Otras miradas

Game over, Pedro Sánchez

Marta Nebot

Periodista

Todo indica que la partida se acabará hoy, aunque todavía no sepamos si Pedro Sánchez volverá a renacer de sus cenizas adelantando elecciones para aprovechar la coyuntura (Ciudadanos más a la derecha que nunca y la posibilidad de explotar el victimismo de nosotros intentamos negociar hasta el final sin salirnos del marco constitucional, como dijimos desde el principio). En cualquier caso, di el viernes la legislatura por perdida. Entonces, el Gobierno rompió las negociaciones con los independentistas por whatsapp. El mensaje que la vicepresidenta, Carmen Calvo, mandó a la portavoz de la Generalitat, Elsa Artadi, habla de muchas prisas por romper estas negociaciones, ante la rebelión en su contra dentro del PSOE y en las filas derechosas, que amenazaban con una gran manifestación que finalmente no fue para tanto.  La vicepresidencia del Gobierno escenificó la ruptura en rueda de prensa, mostrando su última oferta a la Generalitat para a renglón seguido desvelar que fue rechazada por el otro lado. Después Pere Aragonés y Elsa Artadi, como representantes de la Generalitat, solo comparecieron para confirmarlo a medias: la Generalitat también daba por rotas las negociaciones pero dejando claro que no han sido ellos los que de la mesa se han levantado.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante el debate de totalidad de los presupuestos en el pleno del Congreso. EFE/Juan Carlos Hidalgo
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante el debate de totalidad de los presupuestos en el pleno del Congreso. EFE/Juan Carlos Hidalgo

Eliminando al "relator" de la ecuación, Moncloa, como "oferta final", ofreció una mesa de partidos con un representante local y otro nacional de cada uno y con alguien que "facilite" la coordinación; además de la mesa bilateral y de unos Presupuestos generosos con Catalunya, que ya había ofrecido. Lo que no ofrece ni ofrecerá ("lo hemos dicho más de 100 veces", recordó Carmen Calvo) es un referéndum de autodeterminación.

¿Y por qué no? llevo preguntándome desde junio. Es cierto que la Constitución no lo permite y que no existe la mayoría necesaria para cambiar este hecho pero: ¿no podría haber ofrecido este Gobierno una consulta legal no vinculante que empezara a tratar en serio un problema que tiene bloqueada a Catalunya y, como consecuencia, al resto de España? ¿Sirve para algo reconocer un problema político sin darle una salida diferente de las que ya fallaron?

Las encuestas dicen que la mayoría independentista en el Parlament y, por lo tanto, el Gobierno de la Generalitat no va a cambiar de manos y que los últimos acontecimientos y los próximos no van a desinflar su reivindicación. ¿De verdad pensaron que podrían camelar con medias tintas y ninguna concreción a los que ya no tienen nada que perder porque se lo jugaron todo? No se puede curar una herida emocional solo con dinero.

Para más INRI se da la circunstancia de que los independentistas (como la derecha) están divididos en tres fuerzas que compiten por el mismo electorado, lo que les empuja al extremo y a vigilarse entre ellos. Esto es nuevo en la derecha pero no lo es entre los de los lazos amarillos. ¿No lo vieron venir cuando era tan obvio? Allí hace más tiempo que entró en juego el factor traidor. De hecho, fue el que les empujó a una declaración unilateral de independencia al precio del exilio y/o la prisión. ¿En serio creyeron que se conformarían con dinero y humo?

Así que hace meses que lamento ver cómo se aleja la oportunidad perdida por este Gobierno frágil que, tal y como está el tablero, solo tenía una baza junto a los independentistas. Si Pedro Sánchez hubiera cogido el toro por los cuernos y propuesto algo importante y perfectamente legal al arco parlamentario que igual que le dio el poder puede quitárselo, otro gallo nos cantaría. Lo que la derecha llamaría más alta traición al cubo, yo lo llamo la única salida. A ratos de cabreo pienso que Pedro Sánchez no lo hizo por cobarde; a ratos más serenos que por prudente; en cualquier caso, nos va a costar a todos muy caro.

La caída de este Gobierno puede ser la caída de esa nueva España plural que muchos esperamos, una que reconoce los problemas y los afronta con valentía y más democracia; una que cree que a los ciudadanos hay que convencerlos y no obligarlos (la mayoría catalana que quiere votar es mayoría absoluta desde hace tiempo).

Supongo (bueno, sé) que ya es demasiado tarde para dar ese giro de timón y también soy consciente de que proponer y defender esa consulta, con la derecha enfurecida rugiendo desde la caverna más profunda, requiere de un liderazgo y de una audacia enorme. Qué pena que Pedro Sánchez tenga un "manual para resistir" pero no uno para liderar cambios trascendentales.