Opinión · Otras miradas

Querido niño

Nos llenamos mucho la boca hablando de educar en igualdad pero cuando llega la hora de la verdad, la prueba de fuego definitiva, la Navidad, pocas familias se atreven a romper la normalidad hegemónica de los juguetes sexistas. Saltarse las reglas no es nada fácil. El otro día, mientras visitaba un par de áreas comerciales ávidas de madres y padres buscando los regalos que depositaría Papá Noel en sus respectivos árboles, el área masculina (y por tanto, de juguetes que implicaban acción) aparecía perfectamente delimitada de la zona rosa, la de los cuidados, el reino de las niñas, como dos mundos separados por un inmenso río de aguas bravas que hay que cruzar a nado luchando contra todas las inclemencias de la sociedad. La travesía es durísima y pocos adultos se atreven aún hoy a regalarle algo rosa a un niño. Pero en mi casa este año ha ocurrido algo excepcional, algo que ha hecho que crea en la magia de la Navidad y en la de los Reyes Magos, algo que hace que confíe en la virginidad de María y en la de todas mis amigas antes de los 16. Mis padres le han regalado una muñeca que llora a su único nieto varón y yo un set de limpieza, con su escobita, su fregonita y su cubito, y mientras veía a mi sobrino acunar a su bebé y pegar fregonazos contra cualquier objeto o persona, sentí que algo bueno habíamos hecho por el futuro de la humanidad.

Hace unos días leí Querida Ijeawele el librito, por breve, que Chimamanda Ngozi Adichie escribió para ayudar a una amiga a educar a su hija en el feminismo. El libro rechaza los dogmas y lanza una serie de recomendaciones para que las niñas y las madres se puedan enfrentar a situaciones cotidianas de machismo y revertirlas, en la medida que les corresponde, desde bien pequeñas. Aunque el libro es maravilloso, leyéndolo me di cuenta de todo el tiempo y esfuerzo que invertimos en las niñas para que sean capaces de esquivar el sexismo y las pocas energías destinadas a encargarnos de que los niños no adquieran patrones machistas de comportamiento ni admitan los comportamientos reprobables de otros hombres. Es cierto que el machismo existe desde antes de que los nuevos hombres y mujeres fuesen lanzados al mundo. Mucho antes de que mi querido sobrino naciese. Muchísimo antes de que todos los niños fuesen siquiera conscientes de que llevaban el privilegio entre las piernas. Por eso tenemos que empezar a fijarnos más en los hombres y en su educación, tenemos que esforzarnos por cambiar la masculinidad con similar ahínco al menos, con el que nos esforzamos en empoderar a las chicas. Es urgente que ellos cambien para que nuestro cambio sirva para algo. Es urgente liberarlos de la carga de la masculinidad hegemónica heterosexual.

Chimamanda le explica a la hija de su amiga las cosas a las que se va a tener que enfrentar porque es un niña. Y yo, querido niño, seas quien seas, intentaré adelantarte algunas de las cosas que te van a ocurrir “porque eres un niño” y te daré varias herramientas de fácil uso para que te enfrentes a ellas.

  • Deja de hacer cosas “porque eres un niño”. Rechaza los roles de género. Llora. Emociónate. Llega a la adolescencia con amigos y amigas a los que les puedas contar que te han partido el corazón.
  • No te burles de las chicas, al menos no más que de los chicos y, sobre todo, no te burles de ellas por el hecho de ser chicas. Sabemos que hay mujeres idiotas pero no son idiotas por ser mujeres. No aproveches esta circunstancia para descalificarlas por su sexo. Los insultos machistas son muy del siglo XX, de Arévalo, de Bertín y de Martes y 13. Sé más ingenioso.
  • Si presencias comentarios o actitudes machistas de otros hombres, enfréntate a ellos, y si esto te pone en riesgo a ti, no les rías las gracias. Actúa de oficio ante la violencia machista. Denuncia.
  • Al igual que a las chicas el amor romántico no te salvará, así que no exijas disciplinas absurdas y no controles. No quieras convertirte en ese señor al que su mujer odia.
  • Juega con las chicas y juega a “cosas de chicas”. Esto no te volverá gay, aunque tampoco evitará que lo seas.  Exactamente igual que pegar patadas a un balón.
  • Practica deporte “femenino”. Prueba, aunque solo sea por jugar. Te ayudará también con tus inseguridades físicas. A lo mejor no eres el más fuerte, ni el más alto, pero puede que sepas bailar o tengas un gran equilibrio.
  • Puedes maquillarte, vestirte con ropa de tu madre, puedes ponerte tacones y pintarte las uñas. Puedes ser femenino o puedes ser masculino. Puedes ser gay o heterosexual porque este tipo de cosas no construyen la orientación sexual. Kurt Cobain se maquillaba. Y Freddy Mercury. Y los Rolling Stones.
  • ¿Qué problema hay con ser gay? Ni tus padres ni tú podréis decidirlo, te lo aseguro. Si yo pudiese hacerlo hace años que evitaría colgarme de hombres.
  • Del mismo modo que juegas con muñecas consume cultura hecha por mujeres. Lee a autoras y mira series “de chicas” porque absolutamente toda la cultura del planeta se ha construido sobre el universal masculino. Mi personaje preferido de Girls es un chico que se enrolla con varias de las protagonistas. Bendito Adam.
  • Puede que haya mujeres que esperen que tomes la iniciativa en las relaciones afectivas y sexuales. No lo hagas por decreto. Las mujeres tienen que aprender a hacerlo. Facilítalo para que no se sientan incómodas. Demasiados siglos de represión nos han vuelto un poco moñas.
  • No te corresponde pagar la cuenta en cada cita. No crezcas pensando que tienes que ser el proveedor de nadie. Tu dinero es tuyo. Lo ideal es pagar a partes iguales o dejarlo según el día o las posibilidades de cada uno. Las relaciones más bonitas y sinceras son las igualitarias. Si a alguna mujer esto le parece poco romántico: huye.
  • Cede y comparte espacio. Cuando caminas a su lado, sonríe amablemente para mostrarle complicidad y si ves que la mujer acelera el paso, espera a que ella se marche o cambia de acera. No es tu culpa que haya asesinos machistas, cierto, pero tenemos miedo.
  • El bienestar de una mujer no depende de ti y de tu benevolencia, trátala como a un igual. No seas paternalista. No necesitamos que nos reverencien ni que nos defiendan con tonterías, necesitamos ser tratadas de igual manera.
  • Trata bien a tu madre o al menos trátala igual de mal que a tu padre. Tu madre no es tu asistenta.
  • Las mujeres no somos las privilegiadas de nada. No desconfíes de las artimañas de las mujeres poderosas porque son las mismas que las de los hombres poderosos. No pienses que tu jefa o tu profesora te van a regalar la vida.
  • No prestes demasiada atención a tu pene. Sé un amante bondadoso. Usa las manos, la boca y especialmente el cerebro.
  • Las chicas lesbianas no te desean, no intentan provocarte cuando se besan y no están deseando hacer un trío contigo.
  • Cuida tu lenguaje, incluso cuando seas romántico. Cambia princesa por reina, sol o estrella. Cambia “niña” por mujer. Usa calificativos que no disminuyan el poder y la independencia de la mujer. Te saldrá a cuenta.
  • Las mujeres pueden hacer todas las cosas que pueden hacer los hombres. Exactamente igual al revés. Tenlo en cuenta cuando pienses en lo que quieres ser de mayor.
  • No te intereses solo por las chicas que te gustan a la hora de establecer relaciones de amistad y, sobre todo, no las dejes de lado si te rechazan o dejan de gustarte. Nos damos cuenta.
  • Las chicas no están en el mundo para agradarte ni para gustarte. Tienen derecho a ser gordas, feas, brutas, y “poco femeninas”. Tienen derecho a no depilarse y a no vestir bien. Tienen derecho a darte asco.
  • En una relación íntima pregúntale si le agradas realmente, si le gustas o si lo hace para complacerte. Hemos sido diseñadas para agradar y ser dóciles. A veces fingimos para no herir vuestros sentimientos. Sé amable y facilita la situación si te rechazan.
  • Cede espacio. Aunque no te des cuenta, el 80 por ciento del patio está destinado a que los niños jueguen. Así en todas partes.
  • Hay muchos tipos de atractivo y de belleza y no a todas las chicas hetero les gustan los chicos musculosos.
  • La biología no determina nada. Ni sois siempre más fuertes ni desde luego más listos (te darás cuenta porque las mejores notas de la clase suelen ser cupo femenino). Tampoco sois más tontos, las mujeres nos esforzamos más porque para nosotras la formación sigue siendo un arma de supervivencia. Las normas sociales las crean los seres humanos, no la biología.
  • No dejes que tu identidad se sostenga sobre tu masculinidad.
  • No sois más promiscuos “por naturaleza”, he hecho un estudio de campo entre mis amigas. La promiscuidad masculina es un privilegio mientras a nosotras nos penalizaba y podía acabar con nuestras vidas. El adulterio femenino sigue estando penado con la muerte en muchos países del mundo.
  • No hay un sexo heterosexual normativo. Olvida la vergüenza. Lo que quieras probar o no dependerá únicamente de ti pero ninguna práctica sexual determina tu orientación sexual.
  • El sexo no es un acto de amor, tampoco para las mujeres, aunque es preferible que haya cariño, respeto y amistad. El cuerpo de la mujer le pertenece solo a ella, no hagas nada que le desagrade ni la obligues a hacértelo a ti. El porno son los Reyes Magos del sexo, que te lo creas, no significa que exista. No te ofendas si te piden que pares o te dicen “no”.
  • No todas las parejas tienen las mismas reglas. Quizá a esa chica o chico que te gusta le interesen las relaciones poliamorosas. Las chicas pueden quererte solo un ratito.
  • No pretendas conquistar la virginidad de ninguna chica. La virginidad ni se crea ni se destruye. La virginidad no tiene ningún valor. La virginidad solo ha sido un elemento de control para las mujeres.
  • La regla no mata y no debe ser motivo de vergüenza para las mujeres. Tampoco tienes que bañarte en sangre menstrual para ser aliado, simplemente no te comportes como un capullo si ves sangre.
  • ¿De verdad no te parece extraño que las mujeres no se atrevan a tomar la iniciativa? ¿No te gustaría que te dijeran “me gustas”, “quieres salir conmigo?” “me apetece besarte” o “¿te quieres casar conmigo?” A veces las mujeres esperan años a que sean los hombres los que tomen la iniciativa.
  • No aceptes chantajes “por el hecho de ser mujer” o para complacerla.
  • No todas las mujeres por estar oprimidas, son santas. Las santas, como las vírgenes, no existen. Las mujeres no son moralmente mejores que los hombres. Somos igual de malas, mezquinas y crueles lo que no sirve para negar nuestra situación de desventaja estructural. La violencia machista solo la pueden ejercer los hombres.
  • No todas las mujeres son feministas. Un drama como otro cualquiera.
  • Sé consciente de las desigualdades y de los privilegios.

Pasa la bola.