Otras miradas

Mirar hacia afuera debe permitirnos aprender para hacer aquí

Tinixara Guanche

Parlamentaria de Elkarrekin Podemos

Esta semana pasada hemos tenido la oportunidad de acompañar a Save The Children a Belgrado, a realizar una visita a los proyectos que se financian desde el Gobierno Vasco en los Balcanes.

Los Balcanes han sido un espacio de tránsito histórico, la frontera entre distintas culturas, una zona de guerras, conflictos y personas refugiadas que aún tiene heridas recientes, heridas que se abren con las nuevas oleadas de personas que llegan, esta vez, desde tierras más lejanas, en busca de una vida mejor.

A día de hoy, Euskadi también es tierra de tránsito, y en este sentido, durante este viaje, hemos podido constatar que tiene más en común de lo que podría parecer con Serbia.

Niños migrantes juegan en un campamento de refugiados en la frontera entre Serbia y Hungría. REUTERS/Marko Djurica
Niños migrantes juegan en un campamento de refugiados en la frontera entre Serbia y Hungría. REUTERS/Marko Djurica

Y lo tienen porque son  tierras de tránsito de personas que de un modo u otro se quedan atascadas. Se atasca su futuro y su presente en espacios donde muchas no quieren estar pero en los que se ven obligadas a quedarse.

Lo tienen porque en sus márgenes hay personas que llegan exhaustas y perdidas, y necesitan descansar y para ello, se han de habilitar espacios que lo permitan.

Lo tienen sobre todo, porque ambas son destino para niñas y niños que viajan solos, que son vulnerados.

Niños que hoy están hacinados en Bizkaia, van a ser acogidos con la puerta entreabierta en Araba y en Gipuzkoa, pasan a un lado y otro de la frontera sin mayor control pero sobre todo sin protección, y son grabados sin tapar si quiera la cara, por la televisión pública vasca.

La protección de la infancia es trabajar como hace Save The Children en muchos sitios, también en Euskadi, porque los niños tengan descanso y puedan permitirse el lujo de ser niños y adolescentes aunque sea un rato, estar relajados, descansar, saberse seguros y acompañados, protegidos,...aunque sea por un ratito, que no es poco.

Trabajar eso si, por la protección a la infancia, es hacerlo en Serbia y hacerlo en Bosnia o Melilla, pero también hacerlo en casa.

Es urgente una mirada sobre el tipo de protección que estamos dando a los niños, niñas y adolescentes en Euskadi, es urgente que miremos con los mismos ojos sensibles, a quienes están en tránsito y a quienes vienen a quedarse para hacerles sentirse seguros sin olvidar que, a pesar de estar muchos de ellos en la muga legal de la mayoría de edad, son niños y no solo merecen, sino que tienen derecho a un trato digno y a una acogida integral que les permita construir futuro.

Este viaje y esta experiencia nos ha hecho aprender lo necesario de una mirada y de un control de los datos, las rutas y los flujos pero también, de lo importante de los pequeños pasos, de las sinergias y de los acuerdos para poner en valor y proteger a niñas, niños  y adolescentes de las vidas tan duras que les han tocado porque es su derecho y nuestra responsabilidad.