Opinion · Otras miradas

Dueñas de nuestro tiempo

María Espinosa

Diputada por Podemos en la Comunidad de Madrid

El 8-M supuso un antes y un después en nuestro país y también en el concepto de la maternidad y de los cuidados. La maternidad no es obligatoria, pero es necesaria en cualquier sociedad. Ser madre no es en absoluto una cuestión obligatoria. El feminismo nos ha enseñado que esta decisión debemos tomarla cada una de nosotras de manera íntima, personal y responsable. Somos nosotras quienes debemos tener la libertad de decidir si queremos serlo o no. Sin embargo, la construcción cultural y simbólica de la identidad femenina se ha relacionado siempre con la maternidad y, con ello, nuestros deseos se han visto supeditados a ésta desde tiempos inmemoriales.

En nuestro contexto social, plagado de convencionalismos formales, la decisión de no ser madre sigue sancionándose hoy en día, incluso cuando se trata de una imposición natural. En este sentido, el feminismo siempre ha defendido el derecho a poder decidir ser madres o no. Sin embargo, como bien apunta Beatriz Gimeno, quienes finalmente deciden no serlo, pasarán toda su vida escuchando que lo normal es lo contrario, porque todavía no existe un discurso alternativo a ese razonamiento tan arraigado en nuestra sociedad.

Cierto es que existen muchas manifestaciones culturales (revistas, libros y anuncios de televisión) que muestran el hecho de ser madre como algo siempre maravilloso, de dedicación exclusiva hacia los hijos, e incluso abnegación y sonrisas hasta en los casos de desesperación y cansancio. Y vivimos en una sociedad que, a pesar de experimentar de forma habitual todos los entresijos de la maternidad (los buenos y los no tan buenos), sigue reproduciendo estereotipos basados en una concepción idealizada del hecho de ser madre, quizás con miedo a que un relato diferente suponga una visión más realista de la misma.

Mientras, nuestro sistema sanitario y social está basado en la preparación de la mujer para el momento del parto (como el final de todo un proceso). Pero, ¿qué hay después del parto? Recibimos clases preparatorias para ese momento y, sin embargo, nadie nos prepara para lo que vendrá después. Nos sentimos, a menudo, solas ante la crianza de nuestros hijos e hijas, sin apoyo de las instituciones públicas a las madres y a los hijos con la intensidad y el grado de asistencia que necesitamos tras el propio parto. Así, resulta evidente que nuestra sociedad idealiza la maternidad, presiona sobre la misma pero, a su vez, la despoja de cualquier protección.

La huelga del 8 de marzo puso en el centro del debate la necesidad de reorganizar los cuidados en nuestra sociedad, de manera que dejasen de recaer, casi en exclusiva, sobre las mujeres. Los balcones se llenaron de delantales para manifestar la necesidad de que toda la sociedad (desde las administraciones, la política, pasando por las empresas, hasta llegar a los hombres…) deben asumir la responsabilidad del cuidado y articular las maneras para su reparto y corresponsabilidad.

Desde Unidos Podemos hemos recogido las demandas feministas y, por ello, proponemos en el Congreso de los Diputados la Ley de Trabajo Corresponsable que permite dar respuestas y soluciones en este sentido. La Ley de Trabajo Corresponsable apuesta por dejar de poner el énfasis en la conciliación -que tiene que ser una voluntad empresarial- y reconocer el derecho de trabajadores y trabajadoras a adaptar sus turnos, jornadas y horarios laborales. Aunque parezca nimio, este enfoque es revolucionario en tanto en cuanto el espíritu de la ley es que hombres y mujeres puedan organizar su vida sin que el trabajo sea el elemento principal.

Hasta el momento, nuestras leyes han intentado garantizar la conciliación mediante permisos laborales para trabajadores y trabajadoras, regulando las ausencias al trabajo para poder ejercer los cuidados. O dicho de otro modo: permiten no trabajar, para poder cuidar, obligando así a elegir entre el trabajo o el cuidado.

Esto es algo que las mujeres entendemos especialmente, puesto que los cuidados (el trabajo doméstico, la crianza, la atención a dependientes…) nos limitan aún más a la hora de establecer nuestras prioridades de vida. Somos nosotras las que, de manera casi segura, tenemos que elegir entre trabajo o cuidados, entre trabajo o hijos e hijas, padres… Cuando no debería ser así. Nuestra sociedad, aún más, tras el 8M, reclama que la corresponsabilidad sea efectiva, que no se nos presuponga a nosotras esa elección entre lo que querríamos que fuera nuestra vida y la de los demás. Que no tengamos que priorizar a quienes queremos, por encima de nosotras. Los cuidados deben ser entendidos de manera colectiva, y no como una cuestión que nos afecta a cada una de nosotras de manera individual.

La Ley de Trabajo Corresponsable es pionera en su enfoque y pretende que trabajadores y trabajadoras sean dueñas de su tiempo y que puedan trabajar, cuidar y tener vida personal sin necesidad de elegir… Regula el derecho a la presencia en el trabajo (no las ausencias o permisos) haciendo compatibles las jornadas con los cuidados, con la maternidad y la paternidad y con nuestra vida personal. Además, la flexibilidad deja de ser monopolio de la empresa para dejar en manos de trabajadores y trabajadoras la adaptación de jornadas, horarios y turnos de trabajo.

Por todo esto, bienvenida sea esta Ley de Trabajo Corresponsable, elaborada desde el conocimiento de lo difícil que es para nosotras compatibilizar nuestra vida personal y laboral sin tener que renunciar a ninguna de las dos. Porque la España de futuro, la España del 8-M, quiere que las mujeres estemos al frente de nuestras vidas, sin tener que elegir entre nuestro trabajo y nuestros hijos, siendo dueñas de nuestro tiempo, con una mirada feminista.