Otras miradas

El desafío de vincular lo personal y lo político en la economía

Alicia Rius Buitrago

Socia de la Red de Economía Feminista y del Grupo Cooperativo Tangente (https://tangente.coop/grupo-cooperativo-tangente/la-economia-evoluciona-en-tangente/)

Desde el desarrollo del liberalismo económico allá por el siglo XVIII hasta hoy, los hogares y las fábricas que tradicionalmente habían ocupado el mismo espacio doméstico, se escindieron abriendo una brecha cada vez mayor entre ambos espacios (público y privado). A lo largo del tiempo, esta y otras brechas que plantea el capitalismo se han acentuado, y han ido acompañadas de un discurso que muestra ambas realidades como contrapuestas y ajenas. Ahora estamos en campaña electoral y conviene recordarlo.

Las fábricas primero, y los mercados después, han contado con un interés creciente por parte de los estudios económicos tanto liberales como marxistas. Las casas, por el contrario, han sido sometidas a una invisibilidad cada vez mayor con todo lo que ello comporta. Invisibilidad de trabajos, invisibilidad de organización y, por último, invisibilidad de cuerpos. Todo lo que no ocurre en la esfera de lo público (remunerado, visible), se puede esconder en las casas.

Hasta la irrupción de los estudios de economía feminista, los hogares han seguido siendo ese cuarto tenebroso de una maquila donde se esconden condiciones indignas de vida, trabajos esclavos y pobreza. Los hogares, y dentro de ellos las mujeres, han tratado de compensar las restricciones impuestas por los bancos mundiales, organismos internacionales, estados y administraciones públicas varias: Si se recortan escuelas infantiles, se cuida en casa; si se encarecen los centros de día para mayores, se los atiende en las casas; si no se puede pagar el comedor escolar, se cocinan lentejas; y si el precio de la luz sube, se pasa frío.

La privatización de la supervivencia ha estado en el corazón de la crisis, cargando sobre las casas los trabajos de reproducción de la vida de los que ha dejado de hacerse cargo el Estado.

La contienda electoral escenifica la hegemonía cultural

En los años 70 del pasado siglo, el lema "lo personal es político" se convirtió en una de las consignas que más vivamente ha guiado (y continúa guiando) el devenir de los feminismos. Lo personal es político consiguió arrancar de la oscuridad y el terror de los hogares la violencia de género, darle visibilidad y exigir una respuesta al Estado.

En estos días electorales hemos asistido una vez más a varias escenificaciones de este imaginario colectivo (hegemonía cultural), que trata de separar con fuerza estas dos dimensiones de la realidad. Una de ellas hacía posible que en un mismo programa electoral se defendiera el salario mínimo por debajo de los 900 euros, mientras se prometían ayudas a la familia. Ambas medidas solo son capaces de casar en la cabeza de alguien que considera lo personal y lo político como realidades separadas y que privilegia el modelo "familia" frente a otros modelos posibles de organización social.

En economía, este hilo que va de lo personal a lo político es lo que trata de establecer y reforzar el feminismo. Las dimensiones macro y micro como dos caras de una moneda, lo que pasa en los mercados y lo que ocurre en los hogares. Si las casas no son tenidas en cuenta, ni las condiciones de trabajo en las que principalmente las mujeres sostienen las vidas, siempre será falsa la afirmación de que "la economía va bien".

Quién cuida, en qué condiciones y con qué derechos debería ser un asunto de estado de primer orden, atendido por instituciones y empresas y repartido de manera equitativa en la sociedad. Sin embargo, a pesar de que no ha llegado a serlo aún, no nos resignamos a volver a la invisibilidad. En la agenda de los feminismos, que han mostrado su fuerza en la calle estos últimos años, está como prioridad favorecer un modelo social y económico que responda a las necesidades de la vida en sentido amplio.

El ámbito empresarial, clave para hacer nuestras vidas vivibles

El desafío que plantea vincular lo personal y lo político en la economía es con qué mimbres vamos a tejer la trama que va de uno a otro para permitir que nuestras vidas sean vidas vivibles y dignas dentro y fuera de los hogares.

En el ámbito empresarial existen modelos de empresa sensibles a estas cuestiones. Hablo de la economía social y solidaria (ESyS). Las cooperativas, asociaciones y demás fórmulas empresariales que se encuentran bajo el paraguas de la ESyS han crecido en propuestas por situar la vida en el centro del desarrollo económico. ¿Cómo? Promoviendo otros modelos de organización laboral, tanto de jornadas como de salarios, que permitan a las personas organizar sus empleos sin renunciar a sus vidas (tengan o no familias a su cargo). Y visibilizando que los trabajos de cuidados no son un asunto familiar e individual, sino un asunto social en el que las empresas están interpeladas de manera directa. En este sentido, se han realizado diversas guías de corresponsabilidad en la empresa y se facilita el asesoramiento a la creación de empresas con perspectiva feminista (diversos puntos de asesoramiento a empresas de REAS, por ejemplo).

Pero en la ESyS no solo importan las condiciones de las personas trabajadoras dentro de sus empresas, sino que también ha apostado en los últimos cinco años de manera específica por la mejora en las condiciones laborales de quienes se encuentran trabajando de manera remunerada en el sector doméstico y de cuidados. Este sector de empleo sigue estando sometido, en pleno siglo XXI, en España, a un régimen especial que no contempla convenio regulador. Algo especialmente relevante en estos días de polémica sobre la importancia de fichar en las empresas y de visibilizar las horas extra; polémica que parece haber olvidado que uno de los sectores de mayor explotación laboral es el de las trabajadoras internas del hogar.

La alternativa a un sistema de producción y organización económica que va en contra de la vida no requiere inventar una fórmula económica desconocida y lejana. Requiere tan solo pensar de manera lógica. Nuestras vidas necesitan cuidados y también necesitamos proveerlos. Este es un hecho básico que tiene que servir de principio regulador de la sociedad. Si bien es cierto que a la ESyS le falta tamaño para constituir una alternativa laboral para mucha más gente también lo es que en época de crisis ha sido capaz de mantener empleo por encima de otros modelos de empresa. Si queremos que saque músculo es necesario que entren en juego las administraciones públicas, quienes pueden favorecer o debilitar su crecimiento. Apostar por un modelo de empresa que tenga en cuenta criterios de Igualdad, que no conlleve ánimo de lucro y que apueste por el medioambiente es favorecer la sostenibilidad de los cuidados y de la vida. Ahora estamos en campaña electoral y conviene recordarlo.

Si estás interesada en seguir reflexionando sobre economía y feminismo en septiembre, del 5 al 7, en la Universidad de Valencia, tendrá lugar el VI Congreso nacional de economía feminista. Te esperamos