Opinion · Otras miradas

Elogio de la centralidad

Andrés Villena

Periodista y doctor en Sociología

Este miércoles, los expresidentes Felipe González y José María Aznar debatieron amigable y casi eróticamente en un encuentro organizado por la patronal tecnológica DigitalES, presidida por Eduardo Serra, también CEO de Everis, que además moderó dicho debate con no poca habilidad.

Aparte de hablar superficialmente sobre la mal definida ‘revolución tecnológica’, los dos exmandatarios recordaron el clima de acuerdos patrióticos que a ambos les guiaron cuando ocupaban la primera fila gubernamental. Ahora, en cambio, nuestros dirigentes no eran ni siquiera capaces de hacer política «desde la centralidad».

Y tenían razón en eso de la centralidad.

La centralidad, precisamente, recaía en el moderador, en el que pocos se fijaron y del que casi nadie dijo nada.

La centralidad del debate y de aquella política mejor que la actual era Eduardo Serra.

Serra, abogado del Estado y alto cargo de Defensa de gobiernos de UCD, pasó a ser secretario de Estado con los del PSOE y ministro del ramo defensivo con Aznar.

Cuando Aznar quiso publicar todo lo relativo a la denominada ‘guerra sucia’ socialista contra el terrorismo, Eduardo Serra fue impuesto como ministro suyo con el objeto de evitarlo. La centralidad.

Cuando el gobierno de Felipe González, en 1986, convocó el referéndum para permanecer o no en la OTAN, Serra terminaba de gestionar la compra de unos aviones a Estados Unidos, los F-18, que podían haber sido adquiridos también a empresas francesas o alemanas. Poco después, creó una asociación de defensa de los valores atlánticos y se pasó al sector privado, donde no le fue nada mal. Más centralidad.

Cuando en 2011, el gobierno Zapatero se encontraba en sus últimos estertores por el acoso de la Troika y por el paro, el mismo Serra, a la cabeza de una fundación llamada ‘Transforma España’, se entrevistó con el Rey Juan Carlos, puenteando al presidente, para impulsar una reforma profunda de la economía española. Por supuesto, para ser infinitamente más competitivos. Y centrales.

Cuando, en 2015 y 2016, la emergencia de Podemos amenazaba los acuerdos bipartidistas tradicionales, el señor centralidad apareció en todos los manifiestos posibles apelando a la responsabilidad constitucional y a la estabilidad de las inversiones. El poco centrado Pedro Sánchez acabó poco después expulsado de la secretaría general de su propio partido.

En este contexto actual, tan falto de centralidad, los dos expresidentes que lideraron la conversión de nuestro país en un Estado limitado al sector servicios y a la precaridad laboral, se bailan un bonito Vals con el ‘señor centralidad’, un Estado con piernas y zapatos tocando el violín ante este delicioso espectáculo público privado.

Para unas lentes adecuadas, nunca se actuó con tanta transparencia. Ni se dijo tanta verdad concentrada. Gracias al reparto.