Opinion · Otras miradas

¡Levantemos un muro antifascista!

Eduardo Cáliz

Abogado y ex-miembro del Secretariat Nacional de la CUP

Casi 400.000 personas han votado un partido que legitima la dictadura de Franco, que derogaría la ley de violencia de género, que considera diferente una persona en función de su lugar de nacimiento, que suprimiría la autonomía de Andalucía (y del resto del estado)y seguro, que sí, que volvería a matar a Garcia Lorca, que enviaría de nuevo al exilio a Antonio Machado y que volvería a matar a Garcia Caparros por defender la blanca y verde. A esto, le sumamos los votos de los que singuen sin condenar la dictadura y que ponen las empresas y el mercado como eje vital de la población. Sin que hubieran pasado 24 horas de este desastre democrático Felipe González nos deleita con este titular “no hay que preocuparse tanto por Vox porque hay ultraderecha en toda Europa”.

Militantes y simpatizantes de Vox celebran los resultados en las elecciones andaluzas en un hotel de Sevilla. EFE/Rafa Alcaide
Militantes y simpatizantes de Vox celebran los resultados en las elecciones andaluzas en un hotel de Sevilla. EFE/Rafa Alcaide

El mensaje de quien fuera líder europeo de la socialdemocracia nacida como muro de contención de los países socialistas, de las revoluciones de izquierdas de América latina, de África y del mundo árabe, es el lógico si tenemos en cuenta el propio origen y evolución de esta socialdemocracia que bebía de la fuente de frenar el comunismo y una vez seca la fuente pasó ella a ser la fuente del fascismo.

El atado y bien atado que motiva la constitución del estado español es precisamente el candado para que solo tengan cabida dentro de este articulado los mensajes insulsos, desideologizados, asumiendo el lenguaje, la política y hasta las manifestaciones de la derecha. Y así, poco a poco, la desidia, el pesimismo y la desesperanza se instalan en las clases populares. Porque para aquellos que no tenemos garantizada una pensión cuando nos jubilemos, para aquellos que el paro es la noticia de cada día, para aquellos que no pueden acceder a una vivienda, ni de compra ni de alquiler,  para aquellos que no podemos ahorrar, y para aquellos que no podemos poner la vida en el centro no nos sirven maquillajes baratos, ni bisutería para adornar un poder al servicio de las grandes empresas del Ibex 35 y de los terratenientes propietarios de las tierras, necesitamos cambios estructurales, cambios que quedan fuera de la constitución, todo lo demás es desilusión. En las últimas elecciones catalanas con proyectos independentistas y también de transformación social, de clara ruptura con la constitución, la participación fue del 82%, en las elecciones andaluzas donde no había ni el más mínimo rastro de ruptura con el régimen del 78, y donde no se había trabajado previamente un movimiento claramente rupturista, la participación ha sido del 55%.

Durante estas horas que han pasado desde el día 0 para Andalucía mucha gente han repartido culpas: el independentismo, el feminismo, el movimiento LGTBI; pocas autocriticas y menos propuestas. Y es que desde la izquierda tenemos que ser consciente que la constitución española no era una puerta a las libertades sino un límite a ellas, a las aspiraciones de igualdad de la clase trabajadora, a la autodeterminación de los pueblos del estado y a la democracia, todo ello bajo la atenta mirada de la monarquía borbónica que seguro no emitirá un mensaje de urgencia para combatir el racismo, la xenofobia y el machismo, como hizo el 3 de octubre contra los que ejecutamos un referéndum de autodeterminación desafiando las porras de Guardia Civil y Policía Nacional.

Las calles andaluzas se empiezan a llenar de manifestaciones en repulsa a la presencia, vomitiva, de la ultraderecha en el parlamento; hoy nos despertamos con la noticia que Macron cede ante las protestas (por todos los medios) de los chalecos amarillos en Francia, las calles de Barcelona se volvieron a llenar de gente en apoyo a los presos políticos catalanes que han iniciado una huelga de hambre. Desde  cada uno de nosotros, de las personas, organizaciones y movimientos de izquierdas se debe luchar, por todos los medios y sin complejos, por el fin del régimen del 78, y esta llave para abrir el candado nos la da a cada uno de los pueblos del estado la lucha por las soberanías y el derecho de autodeterminación y nos lo cierra cada vez que legitimamos las instituciones que nacieron herederas de los principios generales del movimiento y los partidos que la hicieron posible y las han mantenido durante estos años.

“¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!”
Rafael Alberti