Otras miradas

El Gobierno derrotado y los retos de la izquierda

Enrique del Olmo

Sociólogo y militante socialista

Enrique del Olmo
Sociólogo y militante socialista

Un fracaso más de las previsiones y van …? Un desconocimiento interesado de lo que sucede en la sociedad española y un blindaje inmovilista ante las demandas de cambio,  es la respuesta que se están dando desde el entramado político, económico y mediático dominante a lo sucedido en las elecciones del 25 de mayo. Bien que son una europeas, bien que hay una importante abstención (aunque muchísimo menor de la vaticinada), bien que han jugado muchos factores, pero hay algunos elementos de fondo, de trazo grueso que obliga a replantearse la nueva situación:

1. El gobierno del PP ha sufrido una rotunda derrota, por mucho que se enmascare detrás de ser el  primer partido en votación. Ha perdido 2 millones y medio de votos y ese resultado es general en todas las Comunidades Autónomas. Y no es sólo el volumen de votos es también que políticamente ha quedado aislado. Todos los resultados de otros son de formaciones que por una u otra razón son oposición al Gobierno. Este Gobierno está ya en minoría social y política.

2. Al PP le acompaña en su caída el PSOE como almas gemelas. La pérdida de 30 puntos en la suma de los dos respecto al 2009, nos habla de la crisis importante del bipartidismo aunque no total (siguen sumando mayorías y de ahí la intensidad de los cantos de sirena hacia la gran coalición, o algo parecido que tapone la crisis del régimen). El PSOE pierde 16 puntos y dos millones y medio de votos, consecuencia de, entre otras cosas, el inmovilismo de la dirección de Rubalcaba empeñados en realizar maquillajes sin cambios de fondo y que le hacen ser hoy un componente, importante pero ya no hegemónico, de una izquierda plural pero situado al margen de la corriente de rechazo social y político a la situación actual. Sólo Andalucía y Asturias se salvan de alguna forma de la debacle. Enorme es el rechazo al PSOE no sólo ya por su políticas equivocadas anteriores y por su incapacidad de romper con el establishment del cual para mucha gente forma parte, sino sobre todo por su falta de respuesta a la demanda de cambio que tanta gente le hace.

3. El extraordinario avance de Podemos tiene que ver con que la indignación social y política ha encontrado un primer cauce de expresión política, que de alguna forma también se ha manifestado en el crecimiento de IU, de Equo, y de otras candidaturas que no han alcanzado representación como Partido X y Recortes 0. Podemos ha arrastrado a muchos votantes socialistas y ha sacado de la abstención a otros que no veían la eficacia de la participación política. Una de las grandes dudas es si podía tener un impacto estatal mas allá de Madrid, pero sus resultados en Asturias han despejado la incógnita. Entre sus claves destaca un mensaje profundamente democrático (primarias abiertas, reforma constitucional), de ataque a las castas rechazadas por la sociedad (privilegios, puertas giratorias, revocabilidad) y a la preponderancia de los poderes financieros no democráticos (Troika/Bundesbank)

4. Izquierda Unida ha sido capaz de reforzar extraordinariamente su respaldo con el 10% del electorado y millón y medio de votantes. Aunque ha sido incapaz por el inmovilismo de la dirección de ser el referente dominante de la contestación social y política y no haberse abierto a procesos democráticos de participación (negativa a las primarias abiertas propuestas por Podemos), Izquierda Unida y sobre todo ICV se configuran como un componente especialmente importante del cambio político.

¿Y ahora?

Pues se abre un periodo de especial intensidad política donde la clave está en la capacidad de ofrecer una alternativa de cambio profundo, alternativa que sólo es posible gestarla desde la unidad, la pluralidad y del rechazo radical a cualquier forma de sectarismo, capillismo o prepotencia.

Políticamente asistiremos a dos procesos en paralelo pero obligados a confluir de alguna manera ante los próximos test electorales de autonómicas y municipales.

En primer lugar el PSOE. La respuesta a la debacle dada por Rubalcaba incide aun mas en los mismos errores de todo este periodo: respuesta en clave interna y no apelar a la ciudadanía, un Congreso Extraordinario pilotado por la dirección que ha conducido a la derrota, negativa al adelantamiento de las primarias ciudadanas, endogamización del debate… Justo lo que ha sido rechazado por la gente. Como si el rotundo fracaso de la Conferencia Política, reconocido ayer mismo por Rubalcaba, no fuese suficiente se incide en la obsesión por el control del proceso en lugar de dar la voz a los ciudadanos y los militantes. La negativa a abrir puertas y ventanas es enfermiza y así cada vez la caída es mas letal, sin embargo el camino que le permitiría seguir siendo una fuerza fundamental en la izquierda sería el contrario: nueva política que enfrente decididamente la austeridad, la desigualdad, el peso de los poderes no democráticos, su colocación inequívoca al lado de los que están sufriendo las actuales políticas de la derecha, y junto a ello renovación y apertura a todos los niveles del partido: fin de los privilegios, puertas giratorias, primarias abiertas a la ciudadanía, limitaciones de mandatos…Y ese camino debe andarlo el PSOE en solitario para poderse encontrar con una alternativa global de la izquierda y la ciudadanía frente a la derecha española y europea.

En segundo lugar, Podemos, IU, Equo y otros pueden avanzar hacia una importante convergencia sin que nadie pierda sus características y movilizando aún mas las fuerzas sociales que vienen luchando y resistiendo a las políticas de austeridad y recortes de derechos. Vivimos un momento en que las pugnas internas por los matices o las diferencias por aspectos secundarios pueden llevar al traste la ilusión generada y para ello hay sólo un camino: la democracia;  el apostar por sistemas y mecanismos que ya se han mostrado muy eficientes en estas elecciones europeas y que generen confianza en propuestas alternativas, plurales y democráticas. Importante reto rompiendo inercias, culturas excluyentes y fervor de siglas.

Las elecciones del día 25 han abierto un nuevo escenario.

Es la hora de la política.