Otras miradas

Los 5,5 millones de cartas de Puigdemont

Miguel Guillén Burguillos

Miguel Guillén
Politólogo y autor del libro ‘Podemos-Izquierda Unida. Del desamor a la confluencia’

Estos días los catalanes estamos recibiendo en casa la tradicional propaganda electoral, que este año nos llega a modo de adelantado regalo navideño. Hoy, al llegar a casa, he encontrado un sobre donde ponía que en su interior había una carta de Carles Puigdemont. El President. Mi President. Nuestro President. Legítimo, sobra decirlo. Nada de ex. Tan legítimo que en las últimas elecciones al Parlament de Catalunya iba en el tercer puesto de la circunscripción provincial de Girona. Tan legítimo que ha renunciado a su pensión como ex President, al mismo tiempo que ha solicitado que le restituyan su paga de diputado, a la que renunció en su día, tal y como informaba hace unos días Guillem Martínez en las páginas (digitales) amigas de Ctxt.

Un apunte importante, muy importante, sobre la carta de Puigdemont: ni una palabra de derechos laborales, ni del paro, ni de corrupción, ni de educación, ni de la sanidad pública, ni de servicios sociales, ni de vivienda, ni de pobreza energética. Porque esto "ara no toca", parece ser.

Dice Puigdemont en su misiva que, por primera vez en la historia, las elecciones no las ha convocado el President de Catalunya. Razón no le falta. La aplicación del artículo 155, junto a los encarcelamientos de diferentes líderes sociales y políticos, son una ignominia. Lo condeno enérgicamente. Y quiero dejarlo bien claro, negro sobre blanco. Pero lo que no dice Puigdemont es que las elecciones no las convocó (él que podía hacerlo) porque no quiso, o porque se asustó cuando algunos de los suyos le acusaron de traidor en las redes sociales. A veces, en política, hace falta más coraje, más valor y menos pusilanimidad y refugio en las cálidas (y caldeadas) redes sociales.

Según Puigdemont, los catalanes (entre los que supongo que me debe contar) siempre hemos defendido que la democracia es el único camino. Cuando dice "los catalanes" no sé si incluye también a las insignes familias franquistas que también había y hay en Catalunya, y que lucen con honor insignes apellidos catalanes en su DNI. Ahora, eso sí, parece como si todo el mundo hubiera luchado en la resistencia antifranquista. Cuando Puigdemont habla de democracia supongo que no se referirá a la legitimidad del 47,8% de los votos supuestamente suficiente para proclamar la independencia. La fake DUI.

Dice también Puigdemont en su carta que el futuro de Catalunya se decide en Catalunya. Faltaría más, digo yo. Pero también digo yo que no se puede engañar a la gente prometiendo que se alcanzará la independencia unilateralmente, gratis y sin negociar nada. Supongo que ya ha quedado claro que aquel independentismo mágico de Junts pel Sí y sus correas de transmisión social y mediática ha quedado sobradamente desacreditado en las últimas (y aceleradas) semanas.

Dice Puigdemont que la candidatura de Junts per Catalunya nace recogiendo el clamor de la calle. ¿De qué calle? Invito un día (sólo uno) a Puigdemont a que se dé una vueltecita por mi barrio, donde a buen seguro su candidatura no será el 21-D la más votada (como no lo era tampoco cuando la encabezaban Jordi Pujol o Artur Mas). Y dice que se presentan con una lista de carácter transversal, que supera el esquema de los partidos. ¿Entonces por qué Marta Pascal, coordinadora general de la refundada Convergència, dice que las grandes decisiones de Junts per Catalunya las tomará el PDECAT?

Dice que el 21 de diciembre tendremos la oportunidad de restituir al Gobierno de la Generalitat. ¿Seguro? ¿Y si los electores deciden otra cosa? ¿Seguirá usted reivindicándose como el President legítimo? ¿Qué pasará si la candidatura encabezada por Junqueras, que está injustamente en la cárcel, es la más votada?

Una de las frases más importantes de la carta de Puigdemont es esta: "al día siguiente seguiremos construyendo un Estado independiente". ¿Seguiremos? Parece ser que el frío belga ha afinado el sentido del humor de Puigdemont. Eso sí que creo que puede ser una buena noticia, la verdad. Y dice que lo harán con los siete millones y medio de catalanes. ¿Sí? ¿Y por qué ha gobernado durante este año y pico en la presidencia contra más de la mitad del país?

Habla también Puigdemont de que harán un estado más próspero y con más cohesión social. No sé a qué se puede referir, la verdad... ¿A la cohesión social que ofrece la privatización de la sanidad pública? ¿A las subvenciones millonarias a las escuelas que segregan por sexo? ¿Al aumento de las listas de espera en los hospitales? ¿A la no financiación de la Llei de Barris? ¿A votar a favor de la reforma laboral del PP?

La traca final la encontramos en el último párrafo de la carta: Puigdemont habla de Junts per Catalunya como un espacio que supera la política. ¿Sí? ¿Seguro? ¡Pero si precisamente ahora es cuando hace falta la política más que nunca! ¿Pasaremos directamente de la no-política a la post-política? Quizá estaría bien experimentar, después de tanto tiempo, un gobierno y un Parlament donde la política volviese a tener el protagonismo que nunca debió perder. Un protagonismo basado más en la racionalidad y el diálogo, y menos en la identidad y los sentimientos. Una política en la que se vuelva a hablar de los intereses de las clases populares, de ambulatorios y escuelas, de trabajo y casas sin frío en invierno. De izquierdas y de derechas. Y de clases sociales.

La situación, de todas formas, no parece de lo más halagüeña: observo los primeros puestos de las listas electorales y demasiados nombres ocupaban escaños y cargos en la(s) última(s) y penosa(s) legislatura(s). El pesimismo de la razón, que nos acompañará por largo tiempo. Desgraciadamente.