Extraños Delincuentes

El doctor Jekyll de Albacete

Cuando el escritor escocés Robert Louis Stevenson ideó para su doctor Jekyll la malvada doble personalidad que representaba Mister Hyde, no sospechó que con el tiempo un empresario de la provincia de Albacete llamado Santiago Simarro Leiva superaría en la vida real al personaje de su célebre novela y conseguiría tener tres personalidades distintas, dos de ellas reñidas con la legalidad vigente. Así, en la localidad albaceteña de La Roda, Santiago, conocido por sus vecinos como 'El Pelao', ejercía de honrado industrial de puertas y cerrajería acuciado por la crisis y amante esposo. En la vecina Cuenca utilizaba su habilidad con los sistemas de seguridad para presuntamente asaltar viviendas y robar dinero y joyas. Y cuando llegaba a Madrid, daba un paso más allá y se convertía supuestamente en un delincuente capaz de raptar a mujeres para robarlas y luego violarlas. Su "extraño caso", como tituló Stevenson su conocido libro, terminó el pasado 28 de diciembre, día de los inocentes, cuando la Policía consiguió detenerlo. El doctor Jekyll albaceteño ahora está entre rejas.

Los primeros delitos que la Policía adjudica a Santiago se remontan a 2010, cuando los propietarios de sendas viviendas de La Gineta (Albacete) y Tarancón (Cuenca) denunciaron que sus viviendas habían sido asaltadas. Sus propietarios aseguraron que habían echado en falta el dinero y las joyas que tenían en sus domicilios, así como algunos pequeños aparatos electrónicos. El autor, muy hábil para forzar las cerraduras, no había dejado pistas. Mientras tantos, el doctor Jekyll se mostraba en su casa como un preocupado empresario a la que la crisis había puesto contra las cuerdas su empresa, Puertas Metálicas Samer S.L. Había tenido que despedir a varios empleados y se había visto obligado a final de año a hacer una declaración de insolvencia por un importe de 4.969,35 euros. Al año siguiente, lo volvió a hacer aunque esta vez el importe fue sensiblemente superior: 27.876,24 euros.

Con la excusa de reflotar la empresa, de buscar nuevos clientes, de encontrar novedosas vías de negocio, Santiago comenzó a viajar más y más lejos, en unos desplazamientos de los que en ocasiones volvía con dinero fresco y diciendo que había conseguido cerrar tal o cual negocio y había cobrado a tocateja. En su familia le creyeron. Su mujer, la primera, pero también su padre, quien le prestaba el vehículo para desplazarse. Sin embargo, sus viajes tenían presuntamente otro objetivo y tras los supuestos robos cometidos en 2010 (a los que la Policía no descarta se suman otros en el transcurso de la investigaciones sobre sus andanzas), dio un paso más y dejó al Mister Hyde de los asaltos a las viviendas en un aficionado.

Así, a finales de octubre de 2011 decidió dar una vuelta de tuerca a eso de burlar la ley y presuntamente asaltó a una atractiva mujer cuando iba a tomar su vehículo. Armado con una escopeta con el cañón recortado, a la que había incorporado un silenciador de fabricación casera, y cubierto por un pasamontañas la amenazó y la introdujo en el maletero del coche de la propia víctima. Luego, se dio un paseo por Madrid sacando dinero de los cajeros con la tarjeta de la mujer. Cuando creyó agotado las posibilidades del dinero de plástico de darle billetes, presuntamente violó a la mujer. Tras abandonarla, tuvo el 'detalle' de avisarla dónde había dejado el vehículo. Eso sí, se cuidó de dejarla limpio por dentro y por fuera el automóvil para que la Policía no encontrara ninguna pista que llevarán hasta él.

Animado por su éxito, volvió supuestamente a intentar lo mismo el pasado 9 de noviembre. Merodeó por Madrid hasta que localizó una víctima propicia. Otra mujer que estaba a punto de coger su vehículo. La abordó armado y con la cara cubierta y la metió en el maletero del coche. Aunque en esta ocasión cometió un error: no se dio cuenta de que la víctima llevaba encima el teléfono móvil. Ésta avisó con mensajes a su jefe y a su pareja de lo que estaba pasando, quienes alertaron a su vez a la Policía. Ésta pudo localizar el vehículo en la localidad madrileña de Torrejón de Ardoz y le dieron el alto, pero el Mister Hyde castellanomanchego, que ya había hecho un par de reintegros en cajeros con la tarjeta de ésta, se transmutó de Houdini y consiguió evaporarse tras tirase por un terraplén y cruzar una autovía mientras circulaban numerosos vehículos.

Se creía a salvo y volvió a su casa en La Roda, donde la Policía lo detuvo finalmente el 28 de diciembre. Hasta él le llevaron los objetos que en su acelerada huída había dejado en el interior del vehículo de su segunda víctima, y entre los que se encontraban la escopeta de cañones recortados, una pistola simulada, un cuchillo de monte,  el pasamontañas y unos guantes. Demasiados objetos para mantenerse en el anonimato. En su domicilio, la Policía también encontró varios de los pequeños objetos de electrónica que había sustraído en sus asaltos a la vivienda y que supuestamente guardaba como fetiches de sus 'éxitos' contra la propiedad. Cuando era trasladado a la prisión, Santiago intentó de nuevo transformarse en Houdini y escapar del furgón, pero los agentes que le custodiaban consiguieron evitarlo. Ni a Stevenson se le hubiera ocurrido un final tan novelado para este peculiar doctor Jekyll de Albacete.