Opinion · Otras miradas

Ada Colau, alcaldesa

Yosef Bakali

Estudiante de ciencias políticas por la UdG y Consejero Ciudadano de Podem Barcelona

Pablo Guerrero

Doctorando en Ciencias Políticas

Después de semanas de tensión y trabajo el domingo 26 la ciudadanía barcelonesa expresó de forma muy diversa qué ciudad quería. La lectura de estos resultados no es clara, el voto no es una expresión inequívoca, e interpretar los resultados como un conjunto homogéneo oculta la pluralidad de nuestra ciudad y la heterogeneidad de razonas que nos llevan a escoger una papeleta. Esta semana nos ha permitido reflexionar y discutir con diferentes personas, por ello creemos interesante exponer nuestra lectura de los escenarios que se abren.

El domingo por la noche Ada Colau compareció ante sus seguidores, después de un apretado recuento, que lideró largo rato, el tono a esa hora era de decepción, les alejaban de la victoria menos de 5.000 votos. Durante su intervención sus fieles coreaban “Alcaldessa” y “Si se puede” gritos que expresaban apoyo, esperanza, pero también la victoria que suponía haber gobernado estos 4 años y haber “ampliado el horizonte de lo posible”. El ambiente era ambivalente, desde felicitaciones por una buena campaña, al que poco ha faltado, nadie podía pensar a quince días vista, hemos de recordar que las elecciones eran en todos los municipios y algunas comunidades, y los espacios aliados habían sufrido un mal resultado, lo cual dificultaba un análisis pausado de la situación barcelonesa. Las noches electorales son intensas, cargadas de emociones.

Visto en perspectiva, el resultado electoral de Barcelona es muy positivo para el bloque progresista, 28 regidores y en torno al 60% de votos, supera el record desde la reinstauración de la democracia. Barcelona se consolida como referente para la izquierda de todo el Estado. Este análisis que podría parecer básico, se complica por la existencia de un segundo eje que orienta la vida política en Cataluña, el procés, la distinción entre quienes promueven la independencia (ERC y JxC, que suman 15 regidores) y quienes impusieron el 155 (PP, C’s y PSC, 16 regidores), en este sentido las mayorías son mas ambiguas. La negación por ambas partes de un espacio de acuerdo y de defensa de las libertades y la fraternidad, hace que las alianzas no sean obvias, y que cualquier alianza sea duramente criticada por quienes se queden fuera. Partiendo de este contexto de competición política en dos niveles, se abren diferentes escenarios:

  1. Un tripartito de izquierdas, opción que cuenta con el apoyo de BComú, partido de la alcaldesa, y que supondría una mayoría amplia en la ciudad que impulsase y ampliase las políticas sociales y urbanísticas (especialmente en relación a la vivienda y el medio ambiente) de este mandato. Permitiría acercar a dos partidos enfrentados en la arena nacional, PSC y ERC, y supondría un primer paso para desbloquear la política catalana. Este escenario, pese a ser muy deseable, parece poco probable dado los vetos mutuos de ambas formaciones (ERC y PSC).
  2. El segundo escenario seria un gobierno de ERC (ya que al ser la primera fuerza accede automáticamente a la alcaldía si no hay otra mayoría absoluta, 21 regidore), ya sea en solitario o con su eterno socio JxC, repitiendo el modelo de la Generalitat, y utilizando Barcelona como un altavoz de su procés, y un campo de batalla en la lucha por la hegemonía que ambos partidos independentistas arrastran desde hace años. Esta opción parece probable que paralice la generación de nuevas políticas por parte del ayuntamiento (como ya pasa al otro lado de Sant Jaume), y se nutra de los resultados de la gestión anterior y del apoyo partidista de la Generalitat.
  3. Un acuerdo ERC-BComú, este escenario obliga a buscar los votos de JxC para gobernar. Esta opción invisibilizaria a la actual alcaldesa dejándola a merced de su socio, que podría romper el acuerdo en cualquier momento (especialmente en el contexto de lucha por la hegemonía que ERC mantiene con los postconvergents), lo que no garantizaría el mantenimiento de las políticas iniciadas.
  4. Una investidura de Ada Colau como alcaldesa, ya fuese en solitario o en coalición con el PSC, con los votos de BComú, PSC y los independientes de Valls (quien ya se ha pronunciado a favor de esta opción). Esto facilitaría seguir con las políticas empezadas y permitiría dotar a Barcelona de un modelo de ciudad coherente, con un proyecto de futuro propio, que no subordina la ciudad a nada.

Tras exponer las diversas posibilidades, creemos que es el momento de apostar por una, aunque probablemente quien nos lee ya ha podido entrever cual es la opción que creemos mas beneficiosa y posible (el titulo da poco lugar a dudas), consideramos que merece más que una mera exposición de la situación.

Pese a que lo ideal en nuestra opinión seria un tripartito de izquierdas apoyado por una amplia mayoría que garantizase la transformación de la ciudad a largo plazo, y que nos permitiese salir de la política de bloques y el bloqueo, no parece que este escenario sea probable dado los mutuos vetos que existen entre ERC y PSC. Por ello creemos que lo mejor para Barcelona es seguir fuera de esa lógica de bloques y permitir que Ada Colau siga implementando su proyecto de ciudad y las políticas valientes que han comenzado esta legislatura. “Políticas valientes” que tienen una traslación mas allá de lo discursivo, el incremento del ritmo de construcción de vivienda publica (ha impulsado casi 5.000 en estos años), las superillas (que plantean la reconquista del espacio publico y las zonas verdes), Barcelona Energía (que garantiza el derecho a la energía accesible y ecológica), la apuesta por la movilidad sostenible (aumento del carril bici, tram), las políticas feministas (el centro de cuidados y el centro LGTBI)…

Por ello consideramos que estos resultados justifican que Ada repita como alcaldesa ya sea en solitario, o con la estabilidad que le daría una coalición con el PSC (que en cualquier caso debería seguir el modelo de cogobierno del Botanic, compartiendo la gestión de todas las áreas). El apoyo de Valls necesario para esta opción será polémico, pero licito, su objetivo no es influir en las políticas, sino evitar el simbolismo de un alcalde independentista, prioridad que no compartimos, pero que es legitima. Una alcaldía de Barcelona en Comú, podría tender la mano a ERC y PSC para un pacto posterior o al menos para la aprobación de políticas que cuiden nuestra ciudad. Además, esto daría solidez a un proyecto como el de los Comuns, que propugna el dialogo, el bienestar social y las libertades civiles, cosas que Cataluña necesita especialmente en estos tiempos.

Barcelona necesita una alcaldesa que le permita seguir siendo alma del mundo, referente por su capacidad de cuidar y acoger. Nuestra ciudad merece que la cuidemos, que nos cuidemos, y para ese futuro en común Ada ha demostrado ser la opción mas valiente.