Otras miradas

La inmersión lingüística en Catalunya y los ataques de Vox, el PP y Ciudadanos

Miguel Guillén

Politólogo

La web de la Junta de Andalucía recoge, textualmente en una noticia publicada el pasado 3 de septiembre, que "la Consejería de la Presidencia, Administración Pública e Interior va a incluir una línea de subvenciones para actividades y programas destinados a evitar un abandono paulatino de las raíces culturales entre los descendientes de andaluces en el exterior afectados por procesos de inmersión lingüística". La noticia, como era de esperar, ha tenido impacto mediático en Cataluña y también en el resto de España, y la mayoría de medios de comunicación se ha hecho eco. Se trata de una medida fundamentalmente propagandística que llega porque Vox ha insistido, pero a nadie se le escapa que tanto el PP como Ciudadanos se sienten cómodos con ella, porque depositan gran parte de sus esperanzas electorales en el ataque interesado y demagógico a temas como el sistema de inmersión lingüística catalán. No olvidemos tampoco que la génesis del partido liderado por Albert Rivera está relacionada precisamente con esta cuestión. Pues bien, empezaré este artículo confesándome: soy uno de los cientos de miles de catalanes de origen andaluz "víctimas" del sistema de inmersión lingüística. Y aviso: estoy orgullosísimo de mis raíces y amo con pasión la cultura andaluza y Andalucía, tierra donde nacieron mis padres, abuelos y bisabuelos hasta donde yo sé. Ah, advierto también: no soy independentista y parece que el supuesto adoctrinamiento que se practica en las escuelas catalanas no ha tenido mucho éxito en mi caso. Quiero explicar algunas cosas de primera mano, porque a menudo tengo la sensación de que existe un profundo desconocimiento de la cuestión y la realidad y existe el peligro de que gentes de buena fe se acaben tragando la propaganda y las mentiras. Por parte de los dirigentes de Vox, el PP y Ciudadanos, sin embargo, este desconocimiento no es tal, sino que el discurso anti inmersión obedece simplemente a instintos mucho más primitivos con un interés electoralista detrás. Un interés malvado, porque crea un problema donde no lo hay simplemente para obtener réditos de forma absolutamente imprudente e irresponsable.

Hace años que determinados grupos políticos y mediáticos cuestionan algunos aspectos del sistema educativo catalán, una situación que se ha reavivado en los últimos años, coincidiendo con el llamado "procés" independentista. Se incide principalmente en la imposibilidad de elegir la lengua en que se imparte la enseñanza de los niños y niñas, y se mantiene que sus progenitores deberían tener la oportunidad de poder elegir el castellano como lengua vehicular en la educación de sus hijos e hijas, quejándose de que se les obliga a estudiar en catalán. Estos grupos, interesados ​​en hacer ver problemas donde no los hay, dicen que se está marginando a los castellanohablantes, que no se les da la oportunidad de estudiar en su lengua materna, que se está arrinconando la lengua castellana en Cataluña, etc. La gran mayoría de familias, sin embargo, no ve ningún tipo de problema a la hora de inscribir a sus hijos e hijas en las escuelas catalanas. Y los resultados académicos son claros: el alumnado de Cataluña, al acabar la enseñanza secundaria, tiene un conocimiento del castellano similar al que hay en otras comunidades autónomas.

En mi caso particular, y creo que no es ningún caso excepcional sino uno entre muchos miles, tengo la suerte de dominar a la perfección dos lenguas (ni mejores ni peores que otras, simplemente dos lenguas), las dos lenguas de mi país, me expreso indistintamente en castellano o en catalán (en casa, en el trabajo, en la calle...), y no hay ningún tipo de problema. Como la mayoría de catalanes y catalanas. Nunca me he sentido marginado por ser castellanohablante, ni por hablar castellano en cualquier situación. Si en Cataluña, en vez de optar por la inmersión lingüística en catalán, se hubiera optado por cualquier otra opción, yo seguramente hoy no dominaría el catalán, y eso sí sería un problema. Esto es así, y quien diga lo contrario miente. En casa siempre hemos hablado castellano, y con los amigos del barrio también utilizamos normalmente esta lengua, como hijos de la inmigración que somos todos. Si en la escuela no hubiéramos tenido la oportunidad de estudiar con la aplicación de la inmersión lingüística, hoy ninguno de nosotros dominaría el catalán. Mientras tanto, los catalanohablantes de mi edad dominarían ambas lenguas, y no hace falta explicar que tendrían unas oportunidades sociales y particularmente laborales diferentes a las nuestras. Quien diga que esto es mentira desconoce por completo la realidad de Cataluña.

En los años ochenta y noventa, años en los que me escolaricé en una escuela y un instituto públicos, el sistema de inmersión lingüística aún se estaba desarrollando. Durante la EGB aún no estaba establecido del todo, al menos en mi escuela, y prácticamente toda la enseñanza básica la hicimos en castellano, en un entorno absolutamente castellanohablante. No fue hasta los catorce años, al iniciar la educación secundaria en otro centro, cuando muchos compañeros del barrio descubrimos que teníamos compañeros que se comunicaban normalmente en catalán y, ahora sí, la mayoría de clases se hacían en catalán. Fue entonces cuando, al menos en mi caso, empecé a escuchar el catalán diariamente, aprendí a amar la lengua, a emplearla y hacerla mía. Reconozco que tuve la suerte de que las profesoras de lengua catalana que tuve eran excepcionales, y gran parte del éxito de que aprendiera perfectamente el catalán se lo debo a ellas. Nunca estaré lo suficientemente agradecido a personas como Àngels Jubany o Roser Trilla. Hasta aquí, mi experiencia personal, que no es más que la de un chico de clase trabajadora que siempre ha vivido en un barrio obrero de aquellos que se construyeron de la nada gracias al trabajo y al esfuerzo de aquellas gentes que, como mis padres y mis abuelos, llegaron de otras zonas de las Españas con tan sólo una maleta de cartón, en mi caso desde Andalucía, de donde llegó prácticamente un millón de personas a Cataluña entre los años 50 y 70 del siglo pasado.

¿El sistema de inmersión lingüística es mejorable? Sin duda, como todo en la vida, y no nos debería dar miedo revisarlo si es necesario, pero siempre con unas líneas rojas claras: hay que defender y promover el uso de la lengua catalana, y no podemos separar nuestros niños para razón de lengua. Queda claro que seguramente en zonas del país donde no se utiliza prácticamente el castellano en casa y en la calle habría que reforzar la enseñanza de esta lengua, mientras que en zonas donde ocurre lo contrario se debería actuar reforzando la enseñanza del catalán. Esta es mi opinión. En esta cuestión, sin embargo, serían necesarios amplios consensos, mirada larga y huir de electoralismos y partidismos, retornando a los grandes consensos del catalanismo ("Catalunya, un sol poble", ¿recuerdan?). Que ahora están deteriorados, hay que reconocerlo. Y existe un riesgo, no hay que taparse los ojos para no verlo: que personas con sus orígenes en otras zonas de las Españas, mayoritariamente nada partidarias del proceso independentista, establezcan erróneamente el paralelismo "catalán-independentismo" y renuncien a la riqueza que representa sentir la lengua catalana como propia, y no sólo circunscrita a una comunidad lingüística o incluso ideológica determinada. "El català, cosa de tots", que decía un afortunado lema hace ya muchos años. Es esto.

A finales de los setenta y principios de los ochenta, muchos castellanohablantes (padres y madres de alumnos, activistas sociales, pedagogos, maestros, políticos, etc.), lo vieron claro: se tenía que apostar por la inmersión en catalán si querían que sus hijos e hijas aprendieran esta lengua, pues el castellano estaba claro que lo aprenderían (en casa, en la calle, viendo la tele, escuchando la radio, etc.). Que hoy en Cataluña todos los niños y niñas (y ya no tan niños ni tan niñas) hayan tenido la oportunidad de aprender el catalán es gracias, principalmente, a aquellos padres y madres castellanohablantes de clase trabajadora que vieron en la inmersión lingüística una oportunidad, gente anónima que luchó desde diferentes frentes para que sus hijos e hijas tuvieran la oportunidad de disfrutar de un futuro mejor, un futuro donde, estaba claro, había que hablar, además del castellano, el catalán, y hacerlo suyo.

La medida anunciada por esta Junta de Andalucía dirigida por Vox, el PP y Ciudadanos es nefasta porque no hace más que echar más leña al fuego, con un único objetivo propagandístico, porque todo el mundo sabe que no persigue ayudar a ninguna comunidad concreta (en este caso a los descendientes de andaluces en Cataluña) ni efectuar ninguna actuación política con resultados determinados. En tiempos de propaganda y noticias falsas parece que todo vale, pero con este tema no se debe jugar. Precisamente porque nos jugamos mucho en Cataluña y en toda España.