Opinion · Otras miradas

Manuela y Carmena, el oximoron

Pedro Oliver Olmo

Profesor de Historia Contemporánea en la UCLM

Pedro Oliver Olmo

La crisis del sistema político de representación en España sigue provocando reconfiguraciones paradójicas, pero sobre todo sigue generando ansiedades en quienes quieren dar un cerrojazo a la crisis, un puñetazo definitivo en el tablero, puñetazo que, claro está, sólo podrían dar líderes y lideresas con fuerza y arrojo, con audacia y arrogancia. Quisieran cerrar aquello que abrió y dejó abierto el 15-M. El ‘macrocente’ Rivera acariciaba hace unos meses la cerradura y ahora cree tener las llaves en la mano el audaz Sánchez. De esos no se puede esperar otra cosa, los dos han demostrado ser más adaptativos que un noble del siglo XIX en una revolución liberal.

Pero esa pulsión de poder, la que cimenta el hiperliderazgo y la formalización política, envenena también a quienes se apoyan en los movimientos sociales para reconducirlos.

La hipótesis de movimiento-partido ha resultado ser una contradictio in terminis, un oxímoron.

Es verdad que el movimiento municipalista alternativo nació por el empuje desde abajo y la ilusión de cambio, lo que pilló a los partidos de izquierda despistados o incluso enfrente, por lo que se vieron arrastrados y se metieron (algunos se entrometieron) en estrategias participativas que nunca habían experimentado. Era el momentazo 15-M.

Pero la contradicción se veía venir. El experimento era un híbrido que incorporaba y unía los tejemanejes de unos y los vicios de otros: jerarquías, sectarismos, tratos irrespetuosos, liderazgos oportunistas, etcétera. Y así, y para escándalo del alma libertaria y quincemayista de sus promotores originales, se ha acabado midiendo el éxito o el fracaso sólo en clave electoralista, no en términos de transformación social y capacidad de influencia colectiva y horizontal en las dinámicas políticas verticales e institucionalistas, sino en términos de reparto de poder y, lo que es peor, supeditando toda estrategia al relumbrón y el papel preeminente del lider o la lideresa. La próxima vez… uy, la próxima vez.