Opinion · Otras miradas

El ecosistema simbólico de la Generación Z

Mónica Contreras

Consultora política en Redlines.

Hace unos días, mientras observaba a un grupo de chavales de 15 años en lo que tomaba el sol, como cualquier día de agosto, mi cabeza de politóloga no dejaba de encontrar rasgos generales, actitudes y palabras que de ese grupo bien podrían extrapolarse a la llamada Generación Z; esa que todos queremos conocer y ninguno sabemos por dónde empezar.

Lo que comenzó siendo un hilo en twitter sobre el trap de Bad Bunny, hoy es este pequeño ensayo electoral donde se plasman ciertas características generales sobre la Z, esa generación que a cualquier Consultor nos encantaría controlar desde la suela de sus Nike’s a la visera de la gorra plana. Unas líneas en las que aspiro descubriros (nos) un poco más acerca de los nuevos y futuros votantes españoles que aunque hoy os importan poco, conforman el 26% de la población mundial. Es decir, que su palabra y obra va a contar igual o más que la de sus predecesores.

Quizás, lo más inteligente para analizar a toda una generación que despierta interés e incluso pasiones sea empezar por dibujar su simbología: aquellos aspectos generales que los identifican como grupo concreto. Porque la sociología siempre ha sido el mejor arma para perfilar votantes (¡Ay, si me leyera el Profesor Ángel Cazorla, qué orgulloso estaría!). El segundo método para contar con datos cuantificables bien podría ser un sondeo de opinión dirigido a éstos, pero eso vamos a dejarlo para una segunda entrega que no me ocupe tiempo de mis vacaciones.

Yendo a lo concreto, podemos identificar varios factores conceptuales para la Z. El primero, y como bien os cito, es el trap. Género musical engendrado por Latinoamérica con influencias norteamericanas para decepción de los Chavistas. Letras altamente sexualizadas, que se van adaptando a las corrientes de pensamiento más actuales (como las feministas) y que ponen melodía a un patrón de actuación general y característico de ésta generación como es la Cultura DIY (Do It Yourself).

Y profundizo: las letras son sexuales porque los jóvenes lo son; no ya tanto por el hecho de que se encuentran en una etapa de máxima curiosidad sexual, sino porque cuentan con un contexto social que lo normaliza. Desde estar tan sólo a un click del porno hasta encontrar un amplio abanico de etiquetas que los definan sexualmente. Si los Millennials hemos creado el camino de la tolerancia hacia el LGTBI+ o mayor igualdad sexual entre géneros biológicos, los Z son los que empiezan a disfrutar de esas libertades con total normalidad y sin tabúes.

Siguiendo con el dibujo, son bandera del feminismo. Vale, muchxs os habéis llevado las manos a la cabeza en esta parte, pero no seáis especialitos hasta que me leáis. Para empezar, la mayoría de los Z aún están en la ESO, y cada año son mayores los talleres para la educación en igualdad. Para seguir, todos tienen Instagram, plataforma a través de la cual siguen el día a día de sus ídolxs cuyos discursos y comportamientos cada vez están mas inmersos en la corriente feminista. Si queréis un ejemplo concreto, echadle un ojo a los concursantes de OT o a las viñetas de Moderna de Pueblo. Y para los que me vengáis con un “y los peques de la generación que no tienen móvil?” pues tienen tablet, y podéis echarle otra ojeada a series de animación como El asombroso mundo de Gumball.

Además, son engendros de la era tecnológica. Si quieren información, la encuentran al segundo ya sea a través de tutoriales de Youtube, de la misma forma que si se aburren, a los cinco minutos dan la oportunidad a otro asunto, moda o hobbie que les interese. O sea, son impacientes, influyentes y sobre todo, son creadores. Porque esa impaciencia, esa vida de presente, hace que cada decisión que comparten cree el producto que consumen en cada instante. Lo que nos da lugar a realizar una primera hipótesis sobre su perfil como votantes: para ellos no puede existir la política de cuatro en cuatro años. Necesitan innovación, atracción y actuación. ¡Hola candidatxs! Vuestros nuevos votos no van a formar parte de ninguna estrategia meditada y calendarizada, sino de lo que sepáis transmitirles minuto a minuto.

Y sobre todo, no los tratéis como niñxs. Como he mencionado, son pura Cultura DIY: independientes, autodidactas, algo arrogantes y ambiciosos (y si no me creéis, escuchad trap). Ignoran lo que no les aporta, es decir, ignoran lo que quieren ignorar y por eso hay cuestiones sociales que no se les escapan (feminismo, racismo, acoso escolar) igual que hay otras que no les atraen; no sabemos aún si por desinterés natural (aún son jóvenes jugadorxs del Fornite) o porque nadie ha dado con la tecla para atraerles.

Fijaos cómo son, que hasta tienen su propia jerga: el uso del Spanglish continuo con nuevas palabras que se castellanizan (crush, stalkear, gender queer, salseo…) es otro ejemplo que puede guiaros.

En definitiva, y porque no quiero alargar más mi encierro en vacaciones, hemos creído hasta ahora que la Generación Z era la indescifrable, y quizás después de observar e indagar aunque sea sólo por encima su simbología más característica, descubrimos que son el grupo social más transparente y que más se abre al mundo pues son, hasta la fecha, la generación más libre de tabúes, independiente y, sobre todo, presente.