Opinion · Otras miradas

El corazón rojo ‘partío’

El pasado viernes Ángeles Caso acompañó mi café de buena mañana vacacionista desde la Ser deslizándome en el oído que el PSOE no se da cuenta de que “nos está partiendo el corazón” al no intentar un Gobierno de izquierdas, como nos prometió. Y desde entonces, esta idea del corazón rojo partío no para de hacer carambolas en mi cabeza.

Esta semana se nos ha roto un poco más por las pantomimas del presidente del Gobierno en funciones, de quien depende la iniciativa para llegar a acuerdos que permitan un Gobierno estable, que se está retrasando con agostidad inexplicable. ¿Cómo llamar a reunirse ahora con agentes sociales, con paseíllos y primeros planos sonrientes, cuando no se han reunido tanto con ellos en toda la democracia? Es un insulto para la inteligencia de cualquiera y, sobretodo, para la de los reunidos, que repiten y repiten la jugada con todo el arco izquierdo requetedividido. IU, Unidas Podemos y, a ratos también los socialistas, ya se juntaron con ellos antes de acordar los presupuestos, de subir el salario mínimo, de hacer sus programas electorales nacionales y autonómicos, para saber qué pensar y qué decir y hasta para escucharles a ratitos. Más de uno de los reunidos está a punto de envenenarse de tanto morderse la lengua por si, al final, hay suerte y con estas fotos bobas nos acercamos un poco más a lo que nos habían prometido.

Y este insulto a la inteligencia progresista nacional, llueve sobre mojadísimo. Todavía está fresca en nuestra cabeza la pelea –eso sí, con luz y taquígrafos– por el tarro de las esencias progresistas. Fue muy triste ver a los dos líderes que nos han tocado en suerte peleándose por quién iba a ponerse las medallas de soy el más rojo de este presunto equipo. Que si quiero Trabajo para apuntarme la derogación de la reforma laboral –la quieras o no la quieras–; que si dame Igualdad, que si no te la doy a ver si vas a parecer tú más feminista; que si quiero Vivienda para de verdad tener sus competencias y apuntarme el control de los alquileres… Tironearon tanto del frasco de las medallas rojas que en la pelea se les cayó y ahora sigue ahí entre ellos roto, como nuestro corazón pensando en que todas esas victorias quizá nunca sean ganadas por esta pelea absurda.

Se habla mucho del Gobierno dentro del Gobierno que quiso imponer Pablo Iglesias y se olvida mucho también que fue Sánchez quien puso la primera condición: no habrá equipos mixtos, “eso es imposible”. Si el PSOE y Unidas Podemos no se mezclan en el nuevo Gobierno solo puede haber parcelas de poder, para que siempre quede claro de quién es cada medalla. Fue Pedro Sánchez el que propuso un minigobierno –lo más mínimo posible– dentro del suyo y lo hizo a tres días de la investidura, después de haberlo intentado absolutamente todo, incluido que les diera el Gobierno la derecha.

¿Se podrá recomponer el frasco, aunque sea como hacen los japoneses, con las cicatrices a la vista? ¿Serán capaces de estar a la altura de las circunstancias? ¿Cúando aceptará Pedro Sánchez que solo puede gobernar con la izquierda y con apoyo de los nacionalistas, como en Valencia, en Aragón y –aunque le pese– en Navarra y, con un poco de suerte, en La Rioja? ¿Cúando dejará de jugar con todas las barajas y admitirá que, siendo una baza dificilísima, también es el mandato de las urnas y de sus circunstancias y que si lo hace bien podría ser incluso bueno para la España plural? Como dice el dicho popular: si Ciudadanos se abstuviera o llegara a un acuerdo con ellos, no sería Ciudadanos, sería un carromato. Los naranjas ya han dejado suficientemente claro que su baza por la izquierda terminó cuando se dieron cuenta de que el otro lado puede llevarles a Moncloa en unos años. Y si el PP se abstuviera no sería un carromato, sería un tonto; las encuestas y la lógica dicen que si se repiten las elecciones serán los que más saldrán ganando.

Los que no ganarían, por más que lo diga Tezanos, son los socialistas, ni la mitad progresista de este país. En sus encuestas ni salen ni saldrán los que votaron PSOE en abril, porque pensaron que era el voto más útil para la izquierda, ante la amenaza del Gobierno más facha de la democracia. En sus sondeos tampoco sale ni saldrá el descontento entre su militancia –la que le tendría que hacer otra campaña electoral–, a la que con una cartita de explicaciones no se les va a pasar el dolor de ver a su presunto líder izquierdoso haciéndose fotos mientras seguimos con los raquíticos presupuestos de Rajoy que, por ejemplo, mantienen a 256.000 dependientes esperando la ayuda que les toca y a 139.000 a que alguien les diga si alguna vez les va a tocar.

Sí, en la izquierda de este país tenemos el corazón roto y la situación empieza a darnos arcadas.