Opinion · Otras miradas

La semana patriarcal

El título de este artículo, en parte, se queda corto. Es obvio que cada día refleja la desigualdad entre hombres y mujeres, pero esta semana fue patriarcal en mayúsculas.

Manifestación feminista en Madrid. REUTERS/Sergio Perez
Manifestación feminista en Madrid. REUTERS/Sergio Perez

Vox. Empezamos con la victoria de VOX, con su racismo, homofobia y machismo. El partido que no había hecho ni una propuesta de su programa electoral pensando en Andalucía conseguía doce escaños. Algunas personas empezaron a abrir los ojos sobre las medidas que defienden, muchas anticonstitucionales y en contra de los propios derechos humanos. Están contra casi todo. Obviamente, también contra las feministas, a las que consideran subvencionadas. Lo dice un partido cuyo líder, Abascal, tiene un amplio cv de vivir de la política, y de aquella fundación creada con el apoyo de Aguirre (PP), donde cobraba más que el presidente del Gobierno. De cerca, en las elecciones, el PP de Casado y el empujón de Ciudadanos. En resumen, en Andalucía, tenemos un PP que quiere volver a la ley del aborto del 85, un Ciudadanos que encabeza la defensa de los vientres de alquiler, y un VOX que quiere anular la ley de violencia de género. Al día siguiente, en O’Grove un maltratador con ¡orden de alejamiento! intentó asesinar a su expareja. Estas son las víctimas que ignora este patriarcado político en estado puro.

La Manada. Dos días más tarde, la sentencia de La Manada. No es unánime entre los magistrados. Esta vez, dos han visto agresión, pero la mayoría falla que es abuso. Es decir, sigue la justicia patriarcal. Se han hecho muchos análisis, pero en relación a este tema me gustaría recordar esto.

En noviembre pasado la Comisión de Justicia no llegó a un acuerdo para equiparar agresión sexual y abuso. Y no se llegó a acuerdo justo porque el debate se centró en el tema del consentimiento, a pesar de que el Convenio de Estambul, que España lo tiene firmado, es tajante al respecto y debe de aplicarse. A nivel parlamentario surgió el debate. Una de las grandes oposiciones venía del PP.

En una noticia de La Sexta se indicaba que “la portavoz de Justicia del PP en la Cámara Alta, Esther Muñoz”, había “mostrado su oposición a vincular los delitos sexuales a la falta de consentimiento expreso y ha alertado que, haciéndolo, el consentimiento tácito podría ser interpretado como una violación”. «El feminismo no es eso, no se defiende a las mujeres quitando derechos a la mitad de la población», decía. También añadía que su grupo parlamentario «no comparte el discurso de odio a los hombres». Aún hay representantes que desconocen que somos las mujeres las que partimos en desigualdad de derechos y que no es un discurso de odio hacia los hombres, sino hacia el patriarcado. Si hablamos de odio, hablemos de la misoginia.  A nosotras nos asesinan, nos violan, nos acosan y nos maltratan por ser mujeres. Las juristas feministas que se dejan la piel en defender a las víctimas saben lo que hacen y dicen, respaldadas por convenios internacionales y por la constitucionalidad de la ley de violencia de género. Hablaremos de justicia patriarcal hasta cambiarla. Porque no es justicia la que desprotege a la mitad de la población.

El mismo día de la sentencia de La Manada surgen dos temas más.

Juana Rivas. La Audiencia de Granada rechazó traer a España la denuncia de maltrato. Era de esperar porque los hechos no sucedieron aquí, sino en Italia. La defensa de Rivas lo plantea porque observa que el país no tiene disposición a actuar. No se equivoca en ello. Recordemos que Estrasburgo condenó a Italia por su ineficiente lucha contra la violencia machista. Ojalá la justicia española hubiese sido tan rápida en responder como cuando ella denunció en Granada, tras abandonar Italia, y guardó aquella denuncia en un cajón, sin tramitar inmediatamente, como indica el Estatuto de la Víctima.  En las semanas anteriores, salió un informe de la perito italiana, sin ser especialista en género, que desacredita a Juana. El informe está en la línea del machismo que predomina en el país y recupera el SAP que la ciencia niega. Quien tiene experiencia, y de sobra, como experto de violencia de género es el forense Miguel Lorente. Y él aportó antes un informe sobre Juana totalmente diferente al de la perito italiana.

Leticia Dolera. Y el segundo, que coleaba desde hacía semanas, fue el comunicado de Leticia Dolera sobre el caso del embarazo de Aina Clotet. Después de tanto odio y basura en las redes, al menos, quienes profesionalmente nos dedicamos al periodismo, deberíamos dejar de un lado determinadas mentiras y, sobre todo, incidir en algunos puntos porque el brutal ataque al feminismo nos afecta a todas. Hay medios que siguen hablando de despido cuando no hubo contrato. Jurídicamente, no vale. Hay medios que están ignorando la opinión de feministas como la filósofa Ana de Miguel, de directoras como Gracia Querejeta e Icíar Bollaín o la actriz Berta Ojeda, que tienen en consideración los argumentos de Leticia. Cuando una ve contradicciones en un punto de partida, leer a ellas ayuda a contextualizar y a calmar. Y yo no voy a decir que sé más del audiovisual, sus reglas y métodos de trabajo, que ellas. Son las expertas. He aprendido situaciones y circunstancias que ni contemplaba.

Leí en algún sitio: “usa los mismos argumentos que un empresario”. Aquello me recordó a cuando nos dicen que no hay peor enemiga para una mujer que otra mujer, cuando es una mentira como una catedral. Volviendo al foco, el empresario misógino no tiene a casi un 70% de su equipo compuesto por mujeres, como el de esta serie. Equipo que, a diferencia de esos empresarios, tenía a mujeres embarazadas que nadie menciona. Prefiero reservarme cuando leo comentarios de pureza feminista y de respeto de derechos laborales a mujeres que colaboran en medios muy patriarcales, respaldan a jefes machistas y a quienes colaboran gratis, quitando trabajo a mujeres periodistas profesionales y mermando sus condiciones.

El equipo de la serie (insisto, con compañeras embarazadas que formaban parte) ha explicado, también, su visión. Asociaciones de mujeres del audiovisual han aportado el punto de vista de cómo la industria y sus dinámicas influyen. Parece que a ninguna se les hace caso. Es más fácil para seguir el camino de las opiniones gratuitas. También hay que contextualizar que lo de Dolera no es una sitcom, ni una peli de dos horas, ni esto es Hollywood. Es una serie de más de cuatro horas y media, que llevaba años de coordinación y creación, antes de salir su libro, por cierto. Se puede estar de acuerdo o no con la decisión adoptada, pero Dolera no es Coppola, que pone y quita. Ella no pone la pasta, es una curranta más del proyecto, una asalariada. La decisión no es de ella al 100%, hay una productora y un equipo detrás que también tiene voz, pero hay intereses en que caiga solo su cabeza. A Clotet se le ofreció otro papel que rechazó y que, al final, fue interpretado por otra embarazada.

Dolera no viene de la burguesía, viene de la clase trabajadora, de una madre soltera. Ninguna de nosotras nace anticapitalista ni feminista, y lo somos con el paso del tiempo y la toma de conciencia. Algunos parecen conocerla de ahora pero Dolera, hace años, ya fue víctima cuando nadie se interesaba, y se le cerraron muchas puertas por ser una mujer que no se callaba en la industria del cine. En el mismo comunicado se dice que acordaron denunciar en bloque el tema de los seguros. Aunque no creo que ella deba asumir todo este peso cuando hay asociaciones de mujeres en el cine que llevan años de lucha. Nuestras acciones siempre deben ser asociativas, en conjunto.

A pesar de los comunicados de Aina, Leticia y el equipo de la película, sobre ello habrá más que no se podrá contar. El tiempo aclara mucho. Esto no es un enfrentamiento de mujeres, que quede claro. Es el inicio de la búsqueda de soluciones dentro de la propia industria. Pero también el inicio, como apuntaba Gracia Querejeta, de respetar los procesos de todo un equipo y la creatividad. Los casting ya son «discriminatorios» de base por los perfiles que se buscan, no es comparable con cualquier empresa. Hablamos de crear personajes a través, en parte, de un cuerpo… y hay claúsulas, por cierto. Habrá que buscar soluciones eficaces para las actrices embarazadas y los seguros, y que las mujeres feministas de la industria no se vean entre la espada y la pared, teniendo sobre sus hombros la responsabilidad de un equipo que se puede quedar en la calle. Equipo también con mujeres, y algunas, embarazadas.

Sé que hay compañeras que me han puesto de vuelta y media. Quienes bien me conocen saben que jamás apoyo ninguna injusticia venga de Dolera, de Davis, de mi amiga del alma o mi hermana. Y que señalo y huyo del feminismo de marketing a la menor sospecha. No es es el caso, ni por asomo. Dolera y yo solo hemos coincidido una vez en persona, en una entrevista, el año pasado. Pero soy periodista, y me documento, y pregunto, y jamás opino sin saber lo que hay detrás. Y en este caso, lo sé. Algún día escribiré sobre esta tendencia a machacar a feministas. Recuerdo que Dolera y todas somos feministas, pero vivimos de nuestro trabajo. El patriarcado y el capitalismo, en nuestro día a día, puede con nosotras en muchas situaciones. Que levante la mano quien esté a salvo porque no me lo creo. Aquí ha sido “fabuloso” ver posicionarse a machistas en redes de forma pública, los mismos que por privado acosan a mujeres y las tratan de objetos sexuales. Los mismos a los que los embarazos de sus parejas o compañeras de trabajo les importa un pimiento. Y ha sido “fabuloso” ver a feministas defenderlos. Pero así es el patriarcado y los falsos aliados, no podemos esperar nada nuevo.

Esto fue solo la semana visible, la de los medios. En mi buzón, como no lo dudo que ocurrirá igual en el de muchas compañeras, me llegan mensajes de otras mujeres maltratadas. Y es que el patriarcado que no llega a los medios no es solo semanal. Es diario. Es a cada hora. Es cada minuto.