Otras miradas

Los muertos sin Dios

Diana López Varela

Periodista

En los últimos días seguramente habrá escuchado noticias relacionadas con muertes sin explicación, accidentes casuales, atropellos, sobredosis accidentales, asfixias, ahogamientos, precipitaciones y hasta ahorcamientos, a los que nadie parece dar importancia. No ocuparán titulares o lo harán de manera superflua. De paso. Tampoco aparecerán asesinos, los políticos no rendirán tributo a las víctimas, y los familiares cerrarán la puerta y se condenarán al duelo en la intimidad de sus casas.

En España se suicida una persona cada dos horas y media. Diez al día. Muchas más lo intentan. Son los muertos sin Dios, los que no gozan del sagrado derecho a la vida que tanto se reivindica desde determinados estamentos políticos y religiosos.

El suicidio es la primera causa de muerte violenta en España. Según el Observatorio Nacional de Suicidio en 2016 fallecieron por suicidio 3.569 personas en España, el doble de muertos que en accidentes de tráfico. Aunque Javier Jiménez (Psicólogo Clínico y presidente de la Asociación Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio) asegura que estas cifras esconden una verdad incómoda «Sólo con la información de los 34 Institutos de Medicina Legal salen 1.000 suicidios más que los del INE. Hay suicidios que pasan como accidentes. Y es que hay que demostrarlo: o alguien lo cuenta o hay una nota. Y menos del 20% de los suicidas deja nota". El suicidio es, después de los tumores, la primera causa de muerte entre los jóvenes españoles de entre 15 y 34 años. La franja de edad con más suicidios se da en personas de entre 40 y los 59. Tres de cada cuatro suicidas eran varones.

A pesar de las escalofriantes cifras, sigue sin existir un Plan Nacional de Prevención del Suicidio. Cuatro proposiciones no de ley en los últimos seis años dejan poco margen a las buenas intenciones de los partidos políticos. "La primera fue en el año 2012, presentada por UPyD. Todo el Congreso votó a favor pero se paralizó cuatro años después, en el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, porque varias comunidades se opusieron alegando motivos diversos sin mucho sentido", explica Jiménez. Desde entonces, dos propuestas más en el año 2017 y una este mismo año. La Exministra de Sanidad, Carmen Montón, manifestó su intención de elaborar una estrategia nacional de suicidios dentro de un Plan Nacional de Salud Mental. Javier se muestra escéptico cuando le traslado las intenciones del Ministerio de Sanidad "Aunque se apruebe –la proposición no de ley- nunca va a ser de obligado cumplimiento, ni tendría que ir dotada de presupuesto económico. Nos quedaríamos en algo simbólico, el papel lo aguanta todo". Se necesitan propuestas de ley. Y leyes dotadas de medios económicos y humanos. Javier habla de la presión contra las casas de apuestas para regular el juego y evitar la ludopatía. Decenas de artículos periodísticos les han caído a los políticos sobre las mesas en los últimos meses. De los suicidios nadie habla. Una ley no escrita recomienda a los medios de comunicación silenciarlos para evitar "el efecto llamada". Pero lo que no se cuenta, no existe. Las autoridades se aprovechan del tabú. "No saben que lo peor es no hacer nada y no manejan la conducta suicida porque probablemente no han sufrido el suicidio de ningún ser querido próximo".

Según la investigadora Noelia Navarro Gómez, en Europa y América del Norte el abuso de sustancias y la depresión, constituyen el principal factor de riesgo de suicidio. La falta de una estrategia seria en salud mental unida a los graves recortes en sanidad, provoca situaciones peligrosas en donde los médicos de cabecera se permiten dispensar antidepresivos o ansiolíticos en una primera cita de atención primaria como si fuesen antiinflamatorios. La supervisión de la evolución del paciente es nula en muchos casos. De las adicciones generadas, hablamos otro día. La atención primaria (completamente descentralizada y en donde usted tendrá mejor o peor atención dependiendo de donde viva) debería ser capaz de detectar problemas mentales y derivarlos al especialista, al igual que se derivan los pacientes con cáncer a oncología. Eso, suponiendo que las personas que están pasando por un sufrimiento psicológico den el paso de ir al médico, algo que normalmente no sucede si no tienen una red personal con cierta sensibilidad. El estigma en torno al suicidio y a las ideas suicidas no ayuda. "Si a la mayor parte de los profesionales no les han enseñado nada, qué van a saber las pobres familias. No tienen ni idea", recalca Jiménez. El doctor Ricardo Angora previene a la sociedad:"hay que hablar de suicidio como se habla de neumonía".

Otro gran factor de riesgo es la pobreza. Según datos de la organización Stop Desahucios -parte de la Plataforma de Personas Afectadas por la Hipoteca- un 34% de los suicidios es resultado en España de desahucios. La única fuente oficial que tenemos, el Instituto Nacional de Estadística, no analiza las causas. En 2018, España es el tercer país de la Unión Europea con mayor tasa de pobreza infantil. Casi el 40% de los niños y las niñas en España viven por debajo del umbral de la pobreza. Esos niños también tienen padres. La paradoja es la siguiente: si la pobreza es uno de los principales factores de riesgo, y las personas pobres tienen dificultades para acceder a servicios de salud mental públicos de calidad –los ricos van al terapeuta de pago-¿cómo vamos a evitar todos estos suicidios?

Pero según Javier Jiménez el factor definitivo son los intentos previos, la llamada de socorro con la que muchas veces se intenta ridiculizar a la persona que está pasando por un momento de riesgo máximo. "El mayor indicador que tenemos, a día de hoy, para prevenir los suicidios, son los intentos previos". El Teléfono de la Esperanza y otras ONGS, son el salvavidas que llevan años ofreciendo asistencia a afectados y familiares.

Reflexiono sobre el suicidio en los días posteriores al debate en el Parlamento sobre la propuesta de ley para facilitar la muerte digna a pacientes terminales. Mientras unos se afanan en defender el derecho a la vida de los que ya no lo tienen, sigo escuchando, casi a diario, casos de atropellos en las vías del tren y de trabajadores traumatizados que se dan de bruces con la soga en el turno de primera hora. Lo dramático de la muerte de todas estas personas que acaban cada día con la suya, se produce, precisamente, porque no están impedidos para hacerlo. Son la cifra que los gobiernos esconden debajo de la alfombra. Son las muertes indignas. Los muertos sin Dios.