Otras miradas

Ocasio-Cortez y la derrota del cinismo

Javier López Astilleros

Documentalista y analista político

La verdad en política es terriblemente incómoda. Se espera mucho de aquellos o aquellas que muestran la desnudez de la realidad, por eso su verbo no descansa. Son la voz de la conciencia que reacciona cuando los fantasmas de la injusticia y la desigualdad aparecen en cada crisis.

En A la conquista del Congreso, la directora Rachel Lears capturó las voces defensoras de los trabajadores. Guiada por una gran intuición, recoge con su cámara el compromiso y la actividad de un gran movimiento social, el mismo que iba a impulsar a Ocasio-Cortez a una victoria apabullante. Lears siguió en diferentes Estados del país a cuatro mujeres unidas por un programa común. La sanidad universal, una educación pública de calidad, la protección de los ecosistemas naturales y culturales, y la distribución de la riqueza, que son los cuatro puntos cardinales que dignifican a una comunidad.

Tienen en común el deseo de recuperar la dignidad que desde hace años niegan a los trabajadores norteamericanos. Se apoyan en estructuras políticas como Justice Democrats y Brand New Congress, organizaciones vinculadas a Bernie Sanders, Kyle Kulinski (Secular Talks) y Ceynk Uigur (Young Turks). Son mujeres que quieren regenerar el Partido Demócrata, o más bien acabar con su estructura de un poder enfangado por donaciones de empresas a rocosos gobernadores.  Su paso por la política es como una corriente de agua dulce en el interior de un mar contaminado por plásticos y residuos industriales.

Por eso  Paula Jean Swearengin grita, patalea y exige un nuevo contrato ambiental y laboral. "Mi padre murió joven por impulsar a América". Paula procede del oeste de Virginia. La explotación minera ha arrancado colinas y montañas de la tierra, y el aire contamina los pulmones de los mineros, que mueren a causa de la neumoconiosis, y acaban consumidos como la energía de un país imposible de saciar.

Cori Bush, de San Luis, también es una activista social. Pretende desbancar a una dinastía familiar de políticos de Misouri, que fagocita el poder desde hace medio siglo. Por eso se presentó a las primarias en el 2017. Se inició en el activismo gracias a su padre, y ha sido amenazada de muerte por el Ku Klux Klan. Lucha por un salario mínimo de 13 euros la  hora, en una nación donde una operación te puede arruinar o matar, si no dispones de medios.

Eso fue lo que sucedió a Amy Vilela. Su hija murió después de que fuera rechazada por el servicio médico de un hospital, porque no aportó un seguro de salud. La pobreza cierra las puertas de la solidaridad de un modo humillante. Vilela compitió en las primarias contra su oponente Harford, quien centró la contienda en el descenso del precio de los medicamentos."Sobreviví y pude recibir la atención médica que necesitaba", dijo Harford después de una grave enfermedad. "Me estremezco al pensar que muchos de nuestros vecinos están cerca de la muerte, cuando racionan las píldoras que casi no puede pagar". Pero la hija de Vilela no tuvo la misma suerte. En una secuencia la abraza poco antes de morir, mientras canturrea una canción al oído. Cada año, cerca de treinta mil familias sufren la misma situación en el país de las oportunidades.

Todas estas historias se entrecruzan con la sonrisa y el poderoso verbo de Ocasio- Cortez (28 años). Ella es una auténtica fuerza arrolladora. La necesidad de expresarse y soñar la impulsa hacia lo inexplorado de sí misma, más allá de la razón. Porque hay un punto de locura en enfrentarse en las primarias a Joseph Crowley, uno de los hombres más poderosos del Partido Demócrata.

Ocasio-Cortez cuenta con una ventaja: rechaza el cinismo de los representantes políticos. Siente pasión por la justicia, y tiene la capacidad de transmitir la energía del relámpago que brilla ante una montaña de adversidades.

Pensar que Ocasio-Cortez ha salido de la nada es erróneo. En 2016 trabajó en las elecciones para Bernie Sanders. Cuenta con miles de activistas con una gran experiencia y organización. No es exactamente un milagro, pues  la acompaña el favor de los tiempos: los representantes democráticos ya salen del pueblo. Los profesionales de la política lo van a pasar mal. Los candidatos van a tener dificultades para justificar las donaciones de empresas. La profesionalidad no debe de aceptar presiones de los empresarios, ni mucho menos donaciones de las corporaciones, porque en muchos casos ese dinero procede de la explotación laboral y las cábalas financieras. No es ético, y la antigua camarera lo sabe, porque su arrojo e inteligencia procede de un intelecto precoz.

Hoy a los electores les gusta la sinceridad. Perciben con nitidez quiénes les representan. Y premian el arrojo y la identificación de los candidatos con el pueblo. Incluso reaccionan contra la élite progresista distanciada de los trabajadores, y rechazan la derechización global, que ha traicionado sus bíblicos valores. La corrupción republicana procede de su concepción de las relaciones económicas. Por eso la activista señaló hace algunos días que la usura se denuncia explícitamente en la Biblia. "Estoy ansiosa por que la derecha religiosa respete sus principios y firme en el proyecto de ley…a  menos que, por supuesto, solo invoquen la religión para castigar a las mujeres".

Ocasio- Cortez vuela libre sobre un mar de contaminación. No hay empresa que la soborne, por eso la temen. Las imágenes de sus seguidores en la sede gritando su victoria son casi lisérgicas por la alucinación. Las lágrimas de los activistas son las de su candidata, porque ha salido de sus entrañas, la de los movimientos sociales, y ha conseguido la comunión con toda su gente y muchos anónimos, que adoran su carisma y arrojo.

Llora la protagonista cuando recuerda las palabras de su padre fallecido, el arquitecto puertorriqueño Sergio Ocasio, durante un viaje al Capitolio: Hija, ¿ves todo esto?: El Congreso nos pertenece. Y ella le debió de creer.

Cuando el cinismo es derrotado, todo es posible.