Opinion · Otras miradas

¿Llega la innovación educativa a las escuelas rurales?

Silvia Carrascal

Vicerrectora de Docencia y Aprendizaje, Universidad Camilo José Cela

Montserrat Magro Gutiérrez

Doctoranda en Ciencias de la Educación, Universidad Camilo José Cela

La escuela rural se caracteriza por ser un tipo de centro educativo con un bajo número de alumnos. Esto no permite llegar a las cuotas mínimas para distribuir a los niños y niñas en diferentes aulas y grupos según su nivel educativo. Es lo que denominamos escuela multigrado.

Sin embargo, esto no es un impedimento para que niños de diferentes edades compartan el aula, profesores y, por lo tanto, sus conocimientos y aprendizajes. Todos los estudiantes, con sus diferencias en edades, ritmos de aprendizaje y aspectos culturales y sociales conviven en un mismo espacio en donde un solo profesor debe conseguir el reto de programar actividades con las que todos sus alumnos, independientemente de la edad que tengan, logren sus metas de aprendizaje, además de contribuir de manera activa al desarrollo de sus habilidades sociales y comunicativas.

En base a esto, y en muchas ocasiones a la falta o a la no disposición de recursos, es posible dimensionar la complejidad de dicha actividad docente, la cual requiere de un alto sentido y capacidad de resolución de problemas en escenarios educativos que en ocasiones son impredecibles. Sin duda, la capacidad de innovar en las aulas y en los espacios de aprendizaje es importante. Pero, ¿cuáles son los retos y posibilidades para la atención pedagógica de estos centros educativos?

Claves para transformar la enseñanza

En España, y según los datos del informe del Consejo Escolar del Estado, en el curso 2016-2017 se escolarizaron 74.219 alumnos y alumnas en centros rurales, lo que representa un 2,4 % del total del alumnado matriculado en estas enseñanzas.

Durante este mismo ciclo escolar, en México, de acuerdo a los Indicadores del Sistema Educativo Nacional 2017, las escuelas preescolares y primarias multigrado representaron el 28.7 % y el 43.2 % del total de los centros escolares de ambos niveles educativos, convirtiendo así este constructo en un tema de atención prioritaria en la política educativa mexicana.

En ambos casos, las cifras antes señaladas representan un valor lo suficientemente importante como para tener en cuenta las experiencias educativas que se desarrollan en este contexto y el impacto que tienen en el aprendizaje.

La UNESCO señala que la tarea más importante de las escuelas es garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, además de promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida y para todos, tal y como se describe en el plan de acción de la Agenda de Educación 2030.

Lo más importante es proporcionar a los alumnos una experiencia educativa con los recursos y metodologías necesarios para apropiarse de los contenidos que les permitan alcanzar los objetivos y desenvolverse eficientemente en el entorno en el que viven.

Este es uno de los grandes retos a los que se enfrenta la enseñanza contemporánea rural y que se constituye como línea prioritaria de numerosos proyectos a nivel mundial, tales como el proyecto HORIZONTES en América Latina.

La diversidad de alumnos, junto con las características propias de las aulas, los espacios y el entorno específico que tienen la mayoría de estas escuelas rurales se configura como un contexto que favorece y promueve que los educadores puedan desarrollar actividades innovadoras a través de metodologías activas, en las que el intercambio de conocimiento, el trabajo colaborativo, la gamificación, la comunicación y el uso de la tecnología son un pilar fundamental del aprendizaje.

En este sentido, podemos considerar que la implementación de enfoques educativos constructivistas son conceptos que deberían estar presentes en el aula multigrado.

Sin necesidad de disponer de grandes recursos y haciendo uso del entorno como base fundamental del aprendizaje, las metodologías como el Visual Thinking, el Design Thinking, el Aprendizaje Basado en Proyectos o el Aprendizaje Basado en la Resolución de Problemas, se configuran como herramientas clave para la comprensión y el desarrollo de competencias de sostenibilidad, claves para el desarrollo humano en el siglo XXI.

El uso del medio y entorno natural como herramienta educativa y espacio de aprendizaje en el contexto rural, abierto y flexible, conlleva a instruir a los educandos de forma dinámica y motivadora, fomentando el trabajo colaborativo, la curiosidad y la creatividad, así como el desarrollo del pensamiento crítico y reflexivo.

El espacio que inspira el aprendizaje

Si bien es cierto que los centros educativos rurales multigrado deben de tener en cuenta algunos retos relacionados con las infraestructuras, la dispersión poblacional y la complejidad de la heterogeneidad y diversidad en las aulas; algunos expertos educativos consideran que el entorno en la zona rural es el escenario idóneo para la potenciación de aprendizajes efectivos y significativos.

La riqueza del escenario rural en su variedad de contextos culturales, sociales, arquitectónicos, gastronómicos y naturales, favorece la posibilidad de interconectar los procesos educativos con las costumbres y el orden diario del núcleo rural.

Todos sabemos que las vivencias y el aprendizaje natural y práctico (Learning by Doing), donde el alumno va experimentando e indagando con sus propios conocimientos, es una de las causas de mayor efectividad de las experiencias educativas para las personas.

En este sentido, crear y renovar las aulas y entender los espacios abiertos e interconectados como una oportunidad de mejora y motivación hacia el aprendizaje es un desafío que invita a pensar en que parte de la innovación educativa pasa por la generación de entornos dinámicos e inspiradores donde el alumno se sitúa en el centro de la experiencia de aprendizaje y el profesor, actúa como mediador del conocimiento.

En 2019, el desarrollo de buenas prácticas en torno a la escuela rural se ve reconocido a nivel mundial al otorgar al profesor Peter Tabichi el Global Teacher Prize.

Un gran potencial para la innovación

Si consideramos que la innovación es un proceso de mejora continua, sostenible y que genera valor, proyectos como “Haciendo Hacenderas” recogidos por la Fundación COTECson un claro ejemplo de innovación en escuela rural, al promover el desarrollo de la inteligencia cultural, el trabajo en equipo, el trabajo en comunidad y la participación activa de los mayores en el proceso de aprendizaje.

En la región de West Kootenay en la Columbia Británica, los educadores, la administración, la comunidad escolar y los estudiantes discuten muchos aspectos esenciales para la formación de maestros de escuelas rurales en Crawford Bay a través del proyecto de huertos escolares.

El potencial de la escuela rural radica, por lo tanto, en el desarrollo de estrategias didácticas globalizadoras, basadas en la indagación, interactuando directamente con el entorno y con la participación activa de todos los agentes implicados en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation

 The Conversation