Otras miradas

¿Informar sobre Vox?

ANA BERNAL-TRIVIÑO

El alcalde del Ayuntamiento de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, en plena discusión con el portavoz de Vox, Javier Ortega Smith, este jueves, durante el minuto de silencio convocado por el último asesinato machista. EFE/EFE TV
El alcalde del Ayuntamiento de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, en plena discusión con el portavoz de Vox, Javier Ortega Smith, este jueves, durante el minuto de silencio convocado por el último asesinato machista. EFE/EFE TV

Hace unos días, en un acto de repulsa por un asesinato machista, presenciamos una conversación entre Almeida, alcalde de Madrid y Ortega Smith, portavoz municipal de Vox. Esta formación sostenía, a diferencia de la pancarta que preparó el ayuntamiento, otra diferente donde no condenaban la violencia de género sino la "violencia intrafamiliar".

Según Vox, aquel minuto de silencio era un acto de "propaganda" de la izquierda (su eterna obsesión) así que lo boicotearon para desviar la importancia del tema, ser ellos el centro de atención y organizar un acto de campaña sin escrúpulos a costa de un asesinato machista. Lo que debía haberse respetado por educación, por mínima empatía y humanidad, acabó por ser (en su caso sí) un acto de propaganda de la ultraderecha. Aprovecharon ese minuto de silencio para hacer ruido y lanzar sus bulos machistas otra vez. El alcalde de Madrid quiso frenarlo pero terminó diciendo que él también estaba en contra de la "ideología de género" y del "feminismo del 8M", en un intento de calmar a su apoyo de Vox, no fuese a correr algún riesgo.

Algunos medios, con premura, pusieron sobre la mesa las mentiras que Ortega Smith y Almeida manifestaron y se aclaró que la violencia sí tiene género, que la ideología de género es un invento, que feminismo solo hay uno y no existe eso del "feminismo del 8M", que tampoco hay chiringuitos feministas y que un acto en recuerdo a una víctima nunca es un acto de propaganda. Ahora la pregunta es… ¿cuántos habrán aceptado o habrán reflexionado a favor de lo que ha dicho Ortega Smith?

Hay un consenso de que no se puede ignorar a Vox en las noticias porque ya tienen representación parlamentaria, aunque también es cierto que durante años varios medios han minimizado o ignorado propuestas de los grupos más minoritarios del Congreso. Pero la verdad es que una parte de la ciudadanía vota a Vox, a pesar de que parte de la prensa trabaje en negar y señalar sus errores.

Informar o no informar sobre Vox ha sido el debate eterno en las redacciones. No informar no hará que dejen de existir. Es más, durante años hay quienes hemos advertido de cómo la ultraderecha crecía en Europa. Con seguridad, tuvimos que hablar más, a pesar de que una parte de los medios de este país decidieron mostrarla como una opción normal.

Por eso, el problema no está en informar sobre Vox sino en cómo informar sobre Vox. Siempre he dicho que no tolero cuando la prensa se limita a poner entre comillas sus declaraciones, como si fueran asépticas y objetivas, sin más interpretación. Nos supera esa equidistancia y mal uso de la objetividad, que no es contar lo que diga una y otra parte. La periodista Olga Rodríguez ejemplifica a la perfección este hecho, cuando nos traslada a la II Guerra Mundial y explica que un periodista podría escribir de aquello: "El rabino del gueto de Varsovia dice que los nazis les están masacrando y que se está produciendo un genocidio contra los judíos. Goebbels lo niega". Y nada más. Ese es el error, sin interpretación, sin contexto ni derecho. Eso no es hacer periodismo, es transcribir, es blanquear.

Eso ocurre con Vox. Tenemos medios o periodistas que escuchan sus proclamas y las muestran sin más, para luego lavarse las manos como Poncio Pilato. Autores como George Lakoff sostienen que debemos empezar a titular por la verdad, para después explicar su mentira y el porqué. Frente a eso está el desafío de la desinformación, los virales por Whatsapp que nos pasan nuestros conocidos y la tendencia a solo leer titulares. Las víctimas de violencia de género siempre han sido las menos respetadas. Nadie ha interrumpido para recordar otras violencias ante las víctimas de ETA o del Daesh. Ortega Smith no se hubiese atrevido jamás a eso, pero sí lo ha hecho con la memoria de una mujer asesinada porque no le importa.

Adalid Villagra se llamaba la víctima de violencia de género por la que había que guardar un minuto de silencio en Madrid. Se merecía ese respeto ella y sus hijas, de 8 y 10 años. Pero no fue así porque Vox quiso ser protagonista. Y sí, tenemos que señalarlos y hablar no tanto de lo que Vox quiere, sino de los actos miserables que son capaces de hacer ante el dolor. Tenemos que señalar que fueron protagonistas crueles, provocadores e inhumanos que no fueron capaces de respetar ni un minuto de silencio por una víctima. Ojalá ese acto de boicot, si tenemos conciencia de quiénes son y buscan, se volviese en su contra. Ojalá si ellos no están a la altura, lo esté toda la sociedad.