Opinion · Otras miradas

¿Quién recoge los beneficios de este turismo?

Elisenda Alamany

Portavoz de Catalunya en Comú Podem en el Parlament de Catalunya

Lejos queda aquel modo de viajar que consistía en planificar todo mediante una agencia o una guía de viajes y en estancias largas en uno u otro lugar. Actualmente, miles de personas se mueven cada día de un lugar a otro y, a veces, lo hacen por semanas o por solo unos días. Esta es la realidad del turismo en Catalunya que, el año pasado, recibió más de 19 millones de personas.

El sector turístico es uno de los sectores económicos más importantes en Catalunya, que genera cerca del 11% del PIB y alrededor del 13% de los puestos de trabajo. ¿Pero quién recoge los beneficios?

De entrada, parece que no lo hacen los trabajadores y trabajadoras. El sector turístico se ha convertido en el reino de la precariedad: el 97% de los contratos son temporales, las subcontrataciones se extienden por todas partes y los sueldos de miseria se imponen (un ejemplo claro son los 2,5 € por habitación que cobran las Kellys –camareras de piso- y que las ha llevado a impulsar un sello de calidad para los hoteles con buenas prácticas laborales).

En segundo lugar, se ha dejado barra libre a los pisos turísticos que están disparando los precios de los alquileres en las grandes ciudades de Catalunya. El turismo debe ser compatible con el acceso a la vivienda; no puede representar un peligro para desarrollar el proyecto vital de la ciudadanía en su barrio o su ciudad. Hay que decirlo claro, los discursos tramposos del “todo vale” a quien benefician es a las grandes empresas, no a la gente. Y, por ello, el Govern de la Generalitat no puede dejar solos a los municipios. Debe acompañarlos para gobernar el turismo. Una de las prioridades es, por tanto, ordenar el descontrol de los pisos turísticos que lucran a grandes empresas.

Si hacemos un poco de memoria, el proyecto turístico más sonado de la pasada legislatura Govern de la Generalitat se doblegaba a los designios de un grupo especulador para bajar los impuestos a los casinos del 55 al 10%. Todo para atraer la construcción de macrocasinos a Catalunya y competir con el Madrid de Esperanza Aguirre. Y aún seguimos así: un trabajador catalán paga más por su sueldo que un casino por sus beneficios.

Con el nuevo Plan Estratégico que pondrá en marcha el Govern, esta situación debe cambiar. Iniciamos una nueva época que debe poner fin a un modelo de turismo agotado, un modelo de economía centrada en demasiadas ocasiones en la explotación del turismo de bajo coste en grandes cantidades.

Si este plan nos tiene que decir quiénes somos y qué tenemos que hacer a partir de ahora, que nos acerque a un turismo de calidad, similar al turismo familiar, ecológico, cultural, como ya hacen en Francia y Holanda.

Si la economía avanza, recojamos todas sus ganancias y no las dejemos en manos de unos pocos. Si a pesar de los malos augurios que algunos preveían a raíz de la inestabilidad política, la economía catalana mejora, que no lo haga consolidando un modelo laboral que precariza los trabajadores y trabajadoras. Tampoco sobre una Catalunya que tenga como único sello turístico el sol y la playa. Si arrancamos ahora, que sea para tener en cuenta también que tendremos una economía fuerte, diversa y arraigada al país, donde el turismo debería ser una herramienta más para el progreso de la gente.