Opinión · Otras miradas

¿Por qué permisos de paternidad y maternidad pseudo-igualitarios?

María Pazos Morán

Portavoz de la Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción

En la Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción (PPIINA) soñamos con una sociedad igualitaria. En esa sociedad, los padres y las madres se quedarían el mismo tiempo al cargo de sus bebés durante el primer año. Sabemos, porque hoy ya hay abundante experiencia acumulada, que en las parejas en las que esto se hace se establecen roles igualitarios; los hombres se inician en los cuidados y establecen el vínculo afectivo con sus criaturas. Todo ello redunda en beneficio de estas, que disfrutan de una familia más igualitaria y segura, con menor riesgo de pobreza y con más protección.

Generalmente las madres ahora, al cabo de los 4 meses que dura su permiso, se ven forzadas a prolongarlo con  reducciones de jornada y/o excedencias que les condenan a la precariedad y a la dependencia económica. Según la OIT, solo el 55% vuelve a su mismo puesto de trabajo después de la maternidad, frente al 100% de los padres. Si el padre(o la otra madre) pudiera relevarlas, quedándose al cargo del bebé casi otros cuatro meses, entonces ellas podrían volver a sus puestos de trabajo tranquilas.

Este sueño se consigue por el simple procedimiento de extender a los padres (o a las otras madres) las 16 semanas del actual permiso  de maternidad. Pero debe hacerse de tal forma que se les permita, no se les impida, ejercerlo de forma igualitaria. Con el diseño de la PPIINA se conseguiría este fin: cada persona progenitora tendría dos semanas de permiso a partir del nacimiento, y las otras catorce podría situarlas a decisión propia durante el primer año. Sabemos que la mayoría de las madres se lo tomarían todo durante las primeras 16 semanas (como ahora). En cambio, la mayoría de los padres se tomarían las dos primeras para cuidar durante la recuperación del parto y se guardarían las otras 14 para sustituir a la madre. Pero otros arreglos serían posibles.

¿Por qué estamos a punto de alcanzarlo, y por qué estamos a punto de perder esta oportunidad histórica? ¿Por qué es posible que el nuevo diseño de los permisos que ha aprobado el Gobierno, a pesar de que se llaman permisos iguales, intransferibles y pagados al 100%, no sean ni iguales ni pagados al 100%, y pierdan su genuina función de intransferibilidad? En definitiva, ¿por qué puede que su uso diste mucho de ser igualitario?

Hay dos trampas, que conjugadas, pueden causar este efecto: una es la simultaneidad, y otra las reglas para el disfrute a tiempo completo y parcial.

Es curioso que, conforme avanza el permiso de paternidad, se tiende a alargar el periodo en el que se obliga al padre tiene a tomárselo a la vez que la madre; ahora, según el Gobierno, las primeras 6 semanas serán necesariamente simultaneas. Esta estipulación no es nueva y no es porque el padre deba cuidar mientras la madre se recupera del parto, a pesar de lo que dice el Gobierno.

Si fuera para la recuperación del parto, ¿por qué habría de ser así también en el caso de adopción? ¿Por qué, según el Decreto Ley, las madres cuya pareja es funcionaria necesitarían 4 semanas en lugar de 6? No nos engañemos: hay una presión para que el hombre, de tener que cuidar, sea solo en calidad de “ayudante”. En otros casos se hace aún más obvio: se estipula que el permiso del padre sea “mientras la madre está de permiso” (¿para qué disimular hablando de las primeras semanas?). Esto ocurre, por ejemplo, en el último convenio laboral firmado por sindicatos y Ayuntamiento de Madrid.

Esta presión es fácil de entender: por un lado, las empresas prefieren que, de tener que estar, los padres estén de permiso coincidiendo con la madre. Así, una vez que ella se recupera del parto, podrán tirar de elos en caso de necesidad (que demasiado frecuentemente la habrá). Esto, evidentemente, no lo podrían hacer si ellos estuvieran verdaderamente al cargo de un bebé, como no lo pueden hacer con las madres.

Por otro lado, los sindicatos no parecen tener grandes objeciones a este plan empresarial; al fin y al cabo,  a los hombres les gusta no perder oportunidades en el empleo. Además, cuidar a un bebé a tiempo completo sin ayuda es una dura tarea; eso las mujeres lo sabemos y parece que los hombres lo atisban. Estas son las dos razones por las que se pretende impedir a los padres quedarse al cargo de sus bebés obligando a la simultaneidad, justamente las mismísimas por las que las feministas tenemos que impedirlo

Aparte de la simultaneidad obligatoria, el otro gran asunto es el de la regulación del uso de los permisos de maternidad/paternidad a tiempo completo y a tiempo parcial. El Decreto del Gobierno mantiene la redacción actual del Estatuto de los Trabajadores: el permiso (pasadas las semanas de disfrute obligatoriamente a tiempo completo) “podrá disfrutarse en régimen de jornada completa o de jornada parcial, previo acuerdo entre la empresa y la persona trabajadora, y conforme se determine reglamentariamente“.

Hasta ahora, según el Reglamento  el disfrute del permiso a tiempo parcial está condicionado a que el resto del tiempo se esté efectivamente en el puesto de trabajo (no es compatible con la reducción de jornada). Esto es muy importante porque, si esa incompatibilidad dejara de existir, las madres se verían presionadas a tomarse el doble de tiempo con la mitad de remuneración. Los hombres, en cambio, no harían tal cosa.

Para los hombres el peligro es otro. Hasta ahora, el Reglamento  establece el derecho inalienable de la persona trabajadora a disfrutar del permiso a tiempo completo. Pero las empresas ya están presionando a los hombres para que se lo tomen a tiempo parcial, ¿Qué pasaría si, además, tuvieran el derecho legal a hacerlo?

Por todo ello, para la PPIINA estas eran líneas rojas. Hemos reclamado hasta la saciedad que estas dos disposiciones del actual Reglamento se incorporen al Estatuto de los Trabajadores, en lugar de mantener esa indefinición, pero no hemos tenido éxito de momento. Ahora se redactará un nuevo Reglamento, y desde luego no se anunciará a los cuatro vientos. ¿Por qué no incluir esas dos líneas en el Estatuto de los Trabajadores mientras aún estamos con luz y taquígrafos? En la PPIINA citamos mucho al Conde de Romanones: “Ustedes hagan la ley, que yo haré el reglamento“.

Como consecuencia de estas trampas conjugadas, podemos encontrarnos con permisos para las mujeres que serán mucho más largos y mal pagados. Y puede que los hombres sigan sin tener el derecho a quedarse ni siquiera unas semanas al cargo de sus bebés a tiempo completo. En resumen, los permisos puede que no sean ni iguales ni pagados al 100%. Y puede que, aunque los permisos se llamen intransferibles, el cuidado siga siendo muy, pero que muy transferible. Transferible a la madre, “naturalmente”.

Visto desde la otra cara de la moneda, puede que las mujeres se ausenten de sus empleos durante muchos más meses que ahora, mientras que las ausencias completas de los hombres se reduzcan al periodo de recuperación  del parto. Y todo eso puede que suceda precisamente mediante un Decreto que tiene su fundamento en que, según la Vicepresidenta del Gobierno, “la maternidad no puede ser un arma en contra del desarrollo laboral y ciudadano de las mujeres“.

¿Quién sabe? Igual de aquí al martes estas trampas desaparecen y nos encontramos en el BOE unos permisos verdaderamente igualitarios.

Por esta y por todas nuestras reivindicaciones pendientes. ¡Feliz huelga del 8 de Marzo!