Opinion · Otras miradas

Borrell, el polémico

Ana Miranda

Portavoz BNG Bruselas

Silvio Falcón

Profesor Asociado de Ciencia Politica Universitat de Barcelona

La figura del Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y la Política de Seguridad es una de las principales debilidades de la política exterior europea. Su propia condición, a caballo de las vicisitudes del Consejo Europeo y en el seno de la Comisión Europea, le confiere un aura de poder que, en la práctica, reside en los gobiernos de las grandes capitales europeas. Sus funciones requieren de capacidad para la mediación y el diálogo, especialmente teniendo en cuenta los poderes y contrapoderes existentes en el interior de las instituciones europeas. Combinar una mano izquierda diplomática (a la interna) con una agenda clara, osada, con liderazgo, en clave externa debería ser el principal objetivo de Mr o Mrs PESC, sea su apellido Borrell o cualquier otro.

Josep Borrell, aún disponiendo de su high CV internacional, no reúne las condiciones necesarias para desarrollar con éxito las funciones del puesto al que ha sido nominado. Borrell es el síntoma de una política institucional europea reducida al mero intercambio de cromos entre Estados. ¿Por qué Borrell no debería ser escogido como nuevo jefe diplomático de la Unión?

‘España ha vuelto’

Pedro Sánchez anunció que España había vuelto. La nominación de su ministro de Exteriores como Mr PESC fue presentada por el Presidente del Gobierno como la recuperación de la influencia perdida en el seno de la UE. Más allá de lo cuestionable de sus declaraciones, Sánchez presentó como una victoria nacional lo que en realidad es un acuerdo nefasto para los socialistas en el Parlamento Europeo, que están sumamente insatisfechos con un pacto que los deja en la misma situación que en el año 2014; dirigiendo la política exterior -a merced de París y Berlín- y con la Presidencia de la Eurocámara durante dos años y medio.

Tsipras, Timmermans o António Costa pusieron en las manos de Sánchez las negociaciones para los “top jobs” europeos. El fracaso del PSOE fue debidamente tapado con la bandera española y con un premio secundario para Borrell.

El legado de Mogherini

El Tratado de Lisboa redefinió la figura de Alta Representante, creando un Servicio Europeo de Acción Exterior con el objetivo de dotar a la Unión Europea de una línea propia, capaz de promover el multilateralismo, la promoción de los derechos humanos, el diálogo y el respeto a la legalidad internacional. Sobre el papel, no era mala idea. Lo verdaderamente complejo era dotar a este organismo de una agenda política definida. La laborista Catherine Ashton desplegó el Servicio de Acción Exterior, pero fue incapaz de imprimirle impulso político. Federica Mogherini, en cambio, ha intentado hacer algunos avances, si bien tímidos, más políticos y mojándose en algunos temas.

¿Será Borrell capaz de continuar el iniciado rol político del puesto de la dialogante Mogherini y afrontar, de manera responsable, nuevos conflictos internacionales donde la UE puede jugar un rol en positivo?

Un Ministro de Exteriores obsesionado con un asunto interno

Lo comentado anteriormente enlaza con un hecho que no es menor. Josep Borrell ha vuelto a la actualidad política gracias a su protagonismo creciente en la cuestión catalana. Primero, sus apariciones en actos y manifestaciones organizadas por entidades contrarias a la independencia catalana, le otorgaron la relevancia pública que, a la postre, le permitieron entrar en el gobierno Sánchez.

En segundo lugar, la actividad de su Ministerio se ha caracterizado por una agresividad inusitada contra el movimiento independentista -ya víctima de la represión-. Su perfil apenas se ha diferenciado del de sus predecesores Dastis y García Margallo y los temas principales en los  que ha trabajado son obsesivamente los de siempre: Gibraltar y Cataluña. Como si no hubiera nada más.

Y este pasado reciente del aún  ministro Borrell nunca va a ser un actor favorable al diálogo, su fama y acciones lo preceden.

La polémica como tónica

Borrell es sinónimo de polémica. En cuestión de dos años ha quitado importancia al exterminio indígena en los Estados Unidos (“Lo único que hicieron fue matar a 4 indios”, en sus propias palabras), ha abandonado una entrevista en Deutsche Welle al grito de Stop this record o ha llamado desmemoriada a Theresa May. Entre otros charcos mediáticos en los que se ha metido. Y ya veremos que no serán los últimos.

Borrell ha construido un perfil mediático, políticamente incorrecto y cercano a las fronteras del PSOE con Ciudadanos y el Partido Popular, aprovechándose de la cuestión catalana. Las formas del ministro, en cualquier caso, han sido rudas y ásperas, incluso coléricas, especialmente en temas sensibles. Estas formas ya eran conocidas en sus tiempos de la Eurocámara.

Además de lo mediático, hay sospechas sobre la transparencia de su desempeño en dos casos importantes. En el año 2012 Borrell abandonó la Presidencia del Instituto Universitario de Florencia por no haber, presuntamente, declarado sus beneficios como miembro del Consejo de Administración de Abengoa. La prestigiosa institución académica europea consideró que podría existir un conflicto de intereses. El caso más sonado, en cualquier caso, fue el de Abengoa. El Ministro fue multado con 30.000 euros por la CNMV el año 2018 por haber hecho uso de información privilegiada. Y es que el candidato a Mr PESC vendió sus acciones en la empresa energética -de la que era miembro de su Consejo de Administración- un día antes de que suspendiera pagos y su valor bursátil se desplomara. Sospechoso, ¿verdad?

En Bruselas ningún Estado quería el puesto de Alto Representante porque requiere de viajar mucho y de una capacidad extraordinaria de hilvanar acuerdos entre capitales como reacción a las novedades de política internacional.

¿Será capaz Borrell -un señor de 73 años y con una carrera definida- de rebajar su perfil y de abandonar definitivamente la polémica y la presencia mediática en favor de los intereses diplomáticos europeos?

¿Por qué Borrell no debería ser escogido como nuevo jefe diplomático de la UE?

Borrell representa un mal acuerdo para la izquierda europea en el seno de las instituciones europeas. El candidato del PSOE a Mr PESC es cualquier cosa menos un ejemplo de diplomacia, mediación o diálogo. La obsesión demostrada con la cuestión catalana lo descalifica para ser un agente facilitador del acuerdo y la entente desde la oficina diplomática europea. Parece que Sánchez le ofrece una jubilación dorada como premio a ser polémico.

En conclusión, el Parlamento Europeo debería vetar su nombramiento por las sospechas, por las polémicas, por su escasa capacidad para la negociación, para evitar encontrarse con un verso libre al frente del Servicio Exterior Europeo, constantemente abonado al conflicto y al mismo tiempo al servicio de las principales capitales europeas. Si finalmente accede al cargo, Josep Borrell sería la mejor muestra de la impotencia geopolítica europea en un Mundo con el eje económico, político y comercial situado en el Pacífico. Y una mala noticia para la política que debería ser, por premiar al que en galego decimos, “o metido”.