Delatados por el ‘micralax’

Hay delincuentes que para violar la ley les viene mejor un laxante que una pistola. Son los ‘boleros’, esos narcotraficantes al por menor que son capaces de arriesgar su vida llenando su aparato digestivo de pequeñas ‘bellotas’ de droga para burlar la ley. Lo malo para ellos, es que la Policía ‘no es tonta’, como bien refleja el dicho popular, y si coge a uno de ellos con un buen arsenal de dicho fármaco en su poder sólo le queda llevarlo al hospital más cercano para comprobar con una simple radiografía que su dieta más reciente es poco nutritiva y demasiado alucinante. Les ocurrió el pasado lunes 23 de enero a un grupo de cinco jóvenes rumanos que viajaban de madrugada a bordo de un Citroën Xantia por las calles de Madrid. Cuando una patrulla de la Policía les dio el alto al sospechar de su nervioso comportamiento, los agentes sólo tuvieron que abrir el maletero para descubrir en su interior cinco sospechosas cajas de laxante. Cuatro eran de ‘micralax’, el televisivo aliviador digestivo. Los médicos confirmaron poco después la sospechas. Entre todos llevaban en su interior cerca de cuatro kilos de hachís repartidos en 715 bellotas. El que más, un tal Alexandru, que a sus 23 años había sido capaz de ingerir 177 bolas de hachís. Cuando escribo estas líneas, cinco días después de su detención, aún está en un hospital madrileño expulsando pacientemente su fraccionado alijo. El primer día sólo había conseguido 26.

La detención de Alexandru y sus cuatro amigos ‘boleros’ se produjo a las 4.30 de la madrugada en la calle Convenio, del madrileño distrito de Puente de Vallecas. Los cinco se movían nerviosos en el interior del coche en el que viajaban y al que un semáforo en rojo había dado el alto. Tan intranquilos parecían, dudando si ponerse de nuevo en marcha sin esperar a que se encendiera la luz verde, que la patrulla de la Unidad de Prevención y Reacción de la Brigada Provincial de Seguridad Ciudadana que los vio no tuvo la menor duda de darles el alto y pedirles la documentación. Cuando los agentes cruzaron las identidades con la base de datos, apareció el primer dato sospechoso. El joven Alexandru tenía un antecedente policial: en 2011 había sido detenido precisamente por un delito contra la salud pública. O lo que es lo mismo, por tráfico de drogas.

Los siguientes indicios de que estaban ante un grupo de pequeños traficantes llegaron minutos después. Cuando los agentes revisaron el interior del vehículo descubrieron las cuatro cajas de ‘micralax’ y otra de otro laxante ‘forte’. Aquello empezaba a estar claro que iba de ‘boleros’. Para despejar las últimas dudas, sólo hizo falta que echaran un vistazo al contenido del maletero. Allí había una mochila y, en su interior, una bolsa de plástico con restos de heces humanas mezcladas con unas bolas en forma de bellota que contenía una sustancia cobriza: hachís. Estaba claro que a alguno de los jóvenes no le había hecho falta tomar el laxante para empezar a expulsar la droga.

Los nervios por la detención hicieron el resto. Uno de ellos empezó a sentirse mal y reconoció a los agentes que tenía complejo de pavo relleno de la cantidad de droga que llevaba en su interior, y les pidió que le trasladaran rápidamente a un hospital porque temía que alguna ‘bellota’ se rompiera y pudiera causarle la muerte. Sus compañeros, que hasta ese momento negaban ser ‘boleros’ ni nada que se le pareciera, terminaron pidiendo también asistencia médica. Las radiografías en el hospital confirmabana poco después la gran capacidad de almacenamiento de algunos aparatos digestivos: uno llevaba 107 bellotas; otro, 140; el tercero, 142; el cuarto, 149; y Alexandru, el campeón de todos ellos, ¡¡¡177!!! La Policía madrileña no recuerda haber interceptado hasta la fecha a nadie con tanta ‘bellota’ en su interior ni en Jabugo. No es extraño que tuviera que echar mano de ‘micralax’.