Opinion · Otras miradas

Mata el machismo

Miguel Lorente Acosta

Ex delegado de Gobierno para la violencia de género y profesor de medicina legal en la Universidad de Granada

Miguel Lorente Acosta
Ex delegado de Gobierno para la violencia de género y profesor de medicina legal en la Universidad de Granada

Los homicidios por violencia de género son el resultado de la violencia de género, y la violencia de género es consecuencia del machismo, por lo tanto la conclusión es sencilla, para acabar con los homicidios, hay que acabar con la violencia de género, y para acabar con esta violencia hay que erradicar el machismo.

La pregunta que surge resulta elemental, ¿se está trabajando para erradicar el machismo?, y la respuesta aún más fácil: No. En consecuencia, será difícil acabar con la violencia de género y sus homicidios mientras continúe el machismo que los ocasiona, lo demás es dejarnos engañar por el espejismo de los datos de determinados años, sobre todo, como pone de manifiesto la FGE, cuando ni siquiera coinciden las cifras de las Fiscalía con los del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, algo muy preocupante.

Y el machismo no es la suma de todos los machistas, sino lo común a todos ellos y a una sociedad que se desenvuelve bajo una cultura patriarcal que normaliza la violencia contra las mujeres, hasta el punto de que el 44% de las mujeres que no denuncian dicen no hacerlo porque la violencia que sufren “no es lo suficiente grave” (Macroencuesta, 2015). Y es ese machismo el que incide en el día a día para que la violencia de género continúe y con ella los homicidios. Si analizamos lo ocurrido en estos últimos años y la situación actual encontramos varios elementos de interés que deben ser tenidos en cuenta a la hora de desarrollar medidas y acciones para prevenir esta violencia.

  • Dejar al machismo al margen del abordaje de la violencia de género permite su reacción para mantener sus referencias y posiciones de poder, y con ellas la violencia contra las mujeres. Y ahora estamos inmersos en esa reacción violenta del machismo. Los datos son claros, la Macroencuesta de 2006 concluyó que había 400.000 casos al año, y la de 2011 que los casos anuales eran 600.000, es decir, en 5 años ha aumentado un 50%. La situación refleja que el machismo está respondiendo con más violencia frente a los avances de la Igualdad y el cambio de las mujeres.
  • Pero además, junto a esa violencia de determinados hombres, también hay una estrategia para esconder el significado de la violencia de género y presentarla como una instrumentalización de las mujeres para beneficiarse tras la separación. Y lo hacen a través de la campaña sobre las “denuncias falsas” e intentado mezclar todas las violencias para que no se hable de la violencia contra las mujeres. Su eficacia es tal que a pesar de que la media de homicidios es de 60, sólo el 1-2% de la población considera que estamos ante un problema grave (Barómetro del CIS).
  • Y ese clima influye en la sociedad y, por tanto, en las personas que tienen que responder profesionalmente ante los casos de violencia, tanto en el ámbito de la Justicia como en el de la sanidad, y a nivel policial, social o político. De hecho, lo más preocupante de estos últimos años es comprobar que el porcentaje de mujeres asesinadas que habían denunciado ha ido aumentado hasta el 36% de 2016, y este año está cerca del 30%. Una situación inadmisible y que no se debe sólo a la falta de medios, sino a la ausencia de criterio para usar los recursos disponibles.

Si ante una caso de violencia de género no se piensa que puede tratarse de una situación grave y que puede tener consecuencias dramáticas, no se pedirán estudios para profundizar en sus circunstancias, entre ellos la valoración del riesgo, y, por tanto, no se aplicarán medidas de protección eficaces al caso particular.

El machismo sigue presente con su violencia, pero permanece lejos del foco de las medidas adoptadas para evitar sus consecuencias, el ejemplo más claro lo tenemos en el reciente “Pacto de Estado contra la violencia de género”, que de nuevo se ha centrado en el resultado en lugar de hacerlo sobre la causa común del machismo, algo que sí se ha entendido cuando se aprueba un “Pacto de Estado contra el terrorismo”, no contra los “atentados terroristas” ni contra la “violencia terrorista”.

Mata el machismo, los machistas sólo ejecutan la conducta que elaboran bajo sus referencias, mientras no se entienda esta situación y se aborde transversalmente, no sólo con medidas policiales y judiciales, no avanzaremos en la erradicación de la violencia de género. Una violencia que aumenta  a un ritmo más rápido que los recursos para prevenirla y combatirla.