Opinión · Otras miradas

La bisagra de oro

Marta Nebot

Periodista

¿Se puede participar en un trío sin rozar al tercero? Es la pregunta que me viene y me viene desde que se hizo público el tripartito, de facto, que a partir de hoy gobernará Andalucía. Después de algunas vueltas, con imágenes mentales llamativas, he llegado a la conclusión de que probablemente la manera más efectiva de conseguir ese imposible es joder por turnos al que está en medio (perdónenme la palabrota pero es necesaria para seguir con el símil). Parece evidente que el PP de Moreno Bonilla será el jamón york de este sándwich (para cambiarlo por otro menos irreverente pero igual de descriptivo).  Como presidente de la Junta de Andalucía tendrá más protagonismo que nadie pero, si falta alguno de los dos panes del bocadillo, corre el peligro de caer al suelo y convertirse en incomible en el peor momento, justo cuando se ha transformado por carambola en la esperanza rojigualda de toda la derecha española y también cuando sus votantes ya no están tan seguros.

El candidato del PP a presidir la Junta, Juanma Moreno, durante su discurso de investidura en el Parlamento andaluz . EFE/Julio Muñoz
El candidato del PP a presidir la Junta, Juanma Moreno, durante su discurso de investidura en el Parlamento andaluz . EFE/Julio Muñoz

El parlamento andaluz tiene 109 escaños, de los cuales el flamante nuevo gobierno de PP y Ciudadanos suma 54. Así que, aunque sea por los pelos (con uno más habrían sido un feliz matrimonio) van a necesitar a Vox todo el rato y no solo para empezar, también para el momentazo en el que un gobierno echa a andar o se viene abajo, la aprobación de los presupuestos.

Dadas las circunstancias, auguro un futuro más que incómodo para el que se ha convertido en bisagra de verdad, como premio de consolación. La victoria del PP andaluz es solo la cara vista de un fracaso más que profundo; con sus 26 diputados pierde 7 más de los 17 que ya perdió en 2015, en las elecciones anteriores. Ciudadanos, que está de subidón (pasa de 9 a 21), a pesar de que siempre reivindicó este papel, con esta operación confirma que lo de ser bisagra era solo de boquilla. En su día reventó el tripartito PSOE-Ciudadanos-Unidos Podemos porque Iglesias no tragó con lo que acaba de tragar Abascal. Entonces, en 2015,  el partido naranja aplicó al PSOE su medicina anti–tríos: tú y yo firmamos un pacto y el tercero, que se lo envaine. Entonces el pacto era contra las matemáticas:  el segundo (PSOE, con 90 escaños) con el cuarto (Ciudadanos, con 40), dejando fuera a Unidos Podemos (con 69 y solo 350.000 votos menos que los de Pedro Sánchez). Los morados no aceptaron ser la vela en aquel entierro socialista, que les hubiera dejado el campo de la izquierda para ellos solos;  los verde pistacho (el color de Vox para quien todavía no lo sepa), con unos números mucho más modestos, eso sí, 12 escaños, han tragado con todo, incluso con que la mitad del Gobierno que van a hacer posible llame al acuerdo que han firmado con los populares “papel mojado”.

Albert Rivera y todos los suyos así lo llaman sin despeinarse ni un poco. Dicen que no les afecta ese acuerdo PP–Vox, que tiene que cumplir un gobierno del que serán el 50%. No le dan ningún valor por ser solo un acuerdo de investidura, el mismo que ellos firmaron con el PP para mantener a Mariano Rajoy en la Moncloa y que reivindicaron sin parar como palabra santa, arrobándose todos los éxitos de aquel gobierno.

Pasando por alto la anomalía democrática que supone firmar acuerdos que hacen posibles gobiernos diciendo de antemano que son caca, lo que está claro es que los de Ciudadanos son muy especialitos y, que de pronto, les ha entrado una prisa loca por gobernar. Tanta  ha sido que lo van a hacer por primera vez de la mano de una pareja más que escorada, porque por más que lo intenten camuflar a nadie se le escapa que simplemente sin Vox no tendrían gobierno y que el PP, ante su amenaza, ya se ha empezado a súperderechizar.

A partir de ahora, recomiendo a los naranjas que si quieren seguir llamándose bisagra, que se llamen bisagra de oro, porque solo lo quieren ser cuando es entre los dos más gordos; y que dejen de decir que les da lo mismo la derecha que la izquierda, porque ya no cuela; y que se anden con ojo en ese trío, no les vaya a pasar como al del chiste de la cama redonda con cuarenta tías y dos tíos que, en un momento dado, encendió la luz y gritó: a ver, compañeros, OR–GA–NI–ZA–CIÓN, que ya van dos veces que me dan por el culo.

Moreno Bonilla, ayer mismo, en su discurso de investidura ya  enseñó el bote de vaselina. Reinvindica que ésta sea la “legislatura del diálogo” “sin cordones sanitarios”, así que lo mismo en esa cama hasta pasan del condón. Cuidado.