Otras miradas

Por un Gamonal constituyente

Álvaro Aguilera Fauró

Miembro de la presidencia de IUCM

Álvaro Aguilera Fauró
Miembro de la presidencia de IUCM

El patio político patrio está revuelto y no es para menos. Nos hallamos en un cruce de caminos cuya resolución conduce a un camino de difícil retorno, un camino que puede inclinarse por la Restauración del viejo sistema o la instauración del nuevo orden, que diría Gramsci. Nos lo jugamos todo en el combate y, de aquí al verano, se dirimirá buena parte de la contienda. Hay que ponerse las pilas.

El nuevo orden gramsciano no surge —ni podrá surgir nunca— de la nada o de la inexistencia de una organización política pensada para la hegemonía, pero aún menos podrá nacer de la reacción preventiva ante el brote de iniciativas que aspiran a disputar el poder político. Para ser hegemónicos hay que ser generosos y audaces.

La organización llamada a impulsar el cambio de orden y la vertebración de un poder instituyente que confronte con el modelo de neoliberalismo salvaje del bipartidismo español (con sus ramificaciones de derecha nacionalista en los pueblos del Estado) debe ser Izquierda Unida. Por su historia —y la del Partido Comunista—, el valor de su militancia, la fuerza de sus ideas y sus expectativas electorales, las personas que formamos parte de esta organización tenemos la responsabilidad de saber leer el momento político y afrontar el reto que supone la descomposición del actual régimen para evitar la llegada de esa Restauración (monárquica y capitalista) que aplastaría toda clase de derechos y cualquier posibilidad de transformación. Ahora bien, una cosa es el impulso y otra bien distinta la lucha en solitario.

Esta labor no es asunto exclusivo de IU. En ese sentido, la aparición de nuevos actores sociales y políticos obliga a una reflexión profunda y despejada de complejos o rencores. Sería oportuno ver estos fenómenos como una oportunidad y no como un obstáculo. El objetivo a corto y medio plazo no puede ser la pervivencia y mejora de unas siglas, sino la voluntad de transformar. Me importaría un bledo que IU subiera al 20% o al 25% si esa subida electoral no fuera acompañada de la construcción de un poder creciente capaz de subvertir la correlación de fuerzas y devolverle al pueblo la soberanía y la ilusión por vivir. Si queremos contribuir a construir un movimiento que referencie el cambio, si pretendemos ser la punta de lanza de la rebelión democrática, toca tender la mano, ser generosas y abandonar el identitarismo barato.

No se trata de hacer acuerdos por arriba en las sedes, sino de articular un frente que aglutine todo lo que confronta con el actual sistema. Para ello, hay una fecha que no podemos ignorar ni dejar pasar de largo: el 22 de marzo de 2014, día de las marchas por la dignidad.

Es de vital importancia que Izquierda Unida, los sindicatos y todo aquello que se reclama de la izquierda se vuelquen en esta cita. Es imprescindible que pongamos toda la carne en el asador y participemos en la convocatoria de Asambleas Populares que desemboquen en un Gamonal Constituyente contra el poder financiero y sus secuaces. Esa es la tarea inmediata y nadie sobra en el camino. Cuantos más mejor.

No es mi intención hacer un discurso hueco y manido sobre la convergencia electoral y la necesidad de estar en la calle. Ni tan siquiera sobre la unidad de la izquierda. Pero sí me parece importante dejar claro que el 22 de marzo tiene que ser el vector que reabra el juego político y el pulso al poder con mayúsculas.

Es urgente que aprendamos de Burgos. Es urgente que, tanto unos como otros, prestemos menos tiempo al marketing y al electoralismo miope y nos centremos en construir la alternativa popular que traiga el cambio.

Las elecciones europeas vendrán luego y serán, en gran medida, un reflejo del impacto de las luchas emprendidas y de la capacidad de las organizaciones políticas para aglutinar las reivindicaciones de la mayoría social. Es ilógico que no converjamos electoralmente con aquellos y aquellas que comparten programas y objetivo, con aquellos y aquellas a los que encontramos en las calles. La metodología no debe ser un obstáculo para ello. Si esa es la excusa, mal empezamos, pero tiempo habrá para entrar en razón.

Ahora es el tiempo del Gamonal constituyente y de nada más: la conformación del tsunami que arrastre todas las mareas para poner contra las cuerdas a los saqueadores del país. Esa es la vía para acabar con el conservadurismo institucionalista y con los palos en las ruedas que interponemos con demasiada frecuencia, dentro de IU y fuera de ella, en la rueda de la izquierda. Si no hacemos el trabajo, vendrán otros de colores distintos a absorber el descontento.

La salida a ese atolladero no encontrará su embrión en un apaño electoral cortoplacista. De esa toma de conciencia emanará un proceso desde el centro del conflicto hacia las propias organizaciones en la conformación de un programa de disputa del poder.  La oportunidad histórica radica, más allá de elecciones, en la posibilidad de convertir el marco de las europeas en el laboratorio para una nueva forma de participación política y de elaboración colectiva. O dicho de otro modo, en la construcción de una organización refundada para devolver la palabra al pueblo en detrimento de los viejos esquemas, los personalismos y los diplodocus.

Las elecciones habrán de ser la culminación de ese proceso. No pongamos los garbanzos sin que el agua hierva. Nuestra responsabilidad es inmensa y es el momento de acertar.

En nuestras manos está. Sólo podemos perder las cadenas si lo hacemos.