Opinión · Otras miradas

González Ferrín: mi única idea sobre Al Andalus es su continuidad cultural

Javier López Astilleros

Analista político

No es fácil definir la complejidad de Al Andalus. Sobre todo por la perplejidad que entre muchos genera. Se presenta como una especie de injerto extraño y molesto, una anormalidad ajena al ser español.

Poco sabemos de los inicios de la islamización, salvo los ya conocidos hitos del camino. Conquistas, guerras civiles, y una reconquista que se prolongó ocho siglos. También nos han enseñado que fueron otros, diferentes a nosotros, los conquistadores.

Hay quien se encuentra fascinado por esta época, pero también quién se abochorna. De pronto una invasión de impertinentes morenos conquista la totalidad de la península. Y deben de ser muy fieros, porque no se van hasta después de 800 años. Y todo gracias a la magna obra de los sucesivos reyes cristianos.

Pero luego nos quedamos pasmados, porque esos que están y vienen- latinos, godos, árabes, bizantinos, y por supuesto bereberes- son los personajes de una historia intelectual en ocasiones brillante.

El islamólogo Emilio González Ferrín. EFE
El islamólogo Emilio González Ferrín. EFE

¿Tenemos un Al Andalus idealizado por incomprensible? Más bien ideologizado, según Emilio González Ferrín, profesor de la Universidad de Sevilla, autor de una serie de obras que han provocado incomodidad y polémica. ¿Es un ensayista e historiador, un escritor? ¿Cuál es el prisma con el que mira?

El profesor de la Universidad de Sevilla se ha ganado muchos adversarios tras la negación de la conquista árabe. Sus tesis son cuestionadas por los académicos de nuestro país, pero generan un gran interés en todos los lados. El mayor rechazo proviene de los medievalistas.

Américo Castro dijo que Al Andalus es lo que hace nacer España. Pero González Ferrín, que se considera castrista, no está de acuerdo con que el 711 marque el nacimiento de nuestro país, porque cree que la Historia de España es la historia de su territorio, y que ésta empieza mucho antes, desarrollándose en continuidad.

“Al Andalus no se considera como el marco con el cual se construyó España. A partir de ahí, reivindico como propia esa parte de la Historia”, señala González Ferrín.

¿Qué es lo que dicen las crónicas?

Ninguna crónica es coetánea a los hechos del 700 d.C. Desde la crónica Albeldense a las árabes, todas son posteriores al 850 d.C. Solo hay dos antiguas como la arábigo bizantina (743/744) y la mozárabe (754). Se trata de textos que vinculan siempre el Mediterráneo con Oriente.

“Trasladan la polémica entre Bizancio y los persas. De un modo trucado han incluido nombres que ni siquiera encajan en las crónicas, con lo cual olvidémonos de ellas”.

“La arabización de las leyendas en las monedas del Mediterráneo no implica el Islam, entre otras cosas porque el Islam no surge como una religión diferente, sino como una arabización de un cierto cristianismo. Por lo tanto, el que se acuñe moneda en árabe ni implica islam, ni un solo Estado, ni una invasión”, señala González Ferrín.

“Vayamos sobre las evidencias de los enterramientos respecto a la invasión. Tenemos varias tesis doctorales en España donde se analizan los diferentes enterramientos de la península ibérica, incluidos los de la Plaza del Castillo, en el norte de Pamplona, donde descubren que todos tienen ADN Norteafricano.  A mí me fascina que eso sea una prueba de invasión. No es una prueba, sino un trasvase de población continuo, que ya se producía desde la antigüedad en la península ibérica, tal y como señalaban las crónicas de la antigua Roma”, sostiene González Ferrín en una conversación telefónica.

“No se puede hablar de repentina africanización genética en la única fecha del 711”. Esto tiene un nombre para el islamólogo: Un atasco epistemológico. Otro factor que contribuye a ese atasco es la confusión entre el islam como religión, y el Islam como civilización, al que hace referencia en su obra Cuando fuimos árabes, editada por Almuzara.

“La famosa fórmula islámica de ‘En el nombre de Dios, el Clemente y el Misericordioso’, en el año 700 es una fórmula cristiana. Y no se queda ahí.  El que Mahoma es enviado de Dios, y que éste no tiene hijos, es una fórmula judeocristiana. Hasta comienzos del siglo IX no se puede hablar de Islam. Desde el 622 hasta el 850, mis colegas extranjeros lo llaman conquistas árabes, en plural y genérico, nunca conquista islámica. El Islam surge como una arabización del cristianismo. El ascenso del Islam no sería posible sin ese cristianismo mediterráneo arabizado”, señala González Ferrín.

¡Qué se lo digan a los Omeyas!, pensarán algunos.

“El relato procede de los Reyes católicos, y ese es el fuerte de Américo Castro, que se pregunta qué pasa en la historia de España cuando el epitafio de Fernando III en 1250, aparece como rey de la España del Islam, del judaísmo y el cristianismo, mientras que tres siglos después los reyes católicos son monarcas porque expulsaron a la secta de los mahometanos”.

¿Qué ha ocurrido durante esos trescientos años?, se pregunta González Ferrín. “La construcción del relato nacional católico, de la que se hacen paladines todos los adversarios míos. El medievalismo español bebe del CSIC, que es una construcción franquista, que hereda el sentimiento nacional católico”.

En lo que sí coincide González Ferrín con otros historiadores y medievalistas es en la impostura de la reconquista. Pero él va más allá, pues considera que la conquista del 711 es una ficción también.

En definitiva, su única idea sobre Al Andalus es la continuidad cultural.

Que nadie espere a unos árabes tocados por la varita mágica de la raza y la revelación.

¿Es el 711 una cifra mágica a la que rezamos con devoción, o un simple relato simbólico?