Opinion · Otras miradas

Auzolana con la ocupación israelí

Iñigo Martínez

Parlamentario de Elkarrekin Podemos

“La ocupación de territorio palestino, los asesinatos, bombardeos, detención de menores, y un largo etcétera conforman la lista de atrocidades cometidas por el Estado de Israel contra el pueblo palestino”. Eso decía la Declaración Institucional que aprobó el Parlamento Vasco, por unanimidad, condenando las agresiones que el Estado de Israel cometió contra el pueblo palestino que conmemoraba el 70 aniversario de la Nakba.

Un año y cuatro meses han pasado de aquella declaración, en la que PNV, EH Bildu, PSE-EE, PP y Elkarrekin Podemos denunciábamos las actuaciones del ejército israelí contra las manifestantes palestinas, la violencia continua en la frontera de Gaza y la ocupación de los territorios palestinos. Un año y cuatro meses después, parlamentarios vascos del PNV, PSE-EE y PP (el Grupo Parlamentario de Elkarrekin Podemos votó en contra de este viaje en la Mesa del Parlamento Vasco) y el Viceconsejero de Trabajo del Gobierno Vasco, Jon Azkue, han realizado una visita a estos territorios palestinos ocupados ilegalmente por el Estado de Israel.

La visita ha sido organizada por la Federación de Cooperativas Agro-alimentarias de Euskadi, con motivo del 30 aniversario de la misma. Cabe señalar que hace 5 años, en el 2014, dado el 25 aniversario de dicha federación, ya hubo un intento de realizar este mismo viaje. El rechazo por parte de la sociedad civil, de ONGD, de colectivos en defensa de los Derechos Humanos del pueblo palestino y del BDS supuso que la Federación cancelara este viaje. Un retroceso como pueblo el que no hayamos sido capaces de detenerlo.

Según los organizadores, “el motivo del viaje ha sido conocer experiencias y casos de éxito en cooperativas de Israel” y “las visitas han servido para mostrar a los asistentes la realidad de este modelo societario, que contiene una fuerte carga ideológica socialista y sionista”. Además de otras perlas para motivar el viaje como que Israel “destaca por ser la única democracia de su entorno” y por “la convicencia de culturas y religiones”.

No vamos a realizar un repaso histórico en este artículo pero utilizar en 2019 las justificaciones que los primeros colonos sionistas utilizaron para ocupar los  territorios palestinos es ser cómplice de las atrocidades realizadas en nombre de la construcción del llamado Estado Judío. Y ese es el problema de viajes como este o de cualquier colaboración con la entidad sionista.

Los Kibutz no son experiencias aisladas de la construcción del Estado Sionista de Israel y son parte fundamental de la política de ocupación de tierras palestinas que expulsa a la población local y deja sin tierra, agua y recursos para el desarrollo de Palestina. El historiador israelí Ilan Pappe considera que “los colonos y los asentamientos judíos se consideran aquí un medio para limitar el espacio de la vida de los palestinos y para reducir su número».

El Estado de Israel ha expulsado a más de 5.000.000 de palestinas de su territorio, ha asesinado, solo desde 2010, a más de 10.000 palestinas, mantiene en sus cárceles a más de 6.000 palestinas (entre ellos a más de 330 menores), detiene cada año a cerca de 700 niños, ha bombardeado con fósforo blanco zonas de Gaza, ha construido un muro de apartheid de 700 km entre el Estado de Israel y la escasa tierra que queda en manos de Palestina, ocasiona anualmente pérdidas por valor de 5.000 millones de € a la economía palestina que equivale al 85% de su PIB anual entre otras muchas atrocidades.

No he visto ninguna atención especial por parte de ningún participante en el viaje por la ocupación de tierras agrícolas palestinas por parte del Estado de Israel, por el Muro que que curiosamente deja las tierras fértiles y el agua en el lado israelí, por el robo por millones de los árboles frutícolas y de la producción de dátiles – una de las bases de la economía palestina-. Nada.

Ante esta situación, caben dos reflexiones. La primera, si un modelo “cooperativista” construído sobre el dolor del pueblo palestino, en un territorio ocupado, puede ser ejemplo de nada para el cooperativismo vasco. ¿Estos son los ejemplos en los que queremos que nuestras cooperativas tomen como ejemplo? La segunda reflexión debe ser si es compatible denunciar desde las instituciones los continuos ataques del Estado de Israel, si es compatible apostar por la cooperación y el desarrollo de forma coherente, mientras que se realizan viajes de este calado blanqueando al Estado de Israel. ¿Dónde queda la coherencia?

La defensa de un nuevo modelo de producción y de la autoorganización de las trabajadoras es totalmente incompatible con que ese modelo se construya bajo la ocupación ilegal de un territorio. La defensa del Auzolana, del Bien Común, de los  Derechos Humanos y de una política de cooperación coherente es incompatible con el sufrimiento de otros y lo es con blanquear a aquellos estados que vulneran Derechos Humanos sistemáticamente.