Opinion · Otras miradas

Los Presupuestos Generales del Estado y la táctica Chernyshevsky

A Nikolai Chernyshevsky, líder revolucionario ruso (1812-1889) y fuente de inspiración de Lenin, se le atribuye la idea del “cuanto peor, mejor”, tan de moda en la política española actual. Chernyshevsky partía del supuesto según el cual un empeoramiento de las condiciones de vida de las clases populares haría más factible el estallido de la revolución.

Las Españas contemporáneas poco tienen que ver con la Rusia del siglo XIX, pero el aforismo está en mente de no pocos dirigentes, que con tal de alcanzar su particular Arcadia feliz (esto es, su perpetuación en el poder), son capaces de tensar la situación hasta el extremo. Enric Juliana habla directamente de “pinza” al referirse a la actitud de los dirigentes de la derecha tripartita pata negra y los del unilateralismo procesista mágico catalán.

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, en la entrega a la presidenta del Congreso de los Diputados, Ana Pastor, del Proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2019. EFE/Emilio Naranjo
La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, en la entrega a la presidenta del Congreso de los Diputados, Ana Pastor, del Proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2019. EFE/Emilio Naranjo

Ahora, la tramitación y posterior aprobación de los Presupuestos Generales del Estado representan un nuevo episodio de esta lucha sin cuartel entre dos propuestas enfrentadas (ambas radical y fundamentalmente nacionalistas) pero que se necesitan y retroalimentan mutuamente: por un lado, el trío calavera de una derecha cada vez más extrema representado por PP, C’s y Vox, y por el otro, el unilateralismo irresponsable de esa constelación activista-gubernamental que cada vez está menos claro quien conforma y lidera, pero que diríamos que está representada por la corte puigdemontista de Waterloo, la ANC y las diferentes mutaciones de Convergència (Junts per Catalunya, la Crida, etc.). En medio, encontraríamos diferentes fuerzas políticas heterogéneas que, cada una desde su espacio, intentan tender puentes y colaborar en la gobernabilidad, así como en la distensión y la búsqueda de soluciones políticas: el Gobierno de Pedro Sánchez (no me atrevería a decir el PSOE), Unidos Podemos y sus confluencias, PNV, ERC, parte del PDECAT, Òmnium Cultural…

Se me dirá que agrupar este batiburrillo en un solo conjunto es poco menos que temerario, pero llega un momento en que la búsqueda de una simplificación de la realidad nos obliga a establecer categorías que nos ayuden a entender este desaguisado en que se ha convertido la política española (y la política catalana a nadie se le escapa que es genuinamente española). Ha llegado un momento en que se me ocurre dividir este ecosistema en dos categorías: los partidos del desorden (es decir, los del “cuanto peor, mejor”) y los partidos de orden. Orden, esa palabra que suena tan autoritaria pero que considero que cada vez es más necesario que reivindiquen las izquierdas.

Personalidades destacadas del independentismo catalán (no confundir con procesismo ni tampoco con unilateralismo) han venido reclamando en las últimas semanas que ERC y el PDECAT voten en el Congreso a favor de la propuesta de Presupuestos Generales acordada entre PSOE y Unidos Podemos y sus confluencias. Andreu Mas-Colell y Dolors Bassa (esta última desde la cárcel, conviene no olvidarlo) así lo han defendido. Incluso Jordi Cuixart (también desde la cárcel) lo ha insinuado en una reciente entrevista en la radio pública catalana.

A día de hoy existen pocas dudas de que el proyecto de presupuestos aprobado recientemente en Consejo de Ministros y que ahora deberá aprobarse en Cortes representa un claro avance para los intereses de las clases populares con respecto a los presupuestos del PP: 12.599 millones de euros más en gasto social, aumento del gasto en dependencia, un 10% más de dinero para becas, plan de choque para el empleo juvenil, aumento de las pensiones, subida de impuestos para las rentas más altas, crecimiento del gasto en políticas activas de empleo, más dinero contra la violencia de género, etc. La pregunta es: ¿si el proyecto de presupuestos es beneficioso para la mayoría social, por qué no lo votan a favor? La respuesta tiene su origen precisamente en el aforismo con el que abríamos este artículo: hay quien considera que “cuanto peor, mejor”.

¿Qué quiero decir con esto? Para PP, C’s y Vox está claro: no pueden votar a favor de unos presupuestos “de izquierdas” elaborados por el gobierno de Sánchez y acordados con los chavistas rompespañas de Unidos Podemos. Mientras, para el unilateralismo mágico puigdemontista, los incentivos para aprobarlos no existen tampoco en sus razonamientos: hay que provocar la caída de Sánchez, ir a elecciones, que gobiernen las derechas y que reviente todo. Tiene que calar la idea de que España entera es facha. Y ahí llegaría el tan ansiado “momentum” a que hacía referencia Quim Torra hace algún tiempo. Este es el razonamiento, no hay más. Un razonamiento que no es unánime en el independentismo, y las discrepancias entre sus diferentes líderes y partidos cada vez son más públicas y manifiestas.

Mientras tanto, cada vez hay más voces en ERC, PDECAT y Òmnium que abogan por un ejercicio de pragmatismo y responsabilidad que permita avanzar, quizá poco a poco, pero avanzar. Y aprobar unos presupuestos permitiría explorar las posibilidades que abrió la caída de Rajoy. Solo alguien que niegue la realidad y subestime la inteligencia del ciudadano puede afirmar que Sánchez no ha arriesgado con gestos claros hacia Cataluña. Y que la situación se ha desinflamado. Se reclaman gestos más contundentes con respecto a la situación de los presos y el derecho a  la autodeterminación.

La pregunta es: ¿si realmente defendemos la separación entre los poderes del estado, porque reclamamos ahora que el poder ejecutivo se inmiscuya de alguna manera en tareas que corresponden al judicial? Comparto que la prisión incondicional es injusta y que las acusaciones de rebelión y sedición son absolutamente desproporcionadas. Porque lo cierto es que estos dirigentes (junto a otros que no dieron la cara) hicieron creer a su público que se proclamaba la independencia mientras al Estado se le decía, sin publicidad en los medios procesistas, que todo tenía un mero valor simbólico. El problema es que no se calibró suficientemente la fuerza del Estado y el afán de venganza de una parte importante de la judicatura. Se pasaron de frenada. Y de aquellos polvos estos lodos, para desgracia de los cabezas de turco en que se han convertido estas nueve personas que se hayan en prisión preventiva, acusadas, desde mi punto de vista, de delitos que no cometieron.

Vaya desde aquí mi solidaridad con ellas, aún considerando que actuaron de forma absolutamente irresponsable en aquellos días de septiembre y octubre de 2017. Estoy de acuerdo en que se les juzgue, pero solamente de los delitos que cometieron, que sin duda existieron aunque probablemente no comporten penas de prisión. ¿O no recuerdan las sesiones de los días 6 y 7 de septiembre en el Parlament de Catalunya? Se dice ahora, y se repite como un mantra, que hay un 80% de la sociedad catalana que comparte un posicionamiento común respecto a la situación de los presos y el derecho a decidir. ¿Están seguros? Recuerden que en las elecciones del 21 de diciembre de 2017 solamente entre C’s y el PP sumaron un 30% de los votos. Tengan en cuenta ese dato. También se suele decir que el discurso del Rey del 3 de octubre de 2017, particularmente duro, alejó definitivamente a los catalanes de la Corona. Tengo mis dudas, sinceramente. Ese día, después de escuchar a Felipe VI, muchos catalanes se sintieron aliviados, especialmente en los barrios obreros de la zona metropolitana donde luego, el 21 de diciembre, arrasó C’s.

La estrategia del “cuanto peor, mejor”, como digo, no la comparte todo el independentismo. ¿Están seguros quienes la defienden que conviene a Cataluña una aplicación dura del artículo 155 de la Constitución ad aeternum? ¿Están dispuestos a arriesgarse a una intervención radical de TV3, Catalunya Ràdio o la sistema catalán de enseñanza? ¿Alguien duda que un gobierno dirigido por Casado, Rivera y Abascal no inflamaría todo lo que pudiese y más con tal de erigirse en salvadores de la (su) patria? Santiago y cierra España. Porque el auge de la ultraderecha no es, como sostienen algunos sectores del independentismo, un problema español que no nos afecta en nada a los catalanes. Todo lo contrario: nos afecta y mucho. ¿O es que alguien duda que cuando se abran las urnas en Cataluña el próximo mes de mayo no habrá ningún voto a la ultraderecha? Espero equivocarme, pero mucho me temo que si entre todos no nos ponemos las pilas es cuestión de tiempo que eso ocurra, como ha ocurrido en Andalucía y en muchas otras partes de Europa y el mundo. No somos tan diferentes.

Por todo ello, si nos llenamos la boca con la reclamación de una “solución política”, ¿por qué renunciamos a esta oportunidad de avance que representa la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado? La victoria es doble: mejora en las condiciones de vida de la gente y una oportunidad al diálogo, cerrando el  paso al gobierno a las derechas radicalizadas. Mucho me temo que las luchas intestinas en el sí del independentismo y los intereses electorales tienen algo que ver en esta, por el momento, negativa a votar a favor los presupuestos. Mucho que ver. Esperemos que la táctica Chernyshevsky no se acabe imponiendo.