Opinion · Otras miradas

Basta de ofender a las mujeres

Cándida Martínez López

Catedrática de Historia. Universidad de Granada

Es 8 de marzo. Acabo de volver de una concentración feminista en el Rectorado de mi Universidad. Recibo una imagen y un texto publicados en un diario digital (ESdiario), incorporados, con notable jolgorio, por la web de un partido de extrema derecha. Me remuevo y me indigno.

En la foto aparece un grupo de mujeres mayores sentadas en el tranco de la calle de un pueblo con una tira negra en sus ojos. El titular no tiene desperdicio: Desarticulada una peligrosa banda de mujeres que planificaba no hacer huelga el 8M. El pie de foto: “en el centro, Paqui, junto al resto del comando de señoras desarticulado”.

Esa tal Paqui es mi madre, que, con sus 93 años, me ha preguntado esta mañana donde era la concentración de las mujeres, ¡qué pena, me decía, que ya no pueda ir! Ella ha hecho posible con su trabajo y sus ideales democráticos que las mujeres de hoy vivamos tiempos mejores que aquellos terribles del franquismo que ellas tuvieron que padecer. Las que la acompañan son sus vecinas, mujeres de un pueblo pequeño de Andalucía, trabajadoras, emigrantes, temporeras, inteligentes y dignas mujeres, que, como todos los veranos, se reúnen en la calle al atardecer y hablan de ellas y del mundo, creando lazos de amistad y de ayuda mutua.

La foto está publicada en la bitácora de Francisco Muñoz, un blog pacifista que siempre ponía en valor las actitudes solidarias y pacíficas de mujeres y hombres para construir un mundo mejor. Ellas, las mujeres de la foto, se sintieron encantadas de aparecer como tales: “practican, sin saberlo, -dice el texto de la bitácora- un ritual que se realiza en otras calles del pueblo, de muchos pueblos de Andalucía, de muchos pueblos del Mediterráneo… en muchos lugares del planeta. Es un ritual vital y purificador que a su vez se relaciona con el don y el contra don, la ética del cuidado, la dialógica, la baja entropía, y muchas otras prácticas sustentadoras del bienestar”.

La imagen de tan “dignas mujeres” ha sido manipulada y denigrada por tal diario calificándolas de “peligrosa banda”, “de una célula de mujeres que ignoraba las consignas de Carmen Calvo y fue sorprendida negándose a usar «portavoza» y a hablar mal de sus maridos”, además de otras lindezas que prefiero no repetir. Como son mujeres de pueblo, mayores, y de Andalucía, las consideran incultas, torpes, es decir, motivo de burla y utilizables para sus fines. Las humillan, las denigran y las ofenden.

Este diario, y quienes lo reproducen, ni saben, ni quieren saber, de la lucha callada de tantas mujeres (incluidas las de los pueblos pequeños), de su trabajo, de su iniciativa, de su cultura, de su dignidad, de su sabiduría, de su admiración hacia quienes se comprometen con la igualdad. Quienes escriben, publican y difunden semejante panfleto desprecian e insultan a las mujeres mayores, a las mujeres de los pueblos, a las mujeres trabajadoras, humildes en sus formas y grandes en dignidad y buen corazón.

Que mi voz sirva para contrarrestar tal desprecio e indecencia, y, sobre todo, para reconocerlas y mostrarles, una vez más, mi agradecimiento y respeto por todo lo que ellas representan.