Opinión · Otras miradas

2019, la idea de España a las elecciones

Víctor Rey

Secretario de Análisis y Programa de Podemos Comunidad de Madrid

Arranca un 2019 en que España, en un sentido amplio, pasará por las urnas. Todo apunta a que no votaremos por nuestros representantes en las instituciones, lo que votaremos será la idea de España.

La deriva política desde finales de 2017 y la experiencia de las elecciones andaluzas ponen de relieve que, con independencia del nivel de elección, el tablero político se ordena en clave Estatal y se disputa, fundamentalmente, en el eje centro/periferia: España frente a los nacionalismos periféricos.

La aceleración del tiempo histórico resultante del trepidante ciclo electoral que arrancó en mayo de 2014 se ha materializado en una sucesión de ejes de disputa y en un rápido envejecimiento del nuevo sistema de partidos. Del abajo/arriba o la gente frente a la casta con la irrupción de Podemos, pasamos al nuevo/viejo en la previa a las elecciones de diciembre de 2015 (operación de make-up del Régimen e impulso a Ciudadanos mediante) para terminar disputando el clásico eje izquierda/derecha en las elecciones de junio de 2016. Desde entonces, la agudización del conflicto catalán ha ido imponiendo el eje centro/periferia hasta convertirlo en cuasi exclusivo en el ordenamiento de la disputa política y discursiva: Catalunya como monotema de los argumentarios de los partidos de las derechas y las editoriales de los grandes grupos mediáticos.

Entre tanto la intensa agitación política al calor del pasado ciclo electoral ha hecho envejecer prematuramente el nuevo sistema de partidos, pareciera que fue hace una década larga cuando Podemos primero y Ciudadanos después, irrumpieron en el tablero político para quebrar el bipartidismo.

Todo esto, junto a la estrategia pirómana de PP y C’s en el eje centro/periferia de enfrentamiento con Catalunya a costa de un deterioro de la convivencia en España, han generado el caldo de cultivo idóneo para el auge de “nuevos” (en realidad, no tanto) partidos. Y llegó Vox.

En realidad Vox no es un partido nuevo, lo novedoso es la relativa buena acogida que, con un discurso tardofranquista y viejo, ha tenido en la calle y en algunas líneas editoriales. Hacen de la antipolítica virtud. Vox es tu cuñado facha, votante del PP de toda la vida, pasado de copas en la sobremesa. La diferencia radica en que tiempo atrás, cuando hablaba y empezaba a ponerse faltón, el resto de comensales le miraban con desprecio y se apresuraban a levantarse de la mesa para ir al baño y, actualmente, un tanto hastiados ante una realidad que no termina de cambiar a mejor, no tuercen el gesto e incluso escuchan con cierta atención la retahíla de exabruptos. La extrema derecha sin complejos, ahora con audiencia.

La estrategia discursiva de PP, C’s y Vox es la misma, sólo cambia el grado de testosterona, construir España frente a un enemigo, Catalunya. Hay un segundo elemento discursivo que las derechas empiezan a compartir peligrosamente, la inmigración como chivo expiatorio de buena parte de los males que sufre el país.

Comparten también propuestas programáticas: adelgazar el Estado y lo público para ceder más espacio al mercado, soberanía económica en manos de Merkel, “flexibilización” como eufemismo de la precarización del mercado de trabajo, bajada generalizada de impuestos para que los ricos paguen menos o inacción frente a la nueva burbuja inmobiliaria para favorecer los intereses de constructoras y grandes tenedores de vivienda.

Lo que quieran los mercados, patriotismo y soberanía brillan por su ausencia. Para las derechas España es sólo una bandera con la que golpear a Catalunya y los inmigrantes.

Sea como fuere, vamos a un 2019 cargado de elecciones donde el eje centro/periferia será hegemónico, acompañado de cierta activación del eje izquierda/derecha. Desde Podemos nos va a tocar, una vez más, disputar la idea de España. Y, como las derechas, debemos hacerlo sin complejos.

Nosotros sí tenemos un proyecto para España cargado de verdadero patriotismo y soberanía: “un país donde los que se han visto obligados a irse puedan sacar un billete de vuelta, donde los que quieren sacar proyectos adelante puedan hacerlo sin tener que depender de los bancos, donde acceder a una vivienda no se convierta en un calvario de por vida, donde no se cobren sueldos de miseria, donde existan políticas que vacunen contra la exclusión y la pobreza…y hoy decimos patria con orgullo y decimos que la patria no es un pin en la solapa, no es una pulsera. Es esa comunidad que asegura que se protege a todos los ciudadanos, que respeta la diversidad nacionalidad y asegura que todos los niños van limpios y calzados a una escuela pública, es esa comunidad que asegura que a los enfermos se les atiende en los mejores hospitales con los mejores medicamentos. La patria es esa comunidad que nos permite soñar un país mejor”. Son palabras de Pablo Iglesias en la “Marcha del cambio” del 31 de enero de 2015 y siguen teniendo plena vigencia.

Esta es la España de Podemos, la patria de los derechos sociales y el futuro, frente a quienes quieren recortarlos y hacernos retroceder décadas. Que apuesta por la comunidad y el cuidado frente a los que nos quieren solos y en manos del mercado. La de las mujeres y el 8-M frente a la de los señoros y el machismo institucional. La que quiere a Catalunya frente a quienes sólo saben construirla contra Catalunya. La de la diversidad frente a los que agitan la bandera del odio xenófobo.

Una vez más, disputar la idea de España y hacerlo sin complejos. Ya lo hemos hecho antes y volveremos a hacerlo porque, además, tenemos todas las de ganar: nuestra España es ancha, inclusiva y de futuro; la de las derechas es estrecha, excluyente y del pasado.

La España de Podemos es una sobremesa sin hastío ni exabruptos, una familia donde todos, con nuestras diferencias, encontramos calor, apoyo y fraternidad.