Extraños Delincuentes

Las 'prosaicas' reuniones de negocios de los narcos

En lujosas habitaciones de hotel protegidos por guardaespaldas de dos metros de altura, muchas horas de gimnasio y manos juntas a la altura de sus testículos. Rodeados de las más sofisticadas medidas de seguridad, incluidos complejos aparatos tecnológicos para evitar ser espiados por la Policía. Con el dinero perfectamente ordenado en fajos de billetes a salvo de miradas indiscretas en maletines de ejecutivo de color negro...

El cine suele repetir hasta la saciedad los mismos estereotipos hasta convertir esas imágenes en dogma de fé. Por ello, las reuniones que mantienen los narcotraficantes para vender/comprar un alijo de droga se llenan para la imaginación de la mayoría de los mortales de gente con gafas de sol y más glamour que una fiesta de Isabel Preysler. Y, sin embargo, como bien saben Policía y Guardia Civil, la realidad es en la inmensa mayoría de los casos mucho más prosaica: vaqueros, taxis, paseos por un parque y la cafetería de un gran centro comercial.

El pasado 23 de marzo, la Guardia Civil informaba de una reciente operación internacional que había permitido incautar en Rumanía cerca de 400 kilos cocaína y más de 100 de heroína. Un buen golpe que incluyó la detención de cinco supuestos mafiosos rumanos en este país europeo. Aunque a primera vista parezca que la operación nos pilla lejos, lo cierto es que a sus principales protagonistas los tuvimos un par de veces muy cerca.

Tan cerca, que se pasearon en Madrid para negociar con el representante en España del cártel colombiano de 'Los Mellizos' los detalles para adquirir alijos. Los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) controlaron de cerca a dos narcos rumanos, Constatin Nadulu e Catalin Iosef, después de que las autoridades de Bucarest les alertasen que venían para España y no exactamente a hacer turismo y visitar el Museo del Prado.

Los agentes montaron un dispositivo policial que les permitió saber hasta cuándo iban ambos al servicio sin que ellos se dieran cuenta de nada. Y, sobre todo, les permitió descubrir con quién iban a cerrar el trato: el supuesto 'comercial' de 'Los Mellizos' en Madrid, un colombiano de 54 años apodado 'El Viejo' por las canas que lucía y que, como descubrieron los agentes más tarde, contaban con permiso de residencia legal en nuestro país.

El seguimiento de aquella primera cita, celebrada el 12 de mayo de 2007, aclaró a los investigadores dos cosas: la primera, que a los colombianos no les gusta ir a visitar a sus clientes a los países del este y que si éstos quieren cocaína de la suya tienen que pasarse por sus 'oficinas' en España. Y, segundo, que no hacen faltan hoteles lujosos, gorilas como armarios ni maletines con contraseña para cerrar un acuerdo entre delincuentes.

Aquel día, nada más llegar al aeropuerto de Madrid Barajas, los dos rumanos acudieron a un hotel de cuatro estrellas cercano a la Gran Vía madrileña y, desde allí, partieron rápidamente a su cita con el 'amigo' colombiano, con el que habían quedado a la una de la tarde en la cafetería de un gran centro comercial de la calle Serrano. Tras los saludos de rigor, los tres decidieron desplazarse en taxi al madrileño Parque del Oeste, donde los tres mantuvieron una animada chala en español mientras paseaban tranquilamente por el lugar (primera fotografía), para acabar comiendo en un restaurante cercano. Tres horas después de aquel encuentro, 'El Viejo' se iba. El acuerdo estaba cerrado.

Estos tres personajes volvieron a verse un año después. En concreto, el 17 de mayo de 2008. Los rumanos volvieron a aterrizar en Madrid, en este caso por la tarde, y lo primero que hicieron fue dirigirse al hotel que tenían reservado, un tres estrellas también situado cerca de la principal vía comercial de la capital. Allí estuvieron el tiempo justo para dejar las maletas y salir al encuentro de su 'amigo' colombiano, con quien se encontraron en la esquina entre las calles de Ortega y Gasset y de Serrano, en plena Milla de Oro de la capital (segunda fotografía).

De nuevo dieron un paseo por la zona, aunque en esta ocasión hicieron dos altos. Uno, en una hamburguesería de la zona y, media hora después, en un conocido restaurante de la calle Claudio Coello. Los agentes que los siguieron no sólo inmortalizaron gráficamente el encuentro como habían hecho un año antes, sino que llegaron a escuchar cómo hablaban de "pagos" y de "kilos".  Poco después, 'El Viejo' los abandonaba y ambos rumanos se iban a cenar a un local célebre por sus costillas a la barbacoa. Nuevo acuerdo cerrado.

Aquellas dos reuniones se plasmaron en un sendos envíos. El primero, con 364 kilos de cocaína, fue incautado en el puerto de Guayaquil (Ecuador) por la policía de este país cuando estaba a punto de salir a cruzar el Atlántico oculto en un container repleto de cajas de sardinas congeladas. El segundo, en un cargamento de 'prueba' (un envío sin droga para ver si funciona el canal elegido) que pasó por el puerto de Algeciras, otro del sur de Italia y el de Constanza (Rumania), una localidad que lleva a camino de convertirse en la gran puerta de entrada de droga en Europa, según apuntan diversas fuentes policiales desde hace tiempo.

Finalmente, las autoridades de Bucarest decidieron hace unas semanas 'reventar' la operación y detener a los cinco mafiosos rumanos, entre ellos los dos que viajaron a Madrid. Una de las pruebas contra ellos son, precisamente, los seguimientos que la UCO les hizo durante sus viajes 'de negocios' a la capital. Al juez rumano no le ha hecho falta ver gorilas de dos metros de altura, maletines negros y lujosos hoteles para comprender que a España no iban de vacaciones. Será porque ya sabe que el cine es es eso, cine. Los narcos son mucho más prosaicos...