Opinion · Otras miradas

La salida del laberinto madrileño

Manuel Garí

Economista

Ante una encrucijada como la que tiene ante sí la izquierda política madrileña en las vísperas de las próximas elecciones regionales y locales, conviene que abandone las rutinas mentales, los patriotismos organizativos y las viejas recetas que no han funcionado. Debería dejar de mirarse el ombligo. En definitiva, tendría que dejar de lado las posturas conservadoras, que hoy pueden resultarle irresponsables y letales para sus propósitos.

Por el contrario, lo lógico sería que la izquierda política impulsara nuevas propuestas en defensa de la mayoría social, capaces de concitar de nuevo el apoyo y la ilusión de las gentes de abajo contra la minoría peligrosa: los ricos y sus agentes políticos, contra sus políticas privatizadoras, ecocidas y antisociales y sus indisimulados propósitos de cercenar derechos y libertades para apropiarse aún más si cabe de la ciudad y el territorio. El dilema de la izquierda es audacia o fracaso.

Ello supone que la izquierda deberá de ser capaz de desarrollar nuevas fórmulas organizativas que le permitan combinar el binomio unidad/pluralidad, alejadas de imposiciones prepotentes de unas partes sobre otras, que le posibiliten alcanzar el acuerdo sobre puntos concretos que sustancien la propuesta democrática y social a llevar a las instituciones regionales y municipales. Pero ello le va a suponer tener rigor creativo en política, asumir la responsabilidad con el pueblo al que se debe y desplegar audacia e imaginación organizativas. De lo contrario, entrará en vía muerta.

Una larga agonía

Tras la prolongada crisis de Podemos en Madrid cuyos hitos han sido: práctica desaparición de la vida organizativa y política de la mayoría de las estructuras de base; convocatoria de primarias no democráticas en las que Anticapitalistas que suponía en torno al 30% de la organización madrileña no tiene cabida; desconsideración del trabajo y la vida del grupo parlamentario en la Asamblea que llevó a la dimisión de su excelente portavoz, Lorena Ruíz Huertas; nulo funcionamiento del grupo; creación por parte del candidato elegido para encabezar la lista a la Comunidad, Iñigo Errejón, de un nuevo agrupamiento que cuenta en su candidatura con buena parte de las personas que iban a formar parte de la de Podemos; dimisión sin mayor explicación del secretario general Ramón Espinar; disolución de los órganos y creación de una gestora dirigida desde la dirección ejecutiva estatal; y para contribuir aún más a la disolución de la vida organizativa se va a realizar un nuevo proceso exprés de primarias sin que medie reflexión colectiva sobre lo ocurrido ni proyecto político ni propuesta programática y partiendo del nombramiento y promoción pública (nada neutral) de la cabeza de lista por parte del aparato de la formación utilizando, sin recato, los recursos y medios del conjunto.

Todo ello es expresión de la ausencia de un debate y construcción colectivos y de un declive político muy pronunciado, tal como se ha señalado en varios artículos de relevantes dirigentes de la formación preocupados por la marcha de esta. Podemos pareciera atrapado por la maldición que sufrió Sísifo, y quizás para conjurarla debería intentar en el futuro subir la piedra en compañía de más gentes, no pensándose ser el rey de Éfira, y dejando de considerar (como sugiere Lucrecio en su interpretación del mito) la búsqueda del poder como una «cosa vacía» que se sustancia en el hecho de subir la piedra a la cima. A pesar de su crisis y de la pérdida de credibilidad que ha experimentado, Podemos cuenta con un sector del electorado ante el que deberá comportarse de forma responsable participando en la solución de los problemas junto al resto de agentes políticos interesados en hacerlo.

Nuevos elementos

La IU madrileña actual en poco se parece a la que hace cuatro años presentó en las elecciones regionales un programa “moderado” al uso de la institución y una lista de notables de escaso interés que no permitían percibirla como un factor transformador. Y aún se parece menos a la que conocí en el periodo en el que pertenecí a la Ejecutiva de IU-Comunidad de Madrid dirigida por Ángel Pérez, con José Antonio Moral Santín como ideólogo y economista de cabecera, el palco del Real Madrid como espacio relacional, el consejo de Caja Madrid como sector de intervención, el acceso a cargos como medio de promoción individual y la rotación continua en diversos puestos institucionales (parlamento, asamblea y ayuntamiento) de un reducido número de dirigentes como forma de perpetuarse. Su orientación política como socio subordinado del PSOE madrileño con el que teóricamente mantenía una competencia virtuosa (en la estrategia de lo que Julio Anguita ha calificado del baile de un chotis sin salirse de la misma baldosa con el eje invariante del partido socialista y como satélite acompañante la propia IU) así como la presunta connivencia con sectores inmobiliarios (la mayoría ligados al propio PP) junto a la deriva a la derecha que imprimió Gaspar Llamazares que se sustanció en un retroceso electoral al cabo del tiempo, provocaron que muchos de quienes vimos en IU un nuevo movimiento socio-político, dimitiéramos de nuestros cargos primero y más tarde abandonáramos la formación.

Bien al contrario, actualmente IU en Madrid ha renacido de sus cenizas, ha superado importantes crisis, ha realizado un trabajo de organización de la resistencia en barrios y pueblos y ha mantenido una orientación que me parece acertada en el Ayuntamiento de la capital en defensa de los intereses de la ciudadanía frente a operaciones especulativo-inmobiliarias como la de Chamartín del BBVA amparada por la alcaldesa Manuela Carmena y en temas como la regla de gasto frente a Montoro, orientación que han coincidido con la proponían los sectores de izquierda de la institución y las organizaciones sociales vecinales y ecologistas.

A su vez, tanto de lo que fue Ahora Madrid como del seno de Podemos han aparecido nuevos sectores (que en la práctica han sido segregados de ambas formaciones por la vía de los hechos) que se reconocen en la idea original de ambas. Que dicen defender su propuesta programática inicial de naturaleza impugnadora del orden existente acorde con lo que fue el espíritu del 15 M, que mantienen el talante reivindicativo de los intereses de las clases trabajadoras, las mujeres y la juventud, que impulsan la movilización y organización popular como condición imprescindible para avanzar realmente (se hace imprescindible aprender del movimiento feminista tras el reciente 8M) y que proponen un horizonte transformador al servicio de la mayoría social con el objetivo declarado de construir otro modelo de sociedad, de región y de ciudad ajeno a los dictados del mercado y afín a los de las gentes y la biosfera. Constituyen nuevos agentes políticos con los que la izquierda política deberá contar para jugar la gran partida en el tablero de la política madrileña.

Las salidas

Ante los próximos comicios no hay suficiente cohesión y bagaje compartido para pensar que la unidad necesaria y factible se realiza en el seno de un partido y nadie va a aceptar la viejuna fórmula de un sistema con un partido-sol rodeado de satélites invisibilizados por el astro rey. Y, sin embargo, es posible impulsar un frente político compuesto por diversas corrientes y partidos políticos junto a colectivos de diversa naturaleza que expresen las demandas de los movimientos sociales en defensa de las clases subalternas, siempre y cuando acierte con las fórmulas de diálogo, colaboración y entendimiento. No sólo ni principalmente de y entre las cúpulas de los grupos sino, sobre todo, un diálogo y acción común de los sectores activos del pueblo de izquierdas. Las fuerzas políticas de izquierda cometerían un error y perderían nuevamente una oportunidad si no impulsan ese entendimiento entre iguales.

En una situación anterior ante las pasadas elecciones europeas, similar en cuanto a impasse y desgaste de las fórmulas existentes y diferente en cuanto al marco político y las fuerzas en presencia, Pablo Iglesias tuvo el acierto de proponer unas primarias abiertas a Cayo Lara y este cometió el error (llevado de una falta de realismo en la percepción de las correlaciones de fuerza y desconocedor de los deseos de numerosas gentes activistas) de rechazar la fórmula. Fueron respuestas diferentes al dilema del momento. Hoy la izquierda deberá resolver como salir del laberinto. En mi opinión deberá realizar un esfuerzo por organizar un debate programático entre los componentes de la amplia y diversa izquierda que no han sucumbido al gobernismo institucionalista ni a la subordinación como socio menor del PSOE. Y, además, si quiere volver a movilizar al activismo social y político de izquierdas de nuevo, deberá realizar unas primarias conjuntas democráticas y proporcionales entre los agentes y sectores políticos aquí descritos. Y hacerlo de forma leal y fraternal, sin imposiciones ni a priori, con transparencia y juego limpio.