Opinion · Otras miradas

Feminizar la sanidad

La falta de igualdad estructural de la sociedad también se pone de manifiesto en la sanidad. El enfoque de género en salud brilla por su ausencia y es urgente ponerlo en práctica.

No sólo existe desigualdad y deshumanización en cuanto a las consultas médicas, en las que en muchas ocasiones se prescriben ansiolíticos en lugar de hacer más pruebas diagnósticas, sino en las investigaciones. Es algo que ocurre especialmente con las mujeres, donde a veces por falta de interés o rentabilidad no se investiga lo suficiente. Es lo que ocurre con enfermedades que sólo padecemos nosotras. Es el caso de la endometriosis, enfermedad que sufren en torno a dos millones de mujeres en nuestro país. Muchas de ellas desconocen su diagnóstico y, tras padecer dolores horribles durante la menstruación (algo, que no es normal), llegan a cirugías muchas veces irreversibles.

Ese fue mi caso particular. Me quitaron un quiste de 4 cm en un ovario, y me diagnosticaron endometriosis, algo que ni sabía que existía. En el hospital (privatizado, dicho sea de paso), me dieron un diagnóstico erróneo (gases) y ante mi cerrazón pasaron a hacerme pruebas. Actualmente no existe cura y el único tratamiento pasa por hormonas anticonceptivas con muchísimos efectos secundarios.

Al tratarse de un tumor ginecológico benigno, no se la considera de gravedad pero, entre sus consecuencias y síntomas se encuentran: desde el dolor pélvico crónico hasta la extirpación de órganos reproductores o digestivos.

Además de la endometriosis, la enfermedad cardiovascular es la primera causa de mortalidad en las mujeres, entre otras cosas porque los síntomas son diferentes a los de los hombres. Eso hace que a menudo el diagnóstico llegue tarde porque ellas no han podido reconocer las señales de alarma de un posible infarto. La ciencia médica ha imitado los tratamientos destinados al género masculino al femenino, con las graves consecuencias que eso conlleva, como la sobremedicación de los cuerpos de las mujeres, tercera causa de muerte en nuestro país.

Sin embargo y a pesar de que las mujeres tenemos más esperanza de vida que los hombres, también tenemos peor salud y más trastornos, provocados en gran medida por la desigualdad social y biológica y la sobremedicación anteriormente mencionada.

No sólo hablamos de brecha a la hora de investigar o tratar medicamente, sino en las mismas consultas. Una amiga anónima me cuenta su última historieta. Al parecer tenía cita con el ginecólogo para comentarle unos desarreglos. Después de mostrarse “paternalista en el peor de los sentidos; yo diría que incluso humillante”, suelta la estacada final: “Yo no sé qué quieren ustedes con cincuenta años…”. Viejas, rotas, inservibles, cuerpos que ya no parece que puedan repararse porque no son productivos.

Es curioso que después de haberse probado la píldora anticonceptiva en hombres y tras ver los efectos secundarios que tenía (los mismos que los de las mujeres)  las farmacéuticas no están dispuestas a invertir en su desarrollo. La falta de responsabilidad masculina en este caso, unido a la falta de educación sexual hacen que siga siendo tarea nuestra protegernos de posibles embarazos. Al fin y al cabo, somos nosotras las que nos quedamos embarazadas, las que además tenemos que asumir ese papel y a las farmacéuticas les importa bastante poco lo que no les es rentable.

Pero además, la deshumanización en la medicina es más habitual de lo que parece. Los recortes, la precarización del sector, el tiempo dedicado a cada paciente, la falta de inversión en prevención y en atención primaria dificultan el trato y la relación entre profesional y usuario.

En el ámbito de la profesión, las mujeres tienen además más dificultades para investigar y publicar por dedicarse a los cuidados y la maternidad en muchos casos. Una logopeda que se mantiene en el anonimato cuenta también que “los pocos hombres logopedas son quienes más fama cosechan por su mayor disposición a ofrecer formación, publicar en redes sociales… En una profesión mayoritariamente femenina, las mujeres tenemos que también luchar por destacar porque aún siendo mayoría estamos en desventaja”.

El problema de muchas enfermedades como la Esclerosis Múltiple, Fibromialgia, Lupus o Fatiga Crónica es que son sobre todo de mujeres y lo han considerado histeria a lo largo de la historia. Por eso, no investigaron hasta pasado mucho tiempo y vamos con bastante retraso, a pesar del avance en tratamientos. A día de hoy una ya no sabe si no resultamos rentables a la industria o si simplemente somos el segundo sexo también en la medicina. En cualquier caso, la mercantilización de nuestros cuerpos y nuestra salud resulta más que evidente. Depende de nosotras feminizar la sanidad y que la vida sea una vez más puesta en el centro.