Opinion · Otras miradas

Barreras confesionales

Javier López Astilleros

Documentalista y analista político

Javier López Astilleros

El Corán Europeo es un proyecto del Instituto de Lenguas y Culturas del Mediterráneo y Oriente Próximo. El objetivo es analizar la influencia que tuvo el Corán en el pensamiento europeo a lo largo de diferentes épocas, desde la Edad Media-esa inmensidad de tiempo-hasta la Ilustración. Su coordinadora es la investigadora  Mercedes García-Arenal. Está dotado con 10 millones de euros procedentes de fondos europeos.

Pretende resarcirse Europa de su deuda intelectual con el Islam, pero no sabe cómo. Estamos ante un tiempo en el que Oriente Próximo es un cúmulo de molestias y fracasos, de corrupción y sectarismo. Es mucho más fácil y sensato reconciliarse con su legado, que con los musulmanes de hoy día. La cultura se respeta-qué remedio- mientras se ningunean los intérpretes de ese Corán Europeo, que resultaron ser en su mayoría habitantes de nuestra península ibérica.

Los inmigrantes musulmanes son los sospechosos. Sin embargo, la confluencia entre Oriente Próximo y Europa no se va a detener. Se acelera después de cada guerra.

Vemos fantasmas que amenazan nuestras identidades, aunque es obvio que el éxito de la aculturación se produce cuando hay pan y seguridad. Se escandalizan de tanta mezcla y confusión los guardianes de las purezas patrias, aunque solo cuando hay elecciones.

Los esfuerzos por la conciliación y la divulgación buscan un equilibrio más sano entre nuestra percepción del pasado y la realidad actual, sin embargo una multitud de grupos reclaman una identidad ungida por la pertenencia a un lugar ancestral, ligado a la tierra. Esto no debería ser motivo para dar la nacionalidad con carácter retroactivo, salvo cuando es por motivos ideológicos, como la otorgada a los sefardíes injustamente expulsados en el siglo XVI. Las reparaciones-como si la generación actual tuviera alguna responsabilidad- comienzan con Sefarad y deberían de acabar con los moriscos.

Hoy sin embargo existe una unión política que nos permite nacionalizar a los morenos. Nadie imagina ya a los fenicios Severos con el cetro de Roma, porque esta Europa es blanca y nórdica, para escarnio del Sur. Las confesiones trazaron una línea entre los dos Mediterráneos, y se acabó la promiscuidad.

El Corán Europeo es un himno un tanto provocador, porque el utilitarismo y el espíritu práctico no tolera traducciones religiosas de la contemporaneidad.

En realidad, lo más extraordinario que se produjo a partir de los libros sagrados, fueron las interpretaciones de aquellas personas que los tradujeron a un lenguaje científico y literario, aunque esas dos esferas del conocimiento eran casi una misma cosa.

Resulta que Europa lleva dentro la cultura islámica. También las legiones romanas llevaban el culto persa a Mitra, asimilado al sol. Y Asia se impregnó de helenismo, mientras el gran Alejandro vestía la tiara de todos los reyes que encontraba a su paso.

El Corán es un libro disuelto en una civilización desacralizada, que da la espalda a lo árabe y norteafricano como si fuera el ébola. Y lo que permanece de esa sociedad está tan elaborado, que es casi imposible reconocerlo.

Pero si existe un Corán Europeo, eso se lo debemos a unos polímatas que terminaron por secularizar el saber.

Siguen buscando hoy los neosalafistas explicaciones científicas en el Corán, como si fuera un libro técnico-milagroso, mientras desprecian todo pensamiento libre de condicionamiento social.

¿Existe un Biblia norteafricana, tal y como existe un Corán europeo?. Una basílica cristiana lleva el paganismo, porque sus proporciones son griegas. La transmisión de conocimiento es una deuda que no se salda de una época a otra, sino que se hereda.

También las catedrales están inspiradas en ciertos pasajes bíblicos. Y así podríamos seguir respecto a otras tradiciones culturales.

No se puede concebir un monolítico coránico, sino su disolución en algunas disciplinas, mientras que en otras guardan poca relación.

Es verdad que Europa lleva los libros sagrados. Pero éstos han sido interpretados, y ahí está la gracia y la clave.

Europa es depositaria de tres tradiciones culturales, pero es refractaria a una de ellas. Y no está claro que esto vaya a cambiar en los próximos años. Más bien todo lo contrario.