Opinión · Otras miradas

Bannon, embajador trumpista en Europa

Luis Moreno

Profesor de Investigación del Instituto de Políticas y Bienes Públicos (CSIC)

Es, cuando menos, un tipo peculiar. De presencia desaliñada y mirada chulesca ha demostrado en modo inapelable su influencia política en la rearticulación de la propuesta neoconservadora que triunfó electoralmente en los USA de Ronald Reagan (1981-1989) y el UK de Margaret Thatcher (1979-1990). El estratega Bannon ha revitalizado en los últimos años el discurso reaccionario de los Donald Trump, Boris Johnson, Marine Le Pen, Matteo Salvini, Viktor Orban, Jimmie Åkesson o Jair Bolsonaro, algunos de los líderes populistas que ahora nos acompañan en el panorama político internacional.

Steve Bannon se ha ganado por derecho propio la reputación de ser un eficaz ideólogo del trumpismo global. Nuestra atención en este artículo se concentra en sus labores de apostolado y proselitismo en el Viejo Continente. Entre otras iniciativas, auspicia en Europa The Movement, con sede en Bruselas, y cuya intención final no es otra que la de socavar y destruir, en última instancia, a la Unión Europea. También asesora al Dignitatis Humanae Institute cerca de Roma, el cual aboga por un catolicismo de corte integralista enfrentado con la ideas modernizadoras del Papa Francisco abiertas, por ejemplo, a acoger en la Iglesia a homosexuales y divorciados.

La primera salvedad que debería hacerse respecto a Bannon es que no es un fascista in strictu sensu.

Puede resultar excesivo para el lector aseverar, aún en un lenguaje mediático provocador, que Benito Mussolini, fundador del Fascio italiano contemporáneo, tampoco lo era en un primer momento. Más bien fue un agitador político pragmático que, tras su Marcha a Roma de 1922, se hizo con el poder del gobierno italiano con la aquiescencia de la monarquía de los Saboya y, años más tarde, impuso un régimen totalitario basado en el matonismo y el despotismo personalizado. Su posterior deriva como mamporrero de las atrocidades de Adolf Hitler, y corresponsable del peor episodio de la historia de la humanidad (Shoah), resta como testimonio inmarchitable de la banalidad del mal.

Como miembro de la comisión de examen de una reciente tesis doctoral, pude aprehender tras la lectura de la disertación de Simone Giannatiempo, Le radici liberal-nazionaliste del fascismo, que el origen y evolución del movimiento fascista italiano estuvo indisolublemente ligado al precedente entramado cultural, jurídico e histórico italiano (Risorgimento unificador).

Sirvan las anteriores líneas y reflexiones como preámbulo y referencia académica al desarrollo del corpus ideológico iliberal representado por Steve Bannon, cuyo encarnación política representa el pragmático Donald Trump. El multimillonario neoyorquino es fiel a un proceder político que no se atiene a propuestas para cambiar el mundo, sino para poseerlo. Para ello poco importa que se propaguen verdades, medio verdades o simplemente mentiras (fake news). Todo sea en aras de la conservación del poder político y la preservación de un capitalismo de casino que aporta dividendos corporativos a corto plazo y destrucción planetaria en un futuro cada vez más menguante.

Bannon apela a un tipo de resentimiento primario individual. La migración, por ejemplo, es una poderosa argumentación que atiza con denuedo el populismo reaccionario a ambos lados del Atlántico, y que sigue teniendo un enorme impacto en las conductas electorales del votante medio (median voter). Se insiste, sin ningún género de cualificación o evidencia empírica que, la migración es responsable de la bajada de los salarios de los trabajadores nacionales. Además, deben cerrarse las fronteras para evitar que entren terroristas, o criminales indeseables como los traficantes de droga que pervierten a las juventudes norteamericana y europea. Se tienta al común de las gentes a comprar un mensaje torticero de un mundo mejor con empleos decentes para todos, cuando la realidad se orienta en una dirección contraria: creciente neofeudalismo y mayor número de trabajadores pobres (working poor), amén de los desempleados.

En España, las ideas de Bannon no han calado sólo en Vox, el reaccionario partido nacionalista español que ha irrumpido con fuerza en las pasadas elecciones andaluzas. Ya se conoce el ideario básico de Vox que vincula inmigración, delincuencia y religión al modo como instruyen las creencias de Bannon. Para los embajadores europeos del estratega trumpista, el Partido Popular de Pablo Casado también es un interlocutor a sondear de cara a conformar un frente común. Según palabras de Mischaël Modrikamen, socio de Bannon en The Movement, el ahijado político de José María Aznar no está lejos de sus posiciones.

Recordemos que según sus propios Estatutos, The Movemente es: “el vínculo entre el movimiento iniciado por el presidente D.J. Trump en EEUU y ciudadanos y movimientos políticos en otros países, incluidos los actores de la campaña para el Brexit, y quienes se reconocen en [nuestros] principios fundacionales. La entidad tiene como objetivo reunir el apoyo por todos los medios apropiados, incluidos los financieros, coordinando y reforzando mutuamente la acción de estos ciudadanos y movimientos”.

Así, pues, quedamos avisados. Para Bannon y sus secuaces el ahora naciente 2019, y en especial las elecciones europeas a celebrar el próximo 26 de mayo, determinarán en no poca medida la dirección de la Europeización. Su objetivo no es otro que conseguir una mayoría de euroescépticos en las elecciones europeas de mayo y así destruir, democráticamente, la UE.

En un mundo crecientemente anglobalizado, las políticas proteccionistas recogidas en la emblemática proclama ‘Primero los Estados Unidos’ (America First) ya parece contar con un Reino Unido como socio menor enfrentado frontalmente al proyecto europeo. No pasará mucho tiempo sin que veamos las primeras escaramuzas de las batallas políticas propulsadas en Europa por visionarios como Bannon. Muy probablemente el euro volverá a sufrir los embates del mundo financiero anglosajón que vive con incomodidad y desasosiego el desafío de la moneda comunitaria europea por hacerse con una vida propia en el mundo de las finanzas internacionales.

Bien harán los países miembros de la UE en aunar en mayor medida sus esfuerzos. Se evitará, de tal modo, la mera asunción de papeles secundarios en películas con guionistas tan tenebrosos como Steve Bannon. Feliz año 2019, y que Vds. lo disfruten.