Opinión · Otras miradas

Vox y voto: shock en Andalucía

Concha Pérez Curiel

Profesora de Periodismo y Comunicación Institucional y Política, Universidad de Sevilla

Los resultados de las elecciones celebradas en Andalucía (2D) han sorprendido a vencedores y vencidos. Ni encuestas, ni medios, ni siquiera las prepotentes redes sociales, vaticinaban el vuelco electoral provocado por la inmersión en el Parlamento de Vox, el partido bautizado como “la ultraderecha”, que ahora se convierte en “llave del cambio”, tras casi cuarenta años de Gobierno Socialista.

Tras las elecciones, PP (26 escaños) y Ciudadanos (21), cuentan con su apoyo, los partidos de izquierda, PSOE (33) y Adelante Andalucía (17) viven la peor de las pesadillas y Andalucía, conocida como “granero de voto socialista”, se prepara para una etapa que vira hacia la derecha.

En esta disyuntiva, nos preguntamos qué perfil de votantes han apostado por Vox. En principio y según encuestas demoscópicas (Metroscopia) el votante potencial de Vox es un hombre de mediana edad que se siente muy de derechas, con unos ingresos altos y que hasta hace muy poco había votado al PP.

Perfil transversal

El resultado postelectoral, según un sondeo de 40dB. para El País, define un perfil transversal: los simpatizantes de la formación en Andalucía son un poco más urbanos, tienen más estudios que la media y son algo mayores, pero en general se distribuyen entre todos los electorados. Entre los jóvenes, el partido emergente ha contado con un voto directo débil (sólo un 2%). Una sorpresa es que la mitad de los entrevistados que afirman haber votado por Vox son mujeres.

Muchos son los argumentos que intentan explicar la “intromisión inesperada” de este grupo en el mapa político parlamentario andaluz. La inmigración, los efectos devastadores de la crisis económica, el descontento con los partidos tradicionales, la corrupción y la radicalización de la política por bloques son argumentos que apuntan expertos como Xavier Coller, catedrático de Sociología de la Universidad Pablo de Olavide.

Rajoy, Cataluña y socialismo

A ello se suman otros factores como la fuga de votantes del PP, que pierde liderazgo tras la moción de censura a Rajoy, el conflicto en Cataluña y por supuesto el rechazo a un gobierno socialista de 40 años, que incluso propios y extraños al partido han castigado con la abstención en las elecciones.

La radiografía es inquietante y el discurso de la izquierda alerta sobre el tumor maligno de un populismo en avanzado estado, detectado primero en Europa y con metástasis en un órgano vital de votantes- Andalucía- que, muy probablemente, se extienda a España en las elecciones generales. Urge pues, investigar las principales causas del voto a un partido al que las encuestas no asignaban más de un par de escaños y se estrena como quinta fuerza política, 12 diputados y cerca de 400.000 votos en el Parlamento andaluz.

Por delante de una reflexión crítica que explique los hechos, los aspavientos, las amenazas y los insultos entre partidos (por cierto, ninguno con mayoría y todos con la necesidad obligada de pacto) han sido la marca viral de una campaña que candidatos y medios de comunicación han brindado a Vox. La pregunta más repetida en los debates previos a las elecciones “¿Pactarán con Vox?” ha convertido un tema singular de una fuerza minoritaria en miles de me gusta y comentarios en las redes y en información de portada en los medios.

Campaña gratis

La campaña a Vox le ha salido “gratis”. En esta línea, el publi-reportaje de “la Reconquista a caballo por las tierras de España” forma parte de una estrategia fácil, entre la provocación y el discurso más hábil de la propaganda: llamar a las cosas por su nombre. Una estrategia que funciona cuando la opinión pública sufre el hartazgo de la retórica política, que promete y no cumple.

Vox se ha posicionado abiertamente sobre qué haría con los inmigrantes, cómo entiende la igualdad de género o cómo conciben la unidad territorial de España frente a las autonomías, y así lo han explicado, sin ambages y con claridad meridiana. Los populismos pueden convertir las verdades a medias de la política actual en grandes mentiras disfrazadas de verdad. La posverdad viene de la mano del populismo y viceversa.

Una mirada obligada a Europa y al mundo ponen de relieve el éxito de partidos populistas de izquierda y derecha. Marine Le Pen (Frente Nacional, Francia), Beppe Grillo (Movimento 5 Stelle, Italia), Nigel FaragePaul Nuttall (UKIP, Reino Unido) y Pablo Iglesias (Podemos, España) son ejemplos de la vuelta al escenario de líderes que bordan el discurso de la persuasión, la falacia y la propaganda. Y a la cabeza, un director de orquesta, Donald Trump, como garante de un populismo capitalista que gobierna a golpe de tweet y fake news.

Marine Le Pen felicitó a Vox por sus resultados en las elecciones andaluzas.

El hecho de que Twitter ofrezca una comunicación directa con el usuario permite a los populismos mantener el contacto con el “pueblo”, principal receptor de sus mensajes, y eludir a sus enemigos, las “élites”, que controlan los medios convencionales.

Más forma que fondo

Vox, en línea con el perfil del populismo mundial y por qué no, de otros partidos que se definen demócratas, se centra más en la forma que en el fondo y usa los códigos de la propaganda y el lenguaje de la ciberretórica. El mensaje corto (140 caracteres), el ritmo repetido y pausado, los símbolos (banderas e himnos), son estrategias formales que le hacen sumar votos. Han llegado esta vez para quedarse.

Y bajo “la piel de cordero” de un partido nuevo, que ofrece soluciones a un país “destrozado por las políticas sociales” se esconde – según los partidos que pierden el poder- un lobo aún más salvaje que aquel que parió el populismo en su origen. Con una ideología conservadora (en el populismo también están las posiciones ideológicas de izquierda, como el caso de Podemos), Vox diseña una política excluyente que pone en cuestión a los colectivos inmigrantes, refugiados, musulmanes y rechaza incluso el formato Unión Europea.

Andalucía sigue en shock. PP y Ciudadanos han firmado un pacto con 90 medidas por el cambio. Hablan ya de un futuro presidente, Juan Manuel Moreno (PP), con una mesa del Parlamento presidida por Ciudadanos, y diseñan la estructura piramidal de la Junta de Andalucía. Enfrente, una izquierda que parece reaccionar -Susana Díaz se presentará a la Investidura y Adelante Andalucía rechaza cualquier pacto con derecha y ultraderecha. Por su lado, despiertan organizaciones sindicales y colectivos por la igualdad de género, que sienten heridos sus derechos.

La suerte está echada… Vox, tras la reunión con el PP-pacto para la Investidura- dispara un protocolo extremista (19 medidas), imposible de digerir en un Estado Constitucional.

Si las propuestas fueran más ruido que nueces, el populismo tiene ya Vox y voto en el Parlamento andaluz.

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation

The Conversation