Opinion · Otras miradas

El verde que no pudo ser en Argentina

Andrea Momoitio

Periodista remasterizada y coordinadora de @pikaramagazine

Son las 23:55 en México. En Bilbao, mi ciudad, amanecerá enseguida. En Argentina, a las 01:55, siguen debatiendo si nuestras vidas pueden tener tal consideración.

Arranco este texto antes de conocer la resolución final. Creo que vamos a perder, una vez más, y no quiero que el pesimismo que probablemente me invada en un rato tiña del gris lo emocionante y verde que ha sido este día. Verde de vida, que es lo que pretendemos también nosotras: vivir. Elegir cómo, cuándo y con quién queremos ser madres, decidir sobre nuestros cuerpos, disfrutar de nuestra sexualidad, que se garanticen nuestros Derechos Humanos.

Distintas voces con acento argentino llevan acompañándome todo la jornada, opiniones de todo tipo, aberraciones intolerables, discursos emocionantes. En las calles, que son los escenarios que más me interesan, la división también es evidente. Esta tarde, en una concentración en San Cristóbal de las Casas, en la rebelde Chiapas, se nos ha acercado una muchacha: “¿Por qué están a favor del aborto?”,  ha preguntado seria. “Estamos a favor de nuestro derecho a decidir”, he contestado yo. Me ha faltado decir que estamos por la soberanía y la autonomía de nuestros cuerpos, derechos que, en este caso, ni siquiera deberían estar sometidos a ningún referéndum o votación.

Las 02:20 en Argentina. Dos horas menos en México. Aún no ha amanecido en Bilbao. Estará a punto. Creo.

Siguen hablando. En el Senado y en las calles.

Aún tengo amarrado al cuello el pañuelo verde que he comprado esta tarde por 20 pesos.

Un tal Miguel Ángel Pichetto dice que probablemente gane el “no”. Yo también lo creo, pero me lo niego justo después. Quedan unos minutos de debate.

Ahora, Silvia Elías de Pérez, lanza su dedo acusador contra nosotras y dice estar a favor de la vida. ¿La de quién, Silvia? ¿A qué vidas te refieres tú? Nosotras estamos también por la vida, por las vidas, por esas que nos pertenecen aunque todavía hoy muchos no lo acepten. Por vidas plurales, diversas, dignas y libres. Ella habla de dignidad, pero parece enfadada. Dice que su fe se ha denostado como nunca en la Argentina.  Un padre nuestro para ti, señora de Pérez.

Me abro una cerveza para brindar por esta bella y verde derrota que se avecina.

Antes de que se me olvide: gracias, compañeras. Estamos orgullosísimas de ustedes.

02:14 en Argentina. Aún no ha empezado la votación.

El reloj marca las 02:42. La cerveza, a medias. Las posibilidades cada vez son menos.

Empieza la votación.

Dos abstenciones.

Parece que no se aclaran. La presidenta del Senado explica el funcionamiento.

No es tan difícil.

MIERDA

MIERDA

El proyecto queda rechazado. Así, en unos segundos.

38 votos a favor. 31 en contra.

Queda levantada la sesión y cortan la conexión en directo. Menos mal, no quería escuchar sus aplausos.

No podrán volver a plantear la propuesta en un año. ¿Cuántas mujeres morirán en ese tiempo en Argentina?

Es un primer paso, lo sé. No va a ganarnos, esta vez tampoco, la desesperanza. Nunca nada ha sido fácil para las mujeres. La semilla está plantada. De momento, no será ley. Quién sabe cuándo volverán a estar tan cerca, pero lo que ha hecho el movimiento feminista de Argentina, pese a todo, ha sido histórico. Han inundado las calles de todo el mundo de sus reivindicaciones, de las nuestras; han situado su agenda en las agendas mediáticas de todo el planeta; nos han obligado a debatir, a significarnos. Nos han llenado de orgullo, de esperanza, de ganas de seguir peleando; nos han llenado de vida, de sueños, de metas, de feminismo.

Solo espero que nuestro calor les haya abrigado un poco en esta tan fría para ustedes, hermanas.

Seguimos adelante.