Opinion · Otras miradas

El vacío “rentable”

Marta Chordá

Activista Rural y asesora del Consejo de Coordinación para el Mundo Rural de Podemos

Susana Gómez Granell

Activista Rural y asesora de la Secretaría de Mundo Rural de Podemos Comunidad Valenciana

En las ciudades no hay nada, sólo gente. Recursos, agua, minerales, madera… los alimentos y hasta el cemento que las sostiene, provienen de ese mundo que queda más allá de los muros imaginarios. En esa amplitud ignorada tras las vallas de las autovías.

El neoliberalismo lo sabe bien. También sabe que la concentración de gente en ciudades y la vida envuelta en plástico, hace a los seres humanos moldeables y fáciles de manejar. Adictos a pantallas y algoritmos.

Envases que disfrazan la realidad, que esconden los ciclos vitales y la verdad inapelable de que la única diferencia entre la mierda, la tierra, los alimentos y la propia carne es tan sólo una cantidad determinada de horas al sol, trabajo y procesos químicos.

Ignorando los ciclos naturales (consciente o inconscientemente) es imposible crear las sinergias necesarias entre el Mundo Rural y el Urbano. Es imposible empatizar con la situación actual del 80% del territorio donde vive el 20% de la población de España. Imposible salvar la multifacética y milenaria cultura rural y el medio físico donde se enclava. imposible revertir la despoblación y evitar la catástrofe hacia la que caminamos. Imposible porque no se quiere.

La despoblación es rentable. El desprestigio rural es intencionado. Mera estrategia comercial justificada políticamente por estudios técnicos de organismos en teoría “independientes”, que basan su superveniencia en la burocratización y se alejan del propósito que decían perseguir apenas han empezado a vislumbrarlo, demasiado a menudo con objetivos empresariales.

“Lo rural” está de moda. Los “poderes” se apresuran a contarnos lo comprometidos que están con los pueblos, con la despoblación, con las políticas vedes, con la conservación de los paisajes, con el patrimonio cultural rural… cuando lo cierto es que lo único que consiguen es expulsar población, regalar el territorio a bajo coste y además conseguir un beneficio. ¿Cómo es esto posible?

  1. La falta de servicios y oportunidades impide a la gente del medio rural llevar a cabo un proyecto vital en igualdad, tiene que emigrar, España se vacía. El Mundo Rural no es rentable y en él no se puede vivir. De nada sirven los miles de millones que llegan cada sexenio desde Europa bajo el epígrafe de “desarrollo rural”. La gestión de los grupos y fondos LEADER merecen un artículo aparte.
  2. Naturalmente seguimos necesitando el agua que bebemos y que alimenta las industrias, los alimentos que consumimos y el aire que respiramos, así que los gobiernos se ven obligados a responsabilizarse. Delegan la gestión de estas cosas a empresas y corporaciones, regalan el territorio ya vacío de significantes y significados, y esas empresas se enriquecen con lo que se suponía que no se podía vivir. Todos los “quehaceres” que nos ha dado siempre la naturaleza (Fuego, fauna, plagas, clima…) y que crearían más de un millón de empleos verdes de calidad para el Medio Rural, constituyen el monopolio encargado de la gestión forestal, de la cinegética, sanidad vegetal y animal, del agua, del territorio y del cuidado del medio ambiente, alimentado conforme desaparece silencioso el tejido cultural y social tradicional. La gestión comunal, los pastos, las sociedades de regantes y cazadores vinculadas a cada pequeño pueblo, desaparecen dejando un vacío que vienen a llenar grandes empresas que con tono paternalista se hacen cargo de la gestión para que no tengamos que molestarnos en salirnos del camino, en mancharnos las manos… ni los ciudadanos ni los ayuntamientos ni las Comunidades Autónomas. De esta fabulosa gestión de aguas, montes y residuos provienen varias de las tramas de corrupción más grandes de este país (Pokemon, Acuamed,…) Resulta que la tierra miserable que se nos invita a abandonar engorda las barrigas de empresarios y políticos.
  3. Gracias a esa “esclerotización” del Desarrollo Rural, los índices de desestructuración y desequilibrio territorial permiten a las CCAA (algunas) demandar Fondos de Compensación Territorial y Fondos Complementarios con los que cubrir su financiación autonómica. ¿Dónde van a parar esos fondos? seguramente a soportar la arquitectura administrativa autonómica, a financiar la opaca actividad de las Diputaciones, a infraestructuras colosales, ¿quién sabe? A las comarcas rurales no. No es la única estrategia: comisionados contra la despoblación, reuniones frente al reto demográfico, solicitud de fondos europeos contra la despoblación de las CEOE’s… Cualquier cosa menos aplicar la Ley (orgánica) de Desarrollo Sostenible del Medio Rural, muerta desde hace una década por cortesía de PP y PSOE, y que demandan todas las asociaciones y colectivos en defensa del Medio Rural.
  4. Ante este panorama de falta de inversión, como la sangría demográfica no cesa, hace falta fijar población y “crear empleo”. Para ello se permite modificar las leyes de protección que haga falta para favorecer e incluso se subvenciona la instalación de macrogranjas, que crean –atención- 1 puesto de trabajo precario como falso autónomo cada 5000 gorrinos.

Mientras tanto, los rurales seguimos aquí, intentando preservar la cultura milenaria que heredamos, como única forma de supervivencia de una especie que corre hacia el precipicio, como corre un niño feliz tras una cometa en el mismo borde de la boca de un pozo. Seguiremos dándole vueltas a cómo hacer entender a la sociedad (especialmente a los hijos y nietos de aquellos que abandonaron a sus padres en los pueblos buscando una vida mejor para sus hijos) que hay que repensar nuestro modelo productivo; que los pueblos se vacían porque el desarrollo y enriquecimiento de unos se carga sobre las espaldas de otros; que tanto los problemas que hemos enunciado, como los que nutren las agendas políticas (precariedad laboral, burbuja inmobiliaria, gestión de residuos, movilidad, precarización de los servicios educativos y sanitarios) provienen de la desarticulación territorial: el 80% del territorio está vacío y el 80% de la población se concentra en las ciudades.

Algunos -que no somos la mayoría social- sacan mucho provecho del “vacío rentable”

Las causas de la situación son políticas. Por suerte, las soluciones también.