Opinión · Otras miradas

Peticiones viciosas

Cuando hice la mili allá por el año 81 (me comí el golpe de Tejero y tuve de jefe al zumbao que retó a muerte a Willy Toledo), en la puerta del chiscón del sargento de semana había un cartel, pegado con un celo negruzco-amarillento, que decía lo siguiente:

Las peticiones viciosas se castigan con una semana de arresto.

Soy poco sospechoso de militarismo, pero debo reconocer que aquella advertencia me pareció muy bien planteada.

¿Qué es una petición viciosa? Muy sencillo: una que tú mismo sabes que es una gilipollez, a la que no tienes derecho, pero que planteas de todas formas, como quien compra un décimo de lotería: a ver si cuela.

Para mí, una petición viciosa tiene siempre que conllevar un castigo.

Extrapolado al campo de la política, las afirmaciones o peticiones viciosas son todas aquellas iniciativas que no tienen tanto por objeto intoxicar (lo que las incluiría en el saco de víboras de las fake news) sino llamar la atención o distraerla de otros temas de los que no interesa que se hable. Como en España nos gustan tanto las etiquetas en inglés, propongo que llamemos a esta irritante actividad bullshitting. Todo el mundo, incluido el que las emite, sabe que las bullshit son gilipolleces, pero aún así el político jeta de guardia las pone en circulación a mala fe, haciendo perder a los contribuyentes, a los medios de comunicación serios y a las propias instituciones del Estado una ingente cantidad de tiempo y de energía. El bullshitting no es una actividad privativa de la derecha: baste recordar a Pedro el Guapo y su propuesta propagandística de acabar con los aforamientos o de cepillarse el Ministerio de Defensa. Pero hay que admitir que Casado y Rivera, en su pueril pataleta por no poder sacar al presidente de la Moncloa, lo han llevado al paroxismo.

El último ejemplo de bullshitting que me viene la cabeza es la petición del Trifachito de que la Junta Electoral prohíba, por propaganda ilícita, las ruedas posteriores al Consejo de Ministros. La petición acaba de ser desestimada, pero no hay multa para los que la han planteado. No entiendo el porqué.

¿Por qué no importar del mundo del derecho la figura de la demanda temeraria? En los pleitos civiles (y yo ya he ganado unos cuantos, incluido el de aquel cantamañanas que osó llamarme maltratador en redes), cada vez que un juez tiene la desagradable sensación de que una de las partes le está intentando engañar burdamente, condena en costas al demandante, que no solo pierde el pleito, sino que le tiene que pagar el abogado a la parte contraria.

Veamos qué le pedían a la Junta los bullshitters Casado y Rivera

  1. que sancionara una rueda de prensa anterior a la convocatoria electoral.
  2. que hicieran lo mismo con otra en la que no se contenía ninguna alusión a los logros obtenidos por el Gobierno.
  3. que adoptara medidas respecto “a futuras ruedas de prensa” sobre las que – señaló la Junta Electoral– “por su carácter meramente hipotético no resulta posible adoptar ninguna decisión al respecto”.

Estas peticiones constituían tal cúmulo de gilipolleces, que en cuanto me enteré de que habían sido desestimadas, me vino a la cabeza aquella canción de Georges Brassens que hizo aquí famosa Javier Krahe.

Y yo con mi petición como un gilipollas, madre
Y yo con mi petición como un gilipo-o-o-o-llas

Bullshitting es también el intento de Inés Arrimadas de ridiculizar el feminismo por el solo hecho de que hay por ahí alguna lideresa que dice portavoza. A mí portavoza me parece ridículo, pero es un detalle nimio en la más que razonable lista de reivindicaciones del feminismo, y no debería ser ni siquiera tenido en cuenta. Pues bien, para Arrimadas portavoza es la esencia del pleito y la razón por la que resulta necesario crear un feminismo aparte, en el que ella pueda descansar a gusto.

Portavoza es el guisante bajo los 20 colchones que le molesta a la princesita Inés en la cama del feminismo y que la lleva a proclamar a los cuatro vientos: yo no podría dormir en esa cama, acabaría con la espalda destrozada.

Y su proclama es un bullshitting como una casa, porque todo el mundo sabe que la razón por la que Arrimadas quiere ridiculizar el feminismo y dividirlo es porque es un movimiento contra el abuso. Abuso del hombre en los salarios, en la fuerza física, en el reparto de las tareas del hogar. Y todo movimiento que se opone a un abuso es, mal que les pese a Casado y Rivera, un movimiento de izquierdas. Mientras que Cs es un partido de derechas, alentado por el Ibex 35 (¡hay que inventar un Podemos de derechas! – dijo el Presidente del Banco Sabadell) para defender los privilegios y blindar a las élites frente a las reivindicaciones de los perroflautas.

Las manis del 8M han puesto muy nervioso a los del Trifachito. Intuyen que la sociedad está en estos momentos muy sensibilizada frente al abuso, y siempre que ocurre algo así, la izquierda se moviliza y la derecha es derrotada en las urnas.

El 8M es para ellos un augurio funesto, el anuncio de que lo que les ocurrirá en abril.

Es el momento de que esta manada de bullshitters se entere de que no puede tratar como a gilipollas a los millones de contribuyentes que les pagan el sueldo, el iPad y el móvil.

Como cantaba Chicho Sánchez Ferlosio en sus Coplas del Tiempo

¡Fuera el abuso!
¡Fuera los abusones y quien los puso!