Opinion · Otras miradas

A Rivera se le ve el pepino

José Angel Hidalgo

Funcionario de prisiones, periodista… y motero

Como no sé cuántos lectores de Público son partidarios de mover dos ruedas sin ayuda de pedales, quiero aclarar que en jerga motera pepino es una máquina con músculo hipertrófico, con más jacos de los que cabrían en un vídeo de Santi Abascal.

Es que Rivera me sorprendió en la mañana de ayer con su acto de campaña celebrado en el madrileño puerto de la Cruz Verde, ese mítico lugar donde los motoristas tiran de la brida y se detienen para  su incruenta berrea de a ver quién la tiene más larga.

Algún antropólogo de los que no tienen mucho qué hacer los domingos los he visto yo por allí tomando notas en una servilleta del mesón del puerto: tanto casco, rugido y color no deja de ser un espectáculo casi tribal, y las patatas bravas que sirve el mesonero se dejan comer.

El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, en un acto electoral con motoristas en el mirador de Ángel Nieto, cerca del puerto de la Cruz Verde de Madrid. EFE/Emilio Naranjo
El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, en un acto electoral con motoristas en el mirador de Ángel Nieto, cerca del puerto de la Cruz Verde de Madrid. EFE/Emilio Naranjo

Como sé un poco de qué va la vaina de las motos tras cuarenta años agarrado a un manillar, me veo casi en la obligación de subrayar la trascendencia del paso que ayer dio el líder de Ciudadanos: ha cambiado de montura, sí, y esta circunstancia, como motero veterano que soy, la estimo en su justa gravedad, pues elegir una moto y no otra es un acto que no deja de tener, como todo en esta vida, una lectura política trascendente.

Sí, de ser el líder pujante de un partido que desde hace años (cuando era socialdemócrata) mostraba con una sonrisilla conformista una sencilla Yamaha Fazer en su garaje, Rivera me ha dejado atónito con su metamorfosis: deberías verle pavoneándose por el puerto embutido en un exclusivo mono de cuero de Dainese, valorado en más de mil euros, sobre una Ducati Diavel de 160 CV, todo un pepinazo de más de 20 mil.

Chúpate esa, Abascal, que te vas a ver en la tesitura de humillarte (otra vez) llamando a la alba nobleza. Pedirá el de VOX (a los que le miman y le mandan) que busquen por las palaciegas cuadras corceles de suficiente alzada como para rivalizar con este nuevo Rivera: “es que el video anterior se ha quedado antiguo… parecía que íbamos a cazar liebres con galgo…” suplicará el líder ultraterrenal.

¡Ducati, nada menos: total se ha quedado corto este Albert futurista, casi insoportable en su ferocidad hípermoderna! ¡Pero qué ligera y hermosa es la Diavel… y con entraña tecnológica alemana, para que no le falte de nada!

Albert Rivera sobre una Yamaha Fazer. INSTAGRAM
Albert Rivera sobre una Yamaha Fazer. INSTAGRAM

La primera reflexión que se impone es que al mismo tiempo que con su nueva moto adquiría el político más potencia y sofisticación, sus propuestas electorales sin embargo iban perdiendo masa en progresismo y solidaridad.

Así es: obsesionado desde hace unos meses en cómo lanzarse a correr con éxito contra la partida de garrocheros de VOX, y también (aunque menos) contra las lentas, clasistas y gordas BMW de los del PP (Ruiz Gallardón, Jorge Moragas y Arias Cañete, entre otros, las pilotaban), se ha puesto Rivera a acelerar como loco, amilanando a todos en este inicio de campaña con el bramido de su espectacular tubo de escape: “cuanto más retuerzo el puño del gas, mejor” pensará, pues Albert quiere ser el primero en recordar todos los días a España la maldad intrínseca al nacionalismo golpista. ¿Para qué quiere más programa electoral?

Yo creo que la Ducati desenmascara esta carrera loca, esta filfa (a la desesperada) de Rivera: ahora que lo pienso, igual fue el mismo día en que probara su nueva moto cuando decidió colocarnos como eslogan único lo de echar a Sánchez de la Moncloa… por golpista. O a lo mejor fue al revés, y el orden correcto fue primero echar a Sánchez (por golpista) y luego pasarse por el concesionario de Ducati.

La verdad es que no lo sé.

Ah, dónde estará aquella humilde Yamaha Fazer, tan resultona.

¿Y el famoso programa de pacto de Gobierno (tan resultón) firmado a bombo y platillo con el hoy presidente del Gobierno, en qué cajón descansará?

Por cierto, que si no recuerdo mal esa Yamaha Fazer era parecida a la  que pilotaba el socialista Tomás Gómez, el mismo que se encontrara una buena mañana con que no le dejaban pasar a la sede madrileña del partido del que era presidente: le habían cambiado las cerraduras.

Entonces igual Rivera no es que haya emprendido una loca carrera de motos, una huida política hacia adelante, es que ha aparcado a la Fazer por la mala pata que trae

¡Que no es que quiera estrellarse el próximo día 28, es que elegir a Ducati es una humana decisión!