Opinion · Otras miradas

Despolitizar el Orgullo

Toño Abad

Activista por los derechos humanos y LGTBI

Que un partido político se adueñe de las reivindicaciones civiles y ciudadanas es, cuanto menos, odioso. Ellos, los liberales, quieren quitarnos el Orgullo y hacer del debate público su propio debate, eliminando la reivindicación política que, por Justicia, es nuestra. No ponemos en duda su derecho a participar, pero sí que cuestionamos cuáles son los verdaderos motivos que les hacen querer participar en una Manifestación de la que no admiten ni siquiera el texto de la convocatoria, que pasa por aceptar con luz y taquígrafos que los derechos de todas las personas LGTB no se tocan y no se han de convertir en una moneda de cambio en ningún pacto electoral, ya sea de ámbito local, regional o nacional.

El pasado 6 de junio asistimos con estupor a una de las consecuencias de aquellos que solo desean aparecer en una foto: los protagonistas del Orgullo Estatal, convocado por la FELGTB y COGAM, nuestras y nuestros mayores, no fueron quienes coparon los titulares de la prensa. Inés Arrimadas y su séquito de cargos públicos, entre gritos e insultos, pese a su poco interés por la causa LGTB -al menos tal y como se constituye ahora, fueron quienes se llevaron la visibilidad en el día en el que homenajeábamos a quienes abanderaron nuestra lucha incluso cuando en este país la democracia era solo una utopía.

Nos dicen los liberales que hay que “despolitizar el Orgullo”, como si eso fuera posible.  Nos lo reclaman desde formaciones políticas dedicadas a hacer política, paradójicamente, como si ello fuera algo malo o rechazable. Coincide con esta ofensiva que, además, quién más exige la despolitización del Orgullo es quién más interés tiene en alejarlo de la política para controlarlo. El partido de Albert Rivera, con su propuesta de regulación del alquiler de vientres, ha ejercido una verdadera acción contra el Orgullo, generando una tensión innecesaria y acusándolo de radical e ideologizado. Para la propuesta, su propuesta, sobre el alquiler de vientres, necesitan un colectivo LGTB desmovilizado, desmemoriado y dividido.
En todo este jaleo, algo ha pasado desapercibido. Ciudadanos registró el pasado día 3 de julio, en plena semana de celebración de la diversidad sexual, familiar y de género, la “Propuesta de Ley reguladora del derecho a la gestación por subrogación”. La fecha no era casual, aprovecharon nuestra semana para reivindicarse como partido que trabaja y lucha por los derechos LGTB.

Pero legalizar el alquiler de vientres no es una cuestión ni una reivindicación sociopolítica del movimiento LGTB. No tiene interés transversal, es decir, no afecta a todas las personas LGTB, ni se trata de un derecho. Es, en definitiva, el deseo de unos pocos quieren hacer pasar por reivindicación política lo que es interés particular. Y a pesar de que saben que no cuentan con el respaldo ni social ni parlamentario para aprobar esta propuesta, han colocado en la agenda el debate sobre el alquiler de vientres. Y si para visibilizar esta opción política hay que insultar a los activistas que se manifestaron llamándoles fascistas y demandándoles por un supuesto delito de odio, adelante. La propuesta de ciudadanos privatiza la maternidad, la desnaturaliza y la externaliza, convirtiendo los úteros de las mujeres en un mercado. Para ello hay que acabar con la fuerza transformadora y revolucionaria del Orgullo, y sus reivindicaciones históricas por la igualdad. Esas ya no importan. Ahora se trata de nuevas propuestas, liberales y modernas, porque lo moderno es ser familia heteronormativa. Hay que despojar de su sentido político a las manifestaciones y, sobre todo, a las entidades. Para limitar y controlar el poder reivindicativo del Orgullo, como herramienta de visibilidad y, ante todo, como celebración de nuestra historia de conquistas sociales es necesario despolitizarlo. Solo así conseguirán que triunfen sus propuestas.

Ciudadanos insulta nuestra causa con su instrumentalización partidista. El Orgullo es resistencia. Es la reivindicación y la protesta contra un sistema que nos oprime y que no deja que nos desarrollemos en libertad, en igualdad de condiciones que el resto de la sociedad. Es vivir sin miedo y sin temor por ser quienes somos. Es lo opuesto a la vergüenza con la que deberíamos existir, según nos dicen los que nos odian. Es una lucha colectiva, constituida en base a una coalición de identidades y orientaciones cuya propia existencia es reivindicación en sí misma y que nos aleja de la norma impuesta por el patriarcado. El Orgullo busca derrocar la estructura machista que basa la construcción de nuestras sociedades en la injusticia y que nos califica de ciudadanía de segunda. Olvidar esto es traicionar la lucha.

Todo activismo social es político. Hacemos política porque queremos transformar la sociedad. Construir un mundo mejor donde se nos respete. Y la causa LGTB ha hecho historia conquistando derechos que son políticos en sí mismos: la igualdad, la libertad y la dignidad. Paso a paso “hemos vencido a la Historia” como decía José Luis Rodríguez Zapatero convirtiendo la causa LGTBI no solo en nuestra causa si no de toda la sociedad que nos acompaña en las manifestaciones del Orgullo. Pero acompañarnos no significa utilizarnos.

Para el partido de Albert Rivera tenemos que ser un mercado. Solo así entienden la política, y los mercados carecen de causas sociales reconocidas. Para convertirnos en un mercado hay que dejar de ser una causa principalmente social, vaciar de contenido sociopolítico nuestras reivindicaciones y así poder dar rienda suelta a sus propuestas. No es la instrumentalización partidista del colectivo LGTB para sus intereses, es desactivar la causa para hacer de ella no política si no comercio. Nos queremos libres e iguales. Iguales y libres. Porque solo la libertad y la igualdad nos dotarán de las herramientas necesarias para constituir una sociedad que avance en el progreso de ser día a día mejores.

Libertad no significa la explotación de las mujeres abanderando una presunta reivindicación construida en una ficción. La agenda LGTB es, y será, nuestra. Como nuestra es la lucha.