Opinion · Otras miradas

Sueño de una noche de verano progresista

Si hay una estación del año propicia para los sueños es el verano; Shakespeare ya lo observó hace más de 400 años. El calor, el dar gusto a los sentidos, el dolce far niente y la falta de noticias debe ser el combustible que alimenta la máquina de soñar de hoy, poniéndonos contemporáneos.

Y así, ya que estamos –dejando de lado las listerias y otras varias intoxicaciones– soñemos que la izquierda es capaz de hacer eso que la derecha hace sin despeinarse ni un poco. Imaginemos, por un momento, que el  PSOE y Unidas Podemos fueran capaces de acercar posiciones, como ya hicieron el año pasado, cuando acordaron los presupuestos más sociales de la historia de nuestra democracia, sin desconfianzas ni filtraciones ni nada de nada, demostrando que sí se puede cuando al PSOE le da la gana. ¿Sería viable que Unidas Podemos transaccionara por cuatro años con lo posible y el PSOE con la O de sus siglas? ¿El resultado de esas negociaciones podría ser un gobierno más a la izquierda que el socialista sin dejar de ser socialdemócrata? ¿Tanto soñar es este sueño? Entiendo que sea más difícil llegar a acuerdos cuando los partidos tienen principios que cuando solo los tienen al más puro estilo Groucho Marx  (“estos son mis principios pero, si no le gustan, tengo otros”).

Lo entiendo menos cuando sus principios comunes han sido ondeados a los cuatro vientos en las últimas campañas electorales. ¡Cuidado que viene la peor derecha!, pusieron en sus dos banderas y los votantes progresistas les escuchamos y corrimos a las urnas. Después, con la victoria en la mano, sin saber cuanto de ese triunfo se debe al voto útil, el más ganador dijo: o gobierno yo solo o no gobierna nadie. Después cedió un poco, en los últimos seis días, y dijo: te voy a dejar gobernar conmigo solo con la puntita. Te doy una vicepresidencia social simbólica sin competencias, un ministerio (Sanidad, con las competencias cedidas) y dos secretarías convertidas en ministerios (Vivienda e Igualdad), y lo hago solo porque Iglesias, quitándose de en medio, me ha hecho la zancadilla. Y eso sí, digo y diré que me has impuesto un gobierno dentro del Gobierno aunque lo primero que te dije fue que me niego a que haya equipos mixtos.

¿Acaso PP, Ciudadanos y VOX  desconfían menos entre ellos? ¿No es verdad que en campaña electoral se hicieron más sangre –toda la que pudieron, mientras la izquierda no se hizo ni un rasguño– y ahora gobiernan juntitos?

Dice la casuística que el votante de derechas es más fiel;  que no deja de votar como sí hace el progresista. Claro, que también dice que los líderes de derechas no pierden ninguna oportunidad de gobernar, como hacen los progresistas. Quizás ambas realidades están íntimamente ligadas. Si sois capaces de entregarle el gobierno a los otros (como ya hizo Pablo Iglesias en 2015 y parece que puede llegar a hacer Pedro Sánchez en noviembre próximo), los votantes podemos hacer el avestruz cuando nos llamáis a las urnas porque, haciendo lo que hacéis, ni sois tan de los nuestros ni os ponéis de nuestro lado.