Opinion · Otras miradas

La ciencia ni olvida ni desiste

Federico Herrera

Jefe del Laboratorio de Estructura y Dinámica Celular. Instituto de Tecnologia Quimica e Biologica (ITQB NOVA), Oeiras, Portugal

En las últimas semanas les he descrito de forma muy genérica el duro enfrentamiento que existe en la actualidad entre los que desconfían de las nuevas tecnologías y los que las consideran inocuas y/o necesarias. Hoy voy a ponerles un ejemplo, que además me sirve para destacar otra maravillosa característica de la ciencia que es subestimada con demasiada frecuencia, incluso por científicos profesionales: la ciencia es lenta, pero ni olvida ni abandona nunca un debate, incluso aquellos que muchos dan por concluidos.

Llevamos casi 30 años dándole vueltas a si los teléfonos móviles tienen o no efectos nocivos para la salud. Bien, pues antes del verano hubo un agrio intercambio de opiniones entre el médico y politólogo Vincenç Navarro y el biólogo y divulgador Álvaro Bayón Medrano a este respecto.

Vincenç Navarro comentó con preocupación los resultados de una investigación periodística publicada en la revista norteamericana The Nation, en la que se advertía de los esfuerzos de la Industria de las Telecomunicaciones para ocultar que los campos electromagnéticos, y en particular la telefonía móvil, pueden dañar la salud de los consumidores. Álvaro Bayón le respondió con una apasionada defensa del compromiso científico con la verdad y del concepto probablemente más compartido en el ámbito de la divulgación científica y que viene respaldado por la Organización Mundial de la Salud: que los móviles representan un riesgo bajo o nulo para la salud.

Sin embargo, también existen en la literatura científica datos dispersos que contradicen este concepto. Por ejemplo, un meta-análisis publicado en 2009, que en su momento fue durísimamente criticado, indicaba que podía existir una relación entre un tipo determinado de cáncer y el uso del móvil. En 2016, el más ambicioso estudio independiente del Programa de Toxicología Nacional del National Institute of Health norteamericano (NIH) –un estudio de 25 millones de dólares- determinó que sí existía una relación causal entre la exposición de ratas a ondas de telefonía y varios tipos de cáncer. Los propios investigadores no se esperaban los resultados que obtuvieron. Obviamente, el estudio generó una gran polémica, así que fue revisado por un panel de expertos en Marzo de 2018, y la revisión confirmó las conclusiones originales.

Estos estudios, aunque verdaderamente preocupantes, no deben ser vistos como la culminación de una discusión de casi 30 años; la Ciencia continuará estudiando, discutiendo y acumulando evidencia otros 30 años y muchos más. Pero sí deben ser vistos como un argumento firme para intentar promover actitudes más dialogantes, más racionales y más serenas en este debate.

Entretanto, los móviles han entrado en el mercado, se han expandido por todas partes y hoy hay más móviles que personas en el mundo. Además, han llegado a ser unos instrumentos tan importantes en nuestras vidas que nos resultaría difícil prescindir de ellos. Cito a Vincenç Navarro: “No se trata de prohibir la utilización de tales aparatos para la mayoría de la población, sino de que las empresas que los fabrican informen a la población de los riesgos a su salud que su utilización implica, y que los Estados establezcan medidas preventivas para minimizar el daño e incluso evitarlo”.

A las Ciencias Naturales y Humanas (incluida la Ética) les pasa como a la Historia, que necesitan por lo menos 50 años de trabajos en una y otra dirección para poder evaluar las cosas con un poco de objetividad. Sin embargo, cuando hay beneficio económico a la vista, los poderes económicos disfrazan de rigurosidad científica las nuevas tecnologías con extrema rapidez y eficiencia, y fomentan el desprecio de las posiciones rebeldes como anticientíficas de forma muy prematura. La Ciencia no tiene prisa por emitir veredictos, la Industria sí.

Pero recuerden: la Ciencia ni olvida ni desiste. Sólo hay que darle tiempo y distancia del Mercado.