Opinión · Otras miradas

¿Por qué todavía hay que hablar sobre la guerra civil y sobre Franco aunque nos dé pereza?

Marta Nebot

Periodista

La discusión más insistente sobre la guerra civil es por qué habría que discutir sobre la guerra civil. La pereza que nos da este tema es nacional. En algunos casos da pereza porque no creen que haya que cambiar nada; en otros, porque estamos hartos de pedir cambios sin llegar a ningún sitio, más que a discusiones en bucle.

Los que están en el primer caso, salvo los franquistas frikis que lo defienden hasta el absurdo, en realidad lo que evitan es reconocer que les parece bien que cuando la democracia se complica se la elimine de la ecuación. Suelen ser los mismos que creen que la estabilidad económica y social justifica todas las cosas; los que, en definitiva, defienden que la democracia está bien, siempre y cuando haga lo que ellos saben que es mejor para todos. El problema que tienen estas ideas es que son incompatibles con el significado real de la democracia. La historia del poder en el mundo dice que el poder solo ha ido soltando poder de a poco y bajo la premisa de seguir controlándolo. Pero, con el paso del tiempo, presuntamente, los ciudadanos del mundo hemos ido ganando capacidad de decisión con cada votación y lo suyo, si somos demócratas, sería seguir peleándola para que cada vez podamos decidir cosas más importantes.

Los que estamos cansados de tratar de aclarar las cosas quizás no lo tenemos tan claro como los que creen en la supremacía del orden y progreso. El orden y progreso es lo primero que nos sale a todos y lo más fácil cuando se nos descontrola lo que sea. Por ejemplo, en cuanto pensé en escribir sobre esta cuestión, de golpe, las ideas sobre el tema se me revolucionaron de tal manera que me vi obligada a gritarles “se sienten, coño” para mantener el orden en mi cabeza. Y lo cuento, porque quiero dejar escrito que no es una cuestión de ideologías, que todos llevamos dentro un dictador, como los animales, y que la cuestión es quién educa y controla y quién no al bicho que lleva dentro.

El bicho que originó el golpe de Franco, a ratos, ha parecido estar dormido, que no domesticado, pero en cualquier caso sigue entre nosotros. Por eso nos conviene mucho ponernos de acuerdo cuanto antes sobre nuestra memoria histórica. En los últimos días he vuelto a verlo en forma de políticos arrancando lazos amarillos y alentando a otros a arrancarlos. Me parece que es el mismo bicho, aunque sea todavía una larva, que justifica sacar los tanques en Catalunya. Es comprensible que a Ciudadanos y a los muchos catalanes que les votan les moleste la situación y esos símbolos en las calles. Pero no puede ser que porque los constitucionalistas estén perdiendo la batalla de los símbolos ahora dejen de serlo para ponerse a jugar al tú los pones y yo los quito. No estoy de acuerdo con la Fiscal General del Estado cuando dice que no es delito ni poner ni quitar lazos. Los independentistas y los constitucionalistas tienen el mismo derecho de expresarse pero quitar la expresión de otro es un acto violento en sí mismo.

Inés Arrimadas, la líder naranja, se justifica diciendo que quitan lazos porque el Govern no está defendiendo la neutralidad del espacio público. Si no están de acuerdo con cómo actúa este Govern, tendrán que aguantarse o denunciarlos y esperar el veredicto de la justicia, mientras les cuentan a los votantes que ellos gobernarían distinto. Eso es ser demócrata. Haciendo lo que están haciendo le están contando a la gente que cuando no te gusta lo que hace un gobierno te puedes tomar la justicia por tu mano y, con la misma argumentación, podríamos encerrar a criminales que la justicia injustamente no condene o llevarnos bienes de los que no pagan impuestos, porque el estado no lo hace. Además, se olvidan de que esto va de convencer ¿De verdad creen que el independentismo va a desaparecer por cojones? ¿Hasta dónde están dispuestos a llegar para imponerse?

Sería lícito pelear por colgar también por las calles el símbolo de los constitucionalistas. Eso lo defenderíamos todos los demócratas; el problema que tenemos es que somos muchos los que no estamos del todo reconciliados con la bandera de España, porque España, perezosa, sigue sin resolver sus cuentas pendientes.

En España no hemos hecho los deberes que dice la ONU que hay que hacer después de una guerra como la nuestra. Pablo de Greiff, “el relator especial de Naciones Unidas para la promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición” -que así textualmente se llama el cargo que representa-, en su informe de 2014, declaró no haber visto “nunca”, en 20 años trabajando en esto por todo el mundo, una distancia tan “inmensa” entre las instituciones del Estado y las víctimas de los crímenes del franquismo. De Greiff recomendó, entre otras muchas cosas, la resignificación del Valle de los Caídos porque “las víctimas lo merecen” y allí “no hay nada en el sitio que proporcione algún tipo de información o señalización acerca de la forma en que fue construido (por presos) ni sobre las condiciones bajo las cuales muchos de los cuerpos, que ahí descansan, fueron trasladados”. Es decir, que la ONU nos señala que el monumento de Estado al dictador ha quedado incólume durante 40 años, congelado en el tiempo, cristalizado en el centro de nuestra democracia, como él dispuso, aunque haya quien lo dude, o, al menos, sin dudas, como dispuso por escrito su sucesor, Juan Carlos I.

Naciones Unidas, a través de su embajador especialista en el tema, también nos recomendó derogar la ley de amnistía porque en otros países los tribunales han encontrado la manera de interpretarla para que no impidan que los presuntos criminales se enfrenten a la justicia. Aquí eso no ha sucedido, dejando una mancha indeleble de impunidad que ensucia nuestra “modélica” transición.  La ONU también nos aconseja anular todas las sentencias de los consejos sumarísimos y que se haga una política de estado “urgente” para reparar a las víctimas del franquismo, dada su avanzada edad.

En conclusión, que los que dicen que no quieren hablar de Franco no se dan cuenta de que cada vez que le niegan lo suyo a las víctimas vuelven a mentarlo, que cada vez que niegan la democracia vuelven a corear su nombre y que hasta que no hagamos justicia con nuestra historia va a ser imposible que su alargada sombra no esté presente y que España sea de todos.