos cartuchos de tinta y 15 rollos de láminas para hacer los hologramas. Tal cantidad de material lo adquiría sin levantar sospechas gracias a la tapadera de la empresa conversera: en teoría era para hacer las etiquetas de los pimientos morrones.

La segunda medida de seguridad que adoptó fue, precisamente, crear la empresa conservera. Según el registro de la propiedad de Murcia, él ya aparecía como administrador o consejero en tres empresas, pero prefirió crear una nueva. Primero la bautizó como Jugosa Foods S.L. Luego le cambio el nombre, eliminó el anglicismo, y la dejó simplemente como Consevas Jugosa S.L. , dedicada a la «transformación, elaboración, distribución, compraventa y comercialización de conservas vegetales, congelados, frutas, zumos y platos precocinados». Y, efectivamente, a ello se dedicaba… pero sólo como tapadera de su verdadero negocio: la falsificación de billetes. De hechos, a las alcachofas en lata sólo le había obtenido el año pasado un beneficio de poco más de 1.600 euros, según declaró en sus cuentas. Una nadería cuando en la trastienda tenía una ‘máquina’ de hacer dinero.

Para el negocio, el empresario contaba, supuestamente, con la colaboración de su esposa y de un distribuidor único, F.T.P., un delincuente con antecedentes por todo tipo de delitos que con una mano le daba al negocio de los billetes falsos y con otra al narcotráfico. De hecho, a veces cruzaba ambas y pagaba los alijos con billetes más falsos que uno de 300 euros. De hecho, la policía interceptó un alijo de más de una tonelada de hachís en agosto en el interior de una zodiac localizada en Cartagena que supuestamente lo intentaba introducir en España él.

Para dar salida a los billetes falsos que fabricaba el conservero, este delincuente contaba con una amplia plantilla de ‘pasadores’ (encargados de colocar en los establecimiento las ‘imitaciones’ mediante la compra de productos ) o se los vendían a otros delincuentes. ¿Por cuanto? Cinco euros por billete falso de 50 euros. Una auténtica ganga.  La Policía incluso le relacionacon la Camorra italiana, a la que adquiría billetes de 100 y 20 euros falsos. El nexo de unión con la mafia napolitana era presuntamente el novio de su hija, originario de esta ciudad del sur de Italia y también detenido en la operación. En el momento de su detención, F.T.P. fue cogido con las manos en los billetes falsos. En concreto, con 50.000 euros que presuntamente iba a facilitar a uno de sus pasadores en Alicante. No consta que fuera para comprar melocotón en almíbar de la ‘Jugosa’.