Opinión · Otras miradas

El cóndor vuela de nuevo

Eva Solla

Coordinadora nacional de Esquerda Unida e vicepresidenta do Parlamento de Galicia

En 1970, mucho antes del acceso de Allende al poder en Chile, Kissinger ya había diseñado para Nixon un plan para su derrocamiento. De hecho, las medidas iniciales fueron encaminadas a evitar que pudiese siquiera llegar a ser Presidente. Fallado el objetivo inicial, el plan se encaminó al estrangulamiento económico primero y al golpe militar después.

A pesar de la mejora de los derechos sociales en Chile y de la nacionalización de sectores estratégicos, la falta de independencia financiera y la necesidad de importaciones engordaron de manera notable la creciente inflación a través del bloqueo auspiciado por EEUU. ¿Les suena?

El Departamento del Tesoro de EEUU acaba de anunciar el bloqueo de los fondos de los bancos Bicentenario, Venezuela y Banco de Desarrollo Económico y Social de Venezuela. Una medida que podría producir grandes prejuicios para el pago de salarios públicos y pensiones.

Solo en los últimos meses se acumulan decenas de ejemplos del bloqueo. El 14 de marzo, el Departamento del Tesoro norteamericano anunciaba nuevas sanciones contra Minerven, la empresa minera pública que gestiona la explotación de oro en Venezuela. Hecho que se suma al bloqueo de reservas auríferas depositadas en el banco Citigroup. En enero era la PDVSA, la empresa petrolera estatal, la que sufría un bloqueo de 7.000 millones de dólares por parte del Gobierno de Trump.

El bloqueo y embargo de activos que pertenecen al pueblo venezolano, el ataque a los recursos eléctricos y la modificación vía Internet del cambio de moneda para generar inflación son medidas con dos objetivos. Uno a corto plazo, derrocar al Gobierno venezolano. Y uno a medio plazo, hacerse con los recursos naturales del país e instaurar un Gobierno de corte neoliberal que como en los setenta privatice dichos recursos para gloria económica de las multinacionales norteamericanas.

El moderno Plan Cóndor esconde viejas recetas y mismos objetivos.

El padre de dicho plan, Henry Kissinger, que sigue a día de hoy asesorando al Gobierno estadounidense en materia de relaciones internacionales, gestionaba en 1970 la fallida estrategia Track I para impedir el acceso de Allende al poder y pronunció por aquel entonces la conocida frase “no veo por qué tenemos que esperar y permitir que un país se vuelva comunista debido a la irresponsabilidad de su propio pueblo”. ¿Esto también les suena?

El 18 de febrero Donald Trump emitió un discurso en Florida pronunciándose en estos términos: “Los días del socialismo y el comunismo están contados”. Si atendemos a las palabras del vicepresidente Mike Pence este mismo mes en una conferencia en Washington pidiendo al pueblo estadounidense elegir “libertad antes que socialismo”, resulta más que evidente que la maquinaria comunicativa está puesta a disposición de la nueva estrategia de intervención de EEUU en Latinoamérica.

Unos nuevos Track I y II de diferente corte para derrocar los gobiernos progresistas, como ha acontecido en Brasil o en Argentina y una aplicación después de los principios de la escuela de Chicago para que la instauración de gobiernos neoliberales y sumisos al Pentágono culmine haciéndose con sus recursos naturales y económicos.

Venezuela es una piedra en la bota estadounidense. Es por ello que el trabajo de manipulación informativa y de demonización de su Gobierno paralela al estrangulamiento económico son una prioridad para la Casa Blanca.

La izquierda social y política debe atender a la Luna y no al dedo, evitando caer en conocido error de asumir la propaganda y terminar amando (o justificando) al opresor y odiando al oprimido.

El pasado mes de febrero nos reunimos en Caracas cientos de militantes sociales, políticos y sindicales en la Asamblea Internacional de los Pueblos. Con el objetivo de tejer redes solidarias intercontinentales que denuncien la desestabilización de EEUU de la región sur de América, al igual que en oriente medio; defender las luchas y los avances sociales y por encima de nuestras diferencias, tener la altura política de entender que no cabe ponerse de perfil mientras la bota norteamericana avanza pisoteando a los pueblos.

El cóndor vuela de nuevo. Solo la solidaridad y la relación soberana entre pueblos pueden evitar que siga avanzando en América Latina.