Opinión · Otras miradas

Soltad las pancartas, sinvergüenzas

Andrea Momoitio

Periodista remasterizada y coordinadora de @pikaramagazine

“Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas, Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista”, escribía Galeano en ‘Patas arriba. La escuela del mundo al revés’. Podríamos copiar y pegar sus palabras para hablar de prácticamente cualquier cosa hoy. Yo ya no entiendo nada. Miro a mi alrededor y, de verdad os lo digo, no entiendo nada. Si hablamos, además, de violencia contra las mujeres*, los fenómenos paranormales se suceden uno tras otro: en las instituciones, en la calles, en los medios. El discurso de políticamente correcto ha asumido las reivindicaciones feministas mientras este año, según datos de feminicidio.net, 89 mujeres han sido asesinadas en el Estado español. En los bares ya no se puede presumir de pegar hostias a las mujeres, pero 89 hombres han asesinado este años a sus parejas. El contador se pone a 0 cada 1 de enero porque no podríamos soportar las cifras totales. No cabrían en los titulares. No podríamos asumir tal fracaso y, claro, ponemos el contador a 0 para seguir adelante sin tanta culpa ni vergüenza. Lo cierto es que todo ha ha cambiado mucho, aunque no sea suficiente, desde que Ana Orantes denunciara en televisión, en 1997, los golpes y las vejaciones que había sufrido por parte de su exmarido durante su largo y violento matrimonio. Trece días después, fue asesinada. Su historia conmocionó a una sociedad que ya no se conmociona tanto, acostumbrada al chorreo de víctimas como quien se acostumbra en Bilbao a la lluvia, una sociedad que lleva la chapa morada desteñida y no se la quita del jersey más por pereza que por convicción.

Qué desolador es todo. La organización Mugarik Gabe hizo recientemente un análisis de cinco medios de comunicación vascos para observar cuál era el tratamiento que hacían de las violencias machistas. Sabemos, pues, que su/nuestro papel es imprescindible para tratar de despertar la ciudadanía. En este estudio, además, pusieron especial interés en recoger qué discursos proponían las instituciones y los partidos políticos en estos medios cuando se les preguntaba sobre algún aspecto relacionado con las violencias machistas. El resultado de la investigación es una publicación en la que se preguntan si los medios informan o desinforman. Las conclusiones no llaman especialmente la atención por novedosas. Las periodistas feministas llevamos décadas denunciando la falta de formación de nuestros compañeros y compañeras, pero es muy útil poder basarnos en datos como los que ofrece ahora también Mugarik Gabe para seguir defendiendo nuestra apuesta por una manera distinta de contar las violencias machistas: no se consultan a fuentes expertas, todavía nos encontramos errores terminológicos, siguen presentes muchos mitos en torno a la violencia y es muy habitual la falta de contextualización de las informaciones que se publican. Nada que no supiéramos ya, pero hay algo que sí me ha llamado mucho la atención en el estudio. Algo con lo que convivimos, pero no deja de resultar terrible. Las compañeras de Mugarik Gabe lo recogen así: “Un aspecto que nos parece relevante es que en los últimos años, sobre todo en casos de feminicidio o bien casos con mucha repercusión social de violencia sexual, las  instituciones salen a la calle con una pancarta para la denuncia y solidaridad con la mujer que ha sido víctima. Han tomado una herramienta propia de los movimientos sociales para denunciar y solidarizarse”. En los días previos al 25 de noviembre, esa jornada milagrosa en la que todas y todos se lamentan por las mujeres asesinadas, yo solo quiero decir algo alto y claro: Soltad las pancartas, sinvergüenzas. Porque, que a mí alguien me lo explique, ¿ante quién nos manifestáis? ¿Contra quién? ¿Para qué? ¿A quién apeláis con vuestros lemas vacuos? ¿Quién pretendéis que venga a hacer vuestro trabajo? Es un de un cinismo que da muchísima vergüenza ajena. Hace unos meses, en Bilbao, Maguette Mbeugou fue asesinada delante de sus hijas. El alcalde de Bilbao se acercó entonces a la manifestación y declaró que “malnacidos” como este asesino no eran bienvenidos en la ciudad. Me gustaría saber qué habría argumento si este malnacido hubiera nacido en esta ciudad de postín, pero, sobre todo, me preguntó a qué se dedica en sus horas de trabajo, qué hace para evitar más asesinatos. Y me refiero al alcalde de Bilbao porque es al que tengo más a mano, pero pueden darse por aludidos todos. Algo harán, no te digo yo que no, pero seguro que no es suficiente.

Nuestras 89 muertas, solo las de este año, evidencian su fracaso.